La posibilidad de un universo inteligente

Si la evolución planetaria de la que somos parte dio lugar a la razón y la inteligencia humana, es porque la “inteligencia” de algún modo está dentro de los componentes del cosmos.

1 de julio, 2022 La posibilidad de un universo inteligente

El sentido de la existencia humana está limitado al tiempo de nuestra vida y al impacto que podemos ejercer en el entorno que habitamos. 

Esa capacidad humana para construirse un sentido podría ser reflejo de una inteligencia cósmica subyacente capaz de dar dirección al Todo, aun cuando nosotros no podamos percibirlo. 

Tras los artículos de las últimas semanas no queda todavía claro hasta qué punto estamos determinados por un destino del que no podemos escapar, qué tanto estamos inmersos en el juego cósmico del azar y la contingencia o cuáles son los límites y las formas apropiadas para ejercer la libertad. Y esta imposibilidad de saberlo quizá se deba a que, en efecto, más allá de toda religión o narrativa esotérica, formemos parte de un universo inteligente, aun cuando esta “inteligencia” no se parezca a lo que nosotros consideramos como tal.

La postura destinal está sobre todo centrada en la convicción religiosa de que un Dios nos ha creado y tiene predeterminada una existencia y un final de la misma para cada uno de nosotros. Dependiendo en la tradición espiritual a la que pertenezcamos dependerá a quien se le asigne el papel de gran arquitecto o inteligencia metafísica superior que lo define y lo controla. Es decir que en prácticamente todos los casos se trata de un dios personal que, más o menos a su imagen y semejanza, nos creó para determinar, a la manera de un titiritero, el devenir de sus creaciones. En realidad, si se toma cierta distancia de la creencia propia, es tan posible que esto sea así, como que nosotros seamos quienes creamos a ese dios a nuestra imagen y semejanza y que cada divinidad conocida no sea otra cosa que la sublimación de los deseos, necesidades, miedos y anhelos humanos en distintos tiempos y circunstancias. 

El azar como motor existencial me parece la más inverosímil de las posibilidades. Suponer de verdad que la evolución de la vida hasta los niveles de sofisticación alcanzados tan solo en el planeta Tierra es productos del encadenamiento de casualidades equivale a pensar que si dejamos a un chimpancé en una habitación con una máquina de escribir y suficiente tiempo y papel, eventualmente escribirá Hamlet.  

Por otro lado, la posibilidad de ejercer nuestras voluntad de manera amplia en todas las vertientes de nuestra vida se derrumba con la experiencia cotidiana. De hecho los grandes avances de la humanidad en todos los ámbitos son producto de una lucha contra los límites. Si pudiéramos volar no habría aviones y si nuestra capacidad cerebral fuese ilimitada no habría computadoras, simplemente no harán falta. Se inventan respiradores para quienes, por una condición médica, no pueden respirar; del mismo modo que el nacimiento de la épica y la poesía tiene como motor rebelarse contra aquello que no se tiene o que se busca transformar. Nada de esto existiría si nuestra voluntad se ejerciere de forma natural, inmediata y sin obstáculos. 

Sin embargo, la mezcla de nuestra porción de libertad con la inteligencia que hemos conseguido desarrollar evolutivamente sí que nos ofrece una ventaja con relación a la postura destinal y la basada en el azar: a partir de capacidad de acceder a una consciencia de nosotros mismos cada vez más desarrollada hemos sido capaces de construirnos una existencia con sentido, con propósito, así se trate de un sentido y un propósito limitados, parciales y auto-asignados. 

Quizá el sentido de nuestra vida no sea cósmico, ni dependa de complacer a un ser infinito que nos vigila y cuida a cada momento, sino que se trate de un conjunto de propósitos existenciales, limitados al tiempo de nuestra vida, circunscritos al impacto e influencia que podemos ejercer en el entorno que habitamos. 

  Y esta capacidad humana para, a partir de su propia inteligencia, construirse sentido y dirección permita visualizar una cuarta posibilidad, la de un universo inteligente, en evolución, que si bien avanza en una dirección, ante la falta de perspectiva, nosotros no podemos conocerla. Se trataría de una inteligencia cósmica que genera nuevos espacios para la creatividad y la innovación en busca de su propia evolución.    

El hecho de que algo sea para los seres humanos inexplicable o incomprensible no confirma ni que exista ni que no exista una explicación, simplemente retrata una posibilidad que con las capacidades racionales y cognitivas actuales, y desde la limitada perspectiva humana no podemos siquiera visualizar. 

