LA EXTINCION DEL FIDEICOMISO DEL FONDO NACIONAL DE LAS HABITACIONES POPULARES (FONHAPO)

La desaparición del FONHAPO deja en el abandonó a cientos de miles de familias. Este subsidió y su dirección técnica les resultaba fundamental.

5 de abril, 2022 LA EXTINCION DEL FIDEICOMISO DEL FONDO NACIONAL DE LAS HABITACIONES POPULARES (FONHAPO)

En la primera sesión ordinaria de la Comisión intersectorial de gasto público, financiamiento y desincorporación, celebrada el martes 29 de marzo se concretó la extinción del Fideicomiso, luego de 40 años de constituido.

El FONHAPO era una dependencia pública que operaba con cobertura nacional el programa “vivienda digna” y “vivienda rural” dirigidos a familias en condición de pobreza (patrimonial). Su principal objetivo era que las familias que no pudieran acceder a ningún tipo de crédito, vía subsidio adquirieran, construyeran o mejoraran su vivienda.

Todavía, en esta administración federal y antes de que el presidente decidiera la cancelación de 109 fideicomisos, se calificaba a FONHAPO como una de las instituciones del gobierno federal encargado de atender a la población de menores ingresos mediante el otorgamiento de apoyos para hacerse de un patrimonio como lo es la vivienda.

Durante los 40 años que duro su operación se buscó que fuera responsable de abatir el hacinamiento y rezago en la materia, dando prioridad a los grupos vulnerables sin discriminación de ningún tipo… Con un común denominador: Todos sus beneficiarios viven en la economía informal y no pueden acreditar sus ingresos (personas que viven de las propinas en gasolineras, restaurantes o simplemente del comercio informal en todas sus vertientes).

Su universo de beneficiarios eran:

  • Habitantes de asentamientos irregulares urbanos y rurales.
  • Viviendas vulnerables construidas con materiales inadecuados
  • Unidades carentes de condiciones de habitabilidad (con problemas estructurales, carentes de servicios básicos sanitarios, entre otros) 
  • Viviendas que tienen condiciones de hacinamiento
  • Unidades precarias afectadas por fenómenos naturales

Ante la imposibilidad de atender a todo el universo de personas que viven en condición de pobreza que no pueden acreditar el origen de sus ingresos, FONHAPO concentraba sus esfuerzos en aquellos que sobreviven en condiciones que los sitúan debajo de la línea de bienestar mínimo. Así, el CONEVAL apoyó en delinear un programa que diera atención en esta administración federal a 770 000 hogares de las 5 entidades federativas donde el problema de precariedad de las condiciones de habitabilidad era más notable.

Estado de México (15%)

Chiapas (14%)

Veracruz (13.5%)

Oaxaca (10.5%)

Guerrero (10.5%)

Esta atención, desde el punto de vista territorial se concentraba en 101 municipios. Cuando a partir del año 2000 la institución empezó a engrosar su nómina, sus gastos de operación y en esa proporción sus alcances empezaron a diluirse.

Que deja su extinción

Su extinción deja un vacío enorme en la atención de muchos millones de mexicanos que requieren vivienda digna y que no son asalariados, personas muy vulnerables que sobreviven en habitaciones de alto riesgo. También se deja un verdadero tiradero en procesos de titulación de viviendas que dejan en estado de indefensión a sus ocupantes que no alcanzaron ese mínimo sueño de gozar a un precario patrimonio.

¿Qué se debió haber hecho en lugar de extinguirlo?

  • Atacar la ineficiencia operativa
  • Castigar a los responsables de su mal manejo de años
  • Retomar con visión social este instrumento administrativo para combatir la pobreza de millones de personas
  • El programa era excelente y tuvo logros importantes a pesar de la incapacidad, ambición y malas prácticas de muchos de quienes estuvieron a cargo de la dirección del fondo.

La desaparición de este fondo cuyo objetivo era apoyar a los más pobres y vulnerables y no ser sustituido por ningún programa nuevo deja en el abandonó a cientos de miles de familias para quienes este subsidió y su dirección técnica era fundamental.

A esta desafortunada decisión se suma la extinción de otros importantísimos instrumentos como lo era el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) y el Fondo de Desarrollo Metropolitano.

Muy malas noticias para los que menos tienen.

