Las reformas político-electorales de 1996, la alternancia y el poder compartido del año 2000 hasta nuestros días –pasando por la primer elección a nivel nacional con distintos partidos compitiendo (1997)– vino a dar al traste con cualquier atisbo de meritocracia en los cargos del sector público en México, con énfasis en los de elección popular.
Desde 1997, la dinámica de conquistar el voto de las mayorías, poco politizadas y ya sin un gobierno de partido hegemónico que las tutelara en sus decisiones en la soledad de la mampara, creó el incentivo perverso para que (en los hechos) gubernaturas y presidencias municipales y también escaños y curules en los poderes legislativos (locales y federal) se compren. De esta manera se da acceso a que las campañas sean financiadas por intereses en ocasiones inconfesables, que al aportar 100 pesos, demandan de vuelta 500 o más.
Lo anterior se ve reflejado en la disminución de la calidad en los servicios públicos municipales, instancia pública (el municipio) que es la más cercana al ciudadano, pero no se ha limitado a ese nivel. Para 2012, por ejemplo, entre grandes empresarios, televisoras, gobernadores y otros poderes fácticos, tanto legales como ilegales, llevarán a un presidente (Enrique Peña Nieto) a la silla del águila; no es casualidad que sea considerado el sexenio más corrupto de la Historia.
Sin órganos de fiscalización realmente eficaces, y con el añadido de el nuevo marco jurídico que dio Vicente Fox (2000/2006) al federalismo mexicano, donde, por ejemplo, los excedentes petroleros cuándo los ha habido van directo a los felices gobernadores, que ya quisiera un presidente para un fin de semana los niveles de opacidad e impunidad con los que estos operan los recursos públicos a ellos confiados.
Así entonces, mientras en los hechos, a los cargos públicos se acceda con el dinero cómo factor preponderante, difícil es que los mexicanos podamos enumerar en nuestras vidas cotidianas acaso cinco puntos de mejora desde la alternancia y los gobiernos de los distintos órdenes yuxtapuestos, hecho que antes, en el régimen anterior de partido único, no era una constante, ya que el dinero no era la llave principalísima para acceder a puestos de poder en la cosa pública en México.
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