Sin embargo, a partir de una hipótesis que proyecte la propia experiencia humana y lo que sabemos del funcionamiento del planeta y del sistema solar, permite suponer que habitamos un cosmos creativo, y que este cosmos creativo pudiera ser un Todo que opere bajo ciertos parámetros universales, y que me atrevería a llamar inteligentes, donde las estructuras que le permiten operar no necesariamente impiden las posibilidades de innovación, creatividad y evolución, permitiendo, dentro de una realidad con cierto grado de propensión a repetir patrones previos, porciones orgánicas de libertad y azar.

Más allá de religiones y creencias específicas no podemos descartar la existencia de una inteligencia subyacente que participe de la evolución otorgándole un cierto sentido, fomentando ciertas tendencias, poniendo límites y alentando algunos motores de cambio por encima de otros, promoviendo determinadas formas de avance por encima de otras. Si la evolución planetaria, de la que somos parte, dio lugar a la razón y la inteligencia humana es porque la “inteligencia” de algún modo está dentro de los componentes del cosmos y es susceptible de replicarse en distintos lugares, de formas diversas, así como tener manifestaciones más amplias, más simples o más complejas de ella. 

Una vez que miramos el mundo conocido con esos ojos, no debería costarnos trabajo admitir que si bien poseemos un tipo y nivel de inteligencia como especie, nos somos los únicos. Dentro de las millones de variedades de vida que constituyen los ecosistemas terrestres sobran ejemplos de un sinnúmero de manifestaciones de distintos patrones, formas y niveles de ella.  

En infinidad de especies existe un impulso, quizá incomprensible para nosotros, que les permite cumplir con su “propósito existencial como especies” y, por más que nos prefiramos llamarle “instinto”, lo cierto es que no dejan de ser manifestaciones de inteligencia existencial. ¿Qué impulsa a ciertas variedades de aves a viajar miles de kilómetros cada año como mecanismo de supervivencia? ¿Cómo saben hacia dónde deben dirigirse y por qué se trasladan de forma gregaria y ordenada? ¿Cómo determinan cuándo, cómo y hasta dónde? Pero las aves no son las únicas: el funcionamiento de un hormiguero o de una colmena resulta también sorprendente. Y así podríamos seguir recorriendo todo el reino animal e incluso el vegetal. 

Es verdad que un perro o un caballo no pueden escribir La Divina Comedia, pero negar que poseen cierto nivel de percepción, de voluntad e inteligencia que les permite manifestar su “esencia” como perros o caballos es simplemente cerrar los ojos a la realidad. Y qué decir de los seres humanos, capaces de lo más sublime y de lo más abominable. 

En resumen, queda la impresión fundada de que el cosmos en su conjunto, dentro de sus “ingredientes” constitutivos está la inteligencia, la libertad, la voluntad, la creatividad y la contingencia; y si bien éstas se concretan de formas muy distinta en cada nivel de existencia, su mera presencia, si bien no prueba, tampoco descarta la posibilidad de una fuerza consciente subyacente participe en alguna medida en la dirección y destino evolutivo del universo. 

Desde luego que ésta, en caso de existir, no tenemos por qué entenderla o siquiera poder observarla. La lógica, inteligencia y capacidades humanas son inaccesibles para las abejas de una colmena, pero eso ni evita que el sistema de la colmena funcione según su inteligencia y lógica interna ni que los humanos tengamos la capacidad de diseñar, construir y administrar panales sin que las abejas tengan la menor consciencia de que forman parte de sociedad volitivamente constituida por entes distintos de ellas.   