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Pensar en el destino como una serie de acontecimientos predeterminados e inmutables no sólo me parece inverosímil sino sobre todo desesperanzador. Imaginar que mi vida está irremediablemente atada a un argumento inamovible y, escrito por algo o por alguien, con un  propósito oscuro y desconocido para mí en el cual, lejos de ser un participante activo en mi propio futuro, soy como el personaje de un videojuego que sube y baja a capricho de una fuerza controladora e incomprensible, me hace sentir que la existencia carece por completo de sentido y fundamento.  Esta manera prescriptiva de crear historias ni siquiera es una buena técnica para escribir una novela. 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Es el rostro de humillación, desesperación de abandono, de sueños rotos y familias destrozadas; es el de una niña o mujer joven; el del usufructo que tiene la tez de un niño o niña menores de edad que viven en alto riesgo.  Es una realidad con una curva ascendente. En México la población más vulnerable se encuentra en la niñez, la comunidad LGBTQ+, madres solteras, indígenas y desplazadas por la violencia, crisis económicas o la pandemia. Después de meses de estar fuera de la discusión nacional, finalmente el tema de cómo erradicar la trata de personas en México regresa al debate público. En este contexto, México ocupa el tercer lugar a nivel global en trata de personas con fines de explotación sexual y mendicidad de menores solo por debajo de Tailandia y Camboya, y primer lugar en pornografía infantil sobre distribución y creación de contenidos, según A21, organización internacional que se dedica a luchar contra este delito. La trata de personas sin duda va de la mano con la desaparición de víctimas, cuya agresión arroja cifras alarmantes. En el primer caso, las autoridades mexicanas identificaron al menos 550 víctimas de trata de personas en 2020, lo que representa un aumento del 43% según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. En el segundo, de acuerdo a la  Comisión Nacional de Búsqueda, 90 034 personas están desaparecidas y no localizadas. Entre 2015 y abril de 2021, se denunciaron más de 2.800 casos de víctimas de trata de personas. Y si los casos registrados durante los primeros cuatro meses de este año continúan al mismo ritmo, México terminará 2022 con un saldo superior a las 650 víctimas, más que en los últimos nueve años. A esto hay que sumarle que muchos casos no son denunciados por diversas razones, como la falta de confianza en las autoridades, la falta de lugares donde puedan ser protegidas las víctimas y el miedo a ser asesinado por denunciar cuya impunidad en la trata de personas ronda el 95 %. Además entre 2012 y 2017, el 84% de las víctimas de trata de personas fueron ciudadanos mexicanos, y más de la mitad fueron sometidos a la trata en el mismo estado en el que residían, aunado al confinamiento que obligó la pandemia y movió a los tratantes aún más cerca de los hogares. Pero por primera vez en México, a partir de 2012, la esclavitud, la servidumbre, la explotación sexual ajena, los matrimonios forzados y la explotación laboral serían sancionados como formas de explotación, solo que 7 estados del país no han homologado sus leyes sobre la Ley de Trata de Personas y en 22 se mantiene la alerta de género. Lo interesante es que a fines de abril la senadora Olga Sánchez Cordero presentó una iniciativa que no sólo retoma la esencia de esta ley histórica, sino que la actualiza y le da la importancia merecida en plena ola de desapariciones, feminicidios y el movimiento de las mujeres por una vida libre de violencia. La presidenta de la Cámara Alta, propone en su reforma a la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, una iniciativa justo cuando el país se duele por el incremento de este crimen a partir de la pandemia. Su propuesta propone actualizar referencias al Código Nacional de Procedimientos Penales, definir como abuso de poder o daño grave las afectaciones a la familia de la víctima o a la persona a la que le tenga afecto y endurecer penas que, desde ahora, no dejan salir de prisión a los tratantes. 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Y, en última instancia, ¿qué sentido tendría existir?  Es innegable que dentro de nuestra existencia particular nacemos inmersos en una serie de contextos que si bien no califican como destino, en efecto condicionan nuestra vida de manera muy importante. El país en que nacemos, la familia que nos acoge, el credo religioso e ideologías que estructuran nuestro carácter, las condiciones culturales, económicas y sociales en que estamos inmersos, todo ello nos ubica dentro de una serie de estructuras que muchas veces nos marcan de manera definitiva.  Sin embargo no estamos completamente indefensos ante esta manera de experimentar el destino y, como metáfora de ficción, me gustaría tomar como ejemplo a Coleman Silk, el personaje central de la novela de Philip Roth, La mancha humana.   Este personaje, aunque azarosamente de piel blanca, era descendiente de una genealogía de raza negra que en tiempos remotos habían llegado a América como esclavos. 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Por eso Coleman, que se siente preso de la realidad que le tocó vivir, decide desafiar ese destino para construirse uno alternativo: rompe con su pasado, rompe todo contacto con su familia –con sus padres, con sus hermanos, a quienes jamás vuelve a ver–, con su linaje negro y se inventa una vida nueva aprovechando su apariencia convencional a partir de la cual su secreto era imperceptible al grado de que ni esposa, Iris Gitterman, de origen ruso y judío, nunca supo la verdad.  De este modo Coleman, que de pronto comprendió “la facilidad con que la vida puede ser una cosa en vez de otra1”, asumió una identidad como blanco, huérfano, judío y catedrático universitario especializado en literatura griega clásica. Como afirma en alguna parte de la novela el propio narrador: no se podía tener una vida más de blanco, y gracias a ello consiguió derrotar a su destino, aunque, desde luego, no sin pagar un alto precio por ello.  Aun cuando todos hemos vivido momentos y circunstancias inexplicables que sólo parecen comprenderse desde la predestinación, no parece que la existencia esté realmente dictada a partir de un destino absoluto y predeterminado. Sin dejar de lado los contextos que nos condicionan, todo parece indicar que existe un espacio de maniobra en el cual la voluntad humana puede ser ejercida. Pero continuaremos con esta exploración en la próxima entrega, donde exploraremos las implicaciones del azar.   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Roth, Philip, La mancha humana, Primera Edición, México, Debolsillo-Penguin Random House, 2018, Pág. 159" ["post_title"]=> string(37) "Desde la perspectiva del destino puro" ["post_excerpt"]=> string(189) "Es innegable que dentro de nuestra existencia particular nacemos inmersos en una serie de contextos que si bien no califican como destino, condicionan nuestra vida de manera muy importante." 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