Estamos en pleno siglo de la automatización. Un mundo de máquinas, bases de datos y poderosos softwares. Hace unos años el mundo era para arquitectos, catedrales y grandes historias de héroes. También ha sido un mundo de trabajo duro, a cambio de capital y ganancias. Ponías un fruto y se hacía una cosecha.
Ahora, este mundo capitalista parece acercarse a una realidad finita. Un mundo en el que la Inteligencia Artificial produzca tantos bienes para la humanidad, que la producción laboral humana se volvería obsoleta. En esta realidad, cobra sentido el Ingreso Básico Universal, teoría propuesta por sectores socialistas, empresarios capitalistas y políticos, como una forma de garantizar la justa distribución del dinero. Y también una solución ante un escenario en que las personas pueden volverse inútiles para el sector laboral, debido a que sus habilidades ya no serán requeridas para la producción del mercado. Si no se necesitan empleados, y la producción de bienes ya no fuera un problema mundial. ¿Qué nos deparará cuando no haya trabajo que hacer, problemas que resolver, ni ganancias que obtener?
Pérdida de identidad, disonancia con el sentido propio de vida y una alza en la cantidad de personas en calidad de “Nini”. Un ingreso básico universal sería una solución. Todos reciben dinero, que se usa en los bienes masivos producidos por la inteligencia artificial. El problema aquí es el capitalismo. Sin escasez de recursos, en un sistema funcional donde todos reciban beneficios, comodidad y calidad de vida, con capacidad de consumo, entonces la idea de meritocracia, de poder absoluto o de dominancia quedan anuladas también.
Los capitalistas y sus principales beneficiarios necesitan de la desigualdad. Con las necesidades sociales cubiertas, las personas no estarían dispuestas a trabajar en malas condiciones. Del mismo modo, rituales, tradiciones y simbología utilizada por la élite para resaltar su superioridad perderían propósito.
El poder necesita de la sumisión, y la riqueza de la pobreza. Elon Musk coincide en la necesidad de un Ingreso Básico Universal en un escenario como el que se ha planteado. ¿Pero notará que son sus pares del mundo empresarial quienes se verían afectados por una propuesta que raya en el socialismo?
Un mundo digitalizado y dominado en fuerza laboral por la IA es muy posible. Incluso está siendo realizado. Y la realidad en la que el trabajo humano no sea necesario va a implicar encontrar una manera en la que los bienes producidos por la inteligencia artificial sean útiles para el desarrollo humano. No del poder capital, ni beneficio para las propias máquinas. Claro está que la distribución de los bienes producidos tendrá que ser equitativa. De lo contrario, ¿por qué construir inteligencia computacional tan poderosa, si no está enfocada en el bienestar social y humano?
Otra perspectiva es que un Ingreso Básico, junto a un mundo de necesidades satisfechas para todos. Es también una forma de control social. Todos reciben, nadie aporta. Se mantiene la idea del fruto. Pero se elimina la capacidad de nuevas cosechas.
Por último, es esencial que la inteligencia artificial que alimentamos y desarrollamos en el presente esté siempre bien cuidada, en buenas manos y lejana a intereses de vigilancia, espionaje o control poblacional. O dicho de otro modo, lejos de la deshumanización.
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