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A lo largo de las siguientes semanas trataremos de dilucidar si este concepción, tan traída y llevada en nuestra realidad cotidiana, se trata de algo que existe con total independencia de nosotros y lo que pensemos del mundo –y donde nuestra labor consiste descubrirla y defenderla–, o si se trata de una construcción que los seres humanos inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente y nos permite afirmar serenamente: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya” y quedarnos tan tranquilos.   No descubro el agua tibia si afirmo que la realidad tiene tantos niveles de manifestación y complejidad que asegurar que tenemos acceso a la totalidad, ya no del cosmos en su conjunto, sino tan siquiera un sólo evento aislado, de la historia de un país, del dominio de una ciencia o siquiera de la comprensión de lo que “es” el ser humano resulta un autoengaño y una ilusión. Y por ello, en este escenario de desmesura, resulta natural y prudente preguntarse cómo, entonces, habremos de reconocer lo que es verdad de lo que no lo es.  Para entender la verdad, descartamos la mentira Lo primero es aclarar que en esta discusión dejaremos de lado la mentira. Cuando de manera consciente y voluntaria negamos o falseamos una realidad objetiva, justificamos falazmente la intención de un comentario o una expresión, o cuando negamos algo que tenemos la certeza que ocurrió, sabemos que algo es “verdadero” y contaminamos intencionalmente el intercambio comunicativo con independencia de las motivaciones que tengamos para hacerlo. 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La mentira se deriva de una supuesta verdad, y se trata de averiguar de donde surge ésta.  Reflexionar acerca de por qué mentimos, de cuáles son los disparadores que nos llevan a negar, torcer o manipular aquello que sabemos de cierto implica que consideramos que algo es verdadero y tratamos de ocultarlo, lo que nos llevaría por otros caminos. El objetivo aquí consiste en averiguar precisamente si existen conocimientos, conclusiones, valores, argumentos que posean intrínsecamente la condición de verdaderos, sin importar el tiempo o el lugar. Se trata de explorar los mecanismos que usamos para construir aquellas narrativas y relatos que describen con supuesta fidelidad y rigor la realidad, que nos dan certidumbre, así sea desde nuestra perspectiva, acerca del mundo que habitamos y su funcionamiento, así como la forma más eficaz de relacionarnos con los otros.  “Real” y “verdadero” no son sinónimos Cometeríamos un grave error si consideramos “la verdad” como sinónimo de realidad. Si bien para muchas cosmovisiones algo es “verdad” porque puedo verlo, medirlo, pesarlo, ubicarlo en el tiempo y el espacio, también identificamos como verdadero algo que hemos convertido en un concepto, aun cuando sea subjetivo. La injusticia, en abstracto, sin duda existe, es verdadera en tanto que todas las culturas y formas de entender el mundo tienen una idea de la justicia y por lo tanto es posible señalar los efectos de su ausencia, pero la construcción concreta de la “injusticia” dependerá de la visión particular de los actos y conductas que se consideran justas. Lo que en una época se consideraba justo –la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente–, en otra deja de serlo, pero siempre en la humanidad se busca alcanzar “la justicia”. Por ello, cuando hablamos de la construcción de narrativas para describir el mundo en que estamos inmersos, la verdad se refiere a la forma específica como interpretamos los hechos, a aquellos relatos con que cada cosmovisión se identifica debido a que explican y le dan sentido a esa visión en particular.  Por ejemplo, para muchos la diversidad sexual como se entiende el siglo XXI es una “verdad” bajo la que deciden vivir y sobre la cual construyen su moralidad, su ética y sus conductas, pero considerar de manera absoluta que esa visión es la única que ajusta a la “realidad” implica no sólo que todos aquellos humanos que no compartan esta visión están equivocados, mienten o se mienten a sí mismos sino que todos los individuos del género humano, durante los últimos diez mil años, han vivido en la irrealidad.  