La era que creyó tenerlo todo (y lo perdió todo al mismo tiempo)

Cuando el futuro de la humanidad mire hacia este periodo, las primeras décadas del siglo XXI no lo hará con nostalgia romántica, sino con una mezcla incómoda de asombro y advertencia.

27 de enero, 2026

Algo que me cuestiono todo el tiempo y no lo puedo evitar es cómo será recordada y etiquetada la época que estamos viviendo. Algunos más que otros protagonizamos cambios y situaciones que en este momento nos parecen el día a día, algo cotidiano pero que pasará a ser un bloque más de la historia y me preocupa y apena que sin duda a mi punto de vista no saldremos muy bien librados en el juicio de las futuras generaciones.

            Cuando el futuro de la humanidad mire hacia este periodo, las primeras décadas del siglo XXI no lo hará con nostalgia romántica, sino con una mezcla incómoda de asombro y advertencia. Será recordada como la época en la que la humanidad tuvo, por primera vez, todas las herramientas para resolver sus grandes problemas y, paradójicamente, eligió administrarlas con torpeza, soberbia y una fe ciega en que “alguien más” se haría cargo.

            Este tiempo será estudiado como la era de la hiperconectividad y la soledad masiva. Nunca antes los seres humanos estuvieron tan comunicados y al mismo tiempo tan fragmentados. Millones de voces hablando al mismo tiempo, pero pocas escuchándose de verdad. Las redes sociales serán vistas como los nuevos foros públicos donde se confundió popularidad con verdad, emoción con argumento y velocidad con profundidad. El futuro dirá que supimos gritar, pero olvidamos dialogar.

            También será recordada como la época del conocimiento ilimitado y la ignorancia voluntaria. Con acceso instantáneo a bibliotecas enteras, investigaciones científicas y datos verificables, amplios sectores optaron por teorías conspirativas, desinformación y líderes que ofrecían certezas simples a problemas complejos. El futuro no dirá que no sabíamos; dirá que decidimos no saber.

            En términos tecnológicos, esta era será, pienso yo, vista como un punto de quiebre. El nacimiento y expansión de la inteligencia artificial marcarán un antes y un después comparable a la Revolución Industrial. El futuro recordará este momento como aquel en el que la humanidad creó herramientas capaces de aprender, decidir y crear, sin haber resuelto aún preguntas éticas básicas: ¿quién controla la tecnología?, ¿a quién beneficia?, ¿qué ocurre cuando el progreso avanza más rápido que la conciencia moral? Esta falta de sincronía será uno de los grandes sellos de la época. Sin duda la tecnología nos va a rebasar porque nunca estuvimos preparados, no la entendimos antes de usarla.

            El futuro también colocará a estos años como el tiempo de las grandes alertas ignoradas. El cambio climático no será recordado como una sorpresa, sino como una tragedia anunciada. Generaciones futuras leerán informes, discursos y cumbres internacionales preguntándose cómo fue posible que, sabiendo lo que venía, se siguiera priorizando la ganancia inmediata sobre la supervivencia colectiva. No dirán que fue inevitable, sino que fue una elección repetida.

            Políticamente, esta era será estudiada como el momento en que la democracia entró en una fase frágil. El ascenso de discursos autoritarios, la polarización extrema y la desconfianza en las instituciones serán analizados como síntomas de sociedades cansadas, desiguales, confrontadas y emocionalmente manipulables. El futuro entenderá que no fue solo un problema de líderes, sino de ciudadanos exhaustos que cambiaron derechos por promesas de orden, certezas falsas y deliberadamente elegidas a la comodidad de cada ideología.

            Económicamente, será recordada como la época de la abundancia mal distribuida. Nunca se produjo tanta riqueza ni existieron tantas personas viviendo en precariedad, mientras incongruentes discursos hablan de igualdad y reparto justo de riqueza. Las crónicas sobre nosotros señalarán la contradicción brutal de un mundo capaz de lanzar turistas al espacio mientras millones luchaban por acceder a vivienda, salud o alimento. Este contraste será una de las grandes preguntas morales que definan el juicio histórico de nuestro tiempo.

            Sin embargo, no todo será condena. El futuro también verá esta era como un periodo de resistencia, conciencia y transición. Surgieron movimientos sociales, feminismos, luchas ambientales, defensores de derechos humanos y nuevas formas de solidaridad que sembraron semillas para cambios posteriores, algo tuvimos que haber aprendido ya. En medio del ruido, hubo quienes intentaron corregir el rumbo, aunque no siempre fueron mayoría aunque no dejó de ser negativa y creo que la mayoría de los momentos luminosos de la historia  prosiguieron  a situaciones oscuras generadas por la misma humanidad.

            Así, esta época será recordada no como la peor, sino como la más contradictoria: brillante y torpe, avanzada y primitiva, informada y engañada, terriblemente hipócrita bajo mi punto de vista. El futuro de la humanidad no la verá como un final, sino como una advertencia clara: el progreso técnico sin progreso ético no salva civilizaciones, solo acelera sus crisis. Y esa lección, dolorosa pero necesaria, será el verdadero legado de nuestro tiempo.

            Sí, bastante pena ajena y propia con nuestros nietos y bisnietos que no entenderán cómo teniendo tanta información y supuesta conciencia reincidimos en hábitos y comportamientos que ya estaban superados por nuestros padres y abuelos. Si pudieran justificar sus errores los representantes de otros tiempos tal vez dirían que se debieron a la ignorancia y al miedo ¿Nosotros con qué nos vamos a defender?

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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