Para quienes abrazan la convicción de que la identidad de género no puede estar circunscrita a una comprensión binaria de “hombres y mujeres” y a una sola modalidad de conducta sexual aceptable queda claro que, con independencia de que en términos biológicos existen dos sexos posibles involucrados en el proceso de reproducción, consideran el género como una construcción cultural humana y en tanto tal, la preferencia sexual es diversa. Facebook1, que antes tan sólo daba como opciones para elegir sexo entre hombre, mujer y “es complicado”, a partir de 2014, despliega un menú con más de cincuenta opciones, entre las que pueden encontrarse cisexual, transexual, fluido, andrógino o agéneros. Lo mismo ocurre con la aplicación para citas Tinder,2 que en tiempos recientes, ha agregado a la versión en inglés veintisiete nuevas identidades de género. Pero no se trata de una cuestión meramente anecdótica, pues en un buen número de países existen ya herramientas jurídicas para trasladar la interpretación cultural particular de la identidad sexual al plano de la identidad legal. Sólo por citar algunos casos, a partir de 2018 en Bélgica, Portugal y Luxemburgo existe la “ley de libre determinación de identidad de género3” que permite a los mayores a 18 años cambiar el sexo que aparece en sus documentos oficiales. 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El objetivo de la serie de artículos que comienzan hoy es explorar qué es la verdad y cómo la construimos discursivamente, entendiendo que eso que articulamos en palabras termina por convertirse en realidades sólidas, pero no necesariamente universales y eternas, sino parciales y transitorias. Para llegar a la gran pregunta que no podemos evadir si pretendemos habitar un mundo con paz y una razonable cuota de armonía: ¿cómo conseguir que las verdades parciales cohabiten creando con su interacción una sinergia constructiva?     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 BBC News, Mundo, Tecnología, “Las 50 opciones de identidad sexual según Facebook”, 14 de febrero 2014,  Consulta: 28 junio de 2022 https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa 2 El País, Política, Gloria, Rodríguez, Pina, “Tinder amplía las opciones de identidad de género en español por el Madrid World Pride”, 23 de junio 2017. Consulta: 28 de junio 2022 https://elpais.com/politica/2017/06/20/actualidad/1497976474_475883.html 3 Expansión, Internacional, “Estos son los países que reconocen a las personas trans”, 31 de marzo de 2022 Consulta: 28 de junio 2022 https://expansion.mx/mundo/2022/03/31/paises-reconocen-personas-trans" ["post_title"]=> string(54) "El gran problema de la Verdad: ni realidad ni mentiras" ["post_excerpt"]=> string(293) "Al explorar este tema se trata de averiguar si la verdad existe con independencia de nosotros y nuestras interpretaciones o si se trata de una construcción que inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente. 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Siento que anoche estaba estrenando un nuevo calendario y hoy está ya en el noveno mes. ¡Ya vamos en el pozole y los chiles en nogada! Los mexicanos somos resilientes porque haber avanzado hasta aquí, perdón, pero ha sido un logro inconmensurable, uno de los años más cuesta arriba que la mayoría recordaremos. El presidente de la República, los gobernadores, alcaldes y delegados dan sus informes de gobierno. Todos tenemos distintos datos: ellos los suyos y cada ciudadano los propios. Una cosa muy distinta me dice mi estado de cuenta bancario a lo qué me dicen los números oficiales, aún así sigo sin entender un millón de cosas. Creo que los mexicanos estamos viviendo una euforia colectiva por recuperar nuestras vidas, por volver a salir, a ver a los amigos, a vivir como solíamos hacerlo, de una forma “normal”, a acercarnos sin miedo, a reírnos sin miedo, a tocarnos sin miedo. Todos tenemos deudas, de eso no tengo la menor duda. 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Estamos lejos de decir que hemos vuelto a la normalidad, pero es un hecho que aguantamos la tempestad y estamos listos para seguir dando batalla. Mermados, cansados, muchos con secuelas de COVID, muchos teniendo que empezar de cero nuevamente en sus negocios u oficios pero aquí estamos. Sí es cierto esto que versa nuestro himno nacional “Un soldado en cada hijo te dio” porque aquí estamos presentando armas y listos para volver al frente. No se parecen en mucho mis ganas de vivir la vida que mi presupuesto semanal para hacerlo. Las cosas están cada vez más caras. Es cierto que no ha subido la gasolina y que el dólar se mantiene estable; sin embargo, la canasta básica, las colegiaturas y los servicios están por las nubes. Todo está carísimo y aun así los que ofrecemos servicios no nos atrevemos a subir nuestros precios por miedo a perder clientela. Carlos Slim, el hombre más rico de México, desde su inquebrantable salud propone que la jubilación se retrase hasta los 75 años, en un país en el que la esperanza de vida es precisamente esa y en datos de este año El Economista asegura que el promedio bajó cuatro años después de la pandemia y en la que no todo el mundo tiene una salud envidiable, es verdad que muchos adultos mayores ya se ven mermados en su rendimiento físico o padecen de alguna enfermedad. Propone también que se acorte la jornada laboral y que se hagan turnos de tres días con doce horas, claro, como lo que mejor funciona es el sistema de guarderías y estancias infantiles. 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Al final somos la sociedad civil los únicos que podemos sacar del atolladero a nuestro país, ni lamentándonos, no polarizando, haciendo cada quien su chamba y empujando la carreta sin egoísmos ni falsas pretensiones. Bueno, eso pienso yo como ciudadana de a pie. ¿Qué piensan ustedes al respecto? ¿Cómo vamos a llegar a final de año? ¿Entendimos la lección o estamos peor que al principio? ¿Nos vamos a dar la mano o volveremos a llenar nuestras casas de cantidades incalculables de papel de baño y víveres sin importar que los demás se queden sin nada?" ["post_title"]=> string(16) "Septiembre sin $" ["post_excerpt"]=> string(163) "El alza en los precios nos castiga a todos y es una cadena que tarde o temprano nos encuentra por detrás, como un camino de fichas de dominó que cae sin remedio." 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A lo largo de las siguientes semanas trataremos de dilucidar si este concepción, tan traída y llevada en nuestra realidad cotidiana, se trata de algo que existe con total independencia de nosotros y lo que pensemos del mundo –y donde nuestra labor consiste descubrirla y defenderla–, o si se trata de una construcción que los seres humanos inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente y nos permite afirmar serenamente: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya” y quedarnos tan tranquilos.   No descubro el agua tibia si afirmo que la realidad tiene tantos niveles de manifestación y complejidad que asegurar que tenemos acceso a la totalidad, ya no del cosmos en su conjunto, sino tan siquiera un sólo evento aislado, de la historia de un país, del dominio de una ciencia o siquiera de la comprensión de lo que “es” el ser humano resulta un autoengaño y una ilusión. Y por ello, en este escenario de desmesura, resulta natural y prudente preguntarse cómo, entonces, habremos de reconocer lo que es verdad de lo que no lo es.  Para entender la verdad, descartamos la mentira Lo primero es aclarar que en esta discusión dejaremos de lado la mentira. Cuando de manera consciente y voluntaria negamos o falseamos una realidad objetiva, justificamos falazmente la intención de un comentario o una expresión, o cuando negamos algo que tenemos la certeza que ocurrió, sabemos que algo es “verdadero” y contaminamos intencionalmente el intercambio comunicativo con independencia de las motivaciones que tengamos para hacerlo. Por eso, en este nivel de la discusión, las mentiras y las fake news quedan excluidas: niegan lo que consideran una verdad, y la intención es averiguar cómo construimos esas verdades, no cómo, una vez que las conocemos, las falseamos.  Cuando mentimos, quizá queremos defender una posición que consideramos justa e inventamos una estadística que nos respalde (una mentira piadosa por un bien mayor), quizá queremos proteger al otro y mentimos por cariño o negamos una infidelidad para salvarnos a nosotros mismos jurando no volver a cometerla. Quizá queremos sacar ventaja en una negociación y exageramos las ventajas de nuestro producto pero, sea como sea, en todos estos casos se tiene muy claro “cual es la verdad” y lo que se busca es ocultarla o maquillarla, por eso no es la mentira lo que merece la pena analizarse cuando lo que buscamos entender cómo construimos las verdades, que son un paso previo. La mentira se deriva de una supuesta verdad, y se trata de averiguar de donde surge ésta.  Reflexionar acerca de por qué mentimos, de cuáles son los disparadores que nos llevan a negar, torcer o manipular aquello que sabemos de cierto implica que consideramos que algo es verdadero y tratamos de ocultarlo, lo que nos llevaría por otros caminos. El objetivo aquí consiste en averiguar precisamente si existen conocimientos, conclusiones, valores, argumentos que posean intrínsecamente la condición de verdaderos, sin importar el tiempo o el lugar. Se trata de explorar los mecanismos que usamos para construir aquellas narrativas y relatos que describen con supuesta fidelidad y rigor la realidad, que nos dan certidumbre, así sea desde nuestra perspectiva, acerca del mundo que habitamos y su funcionamiento, así como la forma más eficaz de relacionarnos con los otros.  “Real” y “verdadero” no son sinónimos Cometeríamos un grave error si consideramos “la verdad” como sinónimo de realidad. Si bien para muchas cosmovisiones algo es “verdad” porque puedo verlo, medirlo, pesarlo, ubicarlo en el tiempo y el espacio, también identificamos como verdadero algo que hemos convertido en un concepto, aun cuando sea subjetivo. La injusticia, en abstracto, sin duda existe, es verdadera en tanto que todas las culturas y formas de entender el mundo tienen una idea de la justicia y por lo tanto es posible señalar los efectos de su ausencia, pero la construcción concreta de la “injusticia” dependerá de la visión particular de los actos y conductas que se consideran justas. Lo que en una época se consideraba justo –la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente–, en otra deja de serlo, pero siempre en la humanidad se busca alcanzar “la justicia”. Por ello, cuando hablamos de la construcción de narrativas para describir el mundo en que estamos inmersos, la verdad se refiere a la forma específica como interpretamos los hechos, a aquellos relatos con que cada cosmovisión se identifica debido a que explican y le dan sentido a esa visión en particular.  Por ejemplo, para muchos la diversidad sexual como se entiende el siglo XXI es una “verdad” bajo la que deciden vivir y sobre la cual construyen su moralidad, su ética y sus conductas, pero considerar de manera absoluta que esa visión es la única que ajusta a la “realidad” implica no sólo que todos aquellos humanos que no compartan esta visión están equivocados, mienten o se mienten a sí mismos sino que todos los individuos del género humano, durante los últimos diez mil años, han vivido en la irrealidad.  Para quienes abrazan la convicción de que la identidad de género no puede estar circunscrita a una comprensión binaria de “hombres y mujeres” y a una sola modalidad de conducta sexual aceptable queda claro que, con independencia de que en términos biológicos existen dos sexos posibles involucrados en el proceso de reproducción, consideran el género como una construcción cultural humana y en tanto tal, la preferencia sexual es diversa. Facebook1, que antes tan sólo daba como opciones para elegir sexo entre hombre, mujer y “es complicado”, a partir de 2014, despliega un menú con más de cincuenta opciones, entre las que pueden encontrarse cisexual, transexual, fluido, andrógino o agéneros. Lo mismo ocurre con la aplicación para citas Tinder,2 que en tiempos recientes, ha agregado a la versión en inglés veintisiete nuevas identidades de género. Pero no se trata de una cuestión meramente anecdótica, pues en un buen número de países existen ya herramientas jurídicas para trasladar la interpretación cultural particular de la identidad sexual al plano de la identidad legal. Sólo por citar algunos casos, a partir de 2018 en Bélgica, Portugal y Luxemburgo existe la “ley de libre determinación de identidad de género3” que permite a los mayores a 18 años cambiar el sexo que aparece en sus documentos oficiales. Esto implica que esta “verdad” forma parte de la manera de entender la realidad y la existencia de un creciente número de personas. Sin embargo, para muchos otros la sexualidad “correcta”, única aceptable y única reconocida como válida –que bajo una perspectiva de género suele llamársele heteronormativa– se circunscribe a la atracción exclusiva entre hombres y mujeres, biológicamente identificados como tales desde su nacimiento hasta su muerte, otra “verdad” que sirve como fundamento para crear moralidad, ética y conductas que de ningún modo podrían descalificarse como “irreales”.  Lo que surge son una serie de preguntas: ¿cómo se construye una verdad? ¿Ambas posturas se excluyen mutuamente? ¿Podrían cohabitar? En caso afirmativo, ¿cuál de las dos posturas sería la verdadera? ¿Podrían serlo ambas? El objetivo de la serie de artículos que comienzan hoy es explorar qué es la verdad y cómo la construimos discursivamente, entendiendo que eso que articulamos en palabras termina por convertirse en realidades sólidas, pero no necesariamente universales y eternas, sino parciales y transitorias. Para llegar a la gran pregunta que no podemos evadir si pretendemos habitar un mundo con paz y una razonable cuota de armonía: ¿cómo conseguir que las verdades parciales cohabiten creando con su interacción una sinergia constructiva?     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 BBC News, Mundo, Tecnología, “Las 50 opciones de identidad sexual según Facebook”, 14 de febrero 2014,  Consulta: 28 junio de 2022 https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa 2 El País, Política, Gloria, Rodríguez, Pina, “Tinder amplía las opciones de identidad de género en español por el Madrid World Pride”, 23 de junio 2017. Consulta: 28 de junio 2022 https://elpais.com/politica/2017/06/20/actualidad/1497976474_475883.html 3 Expansión, Internacional, “Estos son los países que reconocen a las personas trans”, 31 de marzo de 2022 Consulta: 28 de junio 2022 https://expansion.mx/mundo/2022/03/31/paises-reconocen-personas-trans" ["post_title"]=> string(54) "El gran problema de la Verdad: ni realidad ni mentiras" ["post_excerpt"]=> string(293) "Al explorar este tema se trata de averiguar si la verdad existe con independencia de nosotros y nuestras interpretaciones o si se trata de una construcción que inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente. 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