Inicio de año: Santos macuspanos, BANXICO, el INEGI y una estatua en el suelo

Arranca un nuevo año en nuestro amado México-Tenochtitlan y con él llegaron rápidamente las primeras impresiones de lo que le depara al país en 2022.

4 de enero, 2022

A partir del primero de enero la florero incondicional y multiusos de El Supremo, Graciela Márquez Colín (ex secretaria de Economía), asumió la posición de presidenta del hasta hace poco respetable y autónomo INEGI. Con su llegada, el Instituto pasará a ser aquel de los Otros Datos, Realidades Alternas, Números Maquillados y demás etcéteras. 

Si además consideramos que a Márquez Colín se le dificulta leer cifras más allá de los millares, podemos darnos por bien servidos si los datos y gráficas estadísticas que prepare el Instituto resulten por lo menos mínimamente consistentes y lleven sus ceros bien redondos, dibujitos bonitos y colores brillantes, para facilitar su comprensión lectora. 

También, el 31 de diciembre del 2021 fue el último día de Alejandro Díaz de León como Gobernador del Banco de México. Ahora, en un mar de incertidumbre nacional y mundial, tendremos a Victoria Rodríguez al mando de un barco que hace mucho amenaza con zozobrar estrepitosamente, más aún si consideramos que la experiencia de Rodríguez Ceja en política monetaria es cero y su mejor credencial para ocupar un puesto en la Junta de BANXICO es haber organizado las tandas en la oficina de Hacienda donde laboraba anteriormente o dar el cambio a los compañeros cuando le tocaba ir al Oxxo por los rancheritos, las cocas y los paketaxos de queso. No se les olvide que fue Movimiento Ciudadano quienes, con sus votos, nos dieron el detallito de tener a tan ilustre representante de la 4T para ocupar el cargo en cuestión. 

Como el pueblo anda distraído en cosas nimias como la inseguridad, los precios de los combustibles, las alzas inflacionarias y otras cosas semejantes, el “padre” Alejandro Solalinde salió la semana pasada de la cueva donde se había estado ocultando los últimos años para plantearnos la siguiente interrogante:

¿Quién tiene el mismo empeño que Saulo de Tarso (antes de transformarse en San Pablo) cuando de perseguir contrarios se trata?

¿Quién ha vivido con 200 pesos en la cartera durante décadas completas lo que le asemeja a San Francisco de Asís, que incluso traía más morralla en su remendado hábito?

¿Quién, como Jesús El Cristo que comenzó su vida pública a los 30 años, culminó su licenciatura casi a la misma edad después de varios intentos por superar Economía I para dedicarse a la vida política?

¿Quién nos avienta cada mañana peroratas plagadas de conocimiento superior que la razón no es capaz de comprender (cual Santo Tomás de Aquino) bueno, ni la lógica, ni la filosofía, ni la aritmética, ni el sentido común, ni nada de nada?   

Por supuesto que sí, es El Licenciado Andrés López en quien Solalinde, sin ningún interés de por medio claro está, ve rasgos de Santidad. ¡Aleluya, Aleluya!

No podemos concluir este recuento sin hacer mención de la escultura erigida en honor a El Único en Atlacomulco (Estado de México). Durante las primeras horas de este 2022, un grupo de malintencionados individuos decidieron bajarla de su pedestal y tirarla al suelo, dejándola como las ideas del Licenciado en estos días, sin pies ni cabeza. 

Funesto presagio de lo que le espera a la memoria del prócer de Macuspana, una vez que acabe su período presidencial derivado de sus humanas y adecuadas decisiones. El asunto no hubiera pasado a más si algunos miembros cercanos al Líder Supremo no hubieran intentado hacer un control de daños casi inmediato, de los cuales destaca Miguel Torruco escribiendo en Twitter: “Podrán tirar la estatua (…) pero no podrán tirar el respaldo del pueblo hacia el presidente AMLO ni a la reforma eléctrica y electoral que estamos por aprobar”. 

Muy seguro del respaldo del pueblo no estaba, definitivamente, porque limitó los comentarios en dicho tweet. 

Nos leemos la próxima semana y que este 2022 resulte menos funesto de lo que pinta. Al final los mexicanos ya estamos curtidos para las decepciones.      

 

   

Comentarios


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Es verdad que en ocasiones necesitamos ponernos de acuerdo sobre un objetivo común y el diálogo se constituye en un medio para lograrlo. Se considera como un valor esencial el “estar abierto al diálogo” en cualquier situación de conflicto de intereses.   No obstante, es frecuente que en la resolución de conflictos se crea que la apertura al diálogo es la solución del problema en sí mismo. Estrictamente eso no es así, incluso, el descubrimiento de la verdad, producto de un auténtico diálogo, puede llevar a más desacuerdo o a un alejamiento de tipo práctico en donde ya no se puede poner uno en la misma sincronía con las personas con las que se dialoga. En Bioética, y en ética en general, esto es frecuente. Si, por ejemplo, hay una discusión sobre la prohibición o no de la eutanasia se llega a pensar que se necesita un “debate abierto y plural”. La cuestión es que el fin de realizar dicho debate es encontrar la verdad. La búsqueda de la verdad implica en primer lugar el reconocer que existe la misma. Se debe dejar de lado el “pensamiento débil” de que todo es opinable, entendido esto último, como una renuncia a la verdad, quedando sólo la imposición del más fuerte: el que tiene más difusión, el que es más conocido en el ámbito de una disputa,  entre otros factores.   Lo anterior no elimina las dificultades en el diálogo. En temas éticos existen  zonas “grises” en donde surge la perplejidad moral: tenemos en mente normas universales que nos parecen claras en cuanto su contenido verdadero, pero al querer aplicarlas a casos concretos se desvanece la claridad de su aplicación. Por ejemplo, la proposición “Todos tenemos derecho a la vida” se vuelve obscuro en los casos de la atención al final de la vida: si alguno por su voluntad propia o la de otros suspende un tratamiento médico por falta de presupuesto, ¿atenta contra su vida? O incluso con mayor precisión ese “derecho a la vida” se ve frustrado cuando existe un tratamiento para atender una enfermedad, pero que no encuentra, por ejemplo, en el sector público de atención sanitaria o sencillamente está agotado en el mercado. ¿Qué tanto es injusto? En abstracto parecería que debe de disponerse de todos los medios de salud, pero en la práctica hay que tomar decisiones de racionalidad en la distribución de recursos. No se puede tener todo. No obstante lo anterior, nos podría hacer pensar que entonces se comete una injusticia. O dicho de otro modo, que es verdad que se comete una injusticia.   De nuevo surge la idea de diálogo. ¿Acaso el crear una “mesa de diálogo” resuelve la cuestión? Si se deja todo al diálogo queda claro, en el último ejemplo señalado, que el asunto no se resuelve. Se resuelve con acción. Esa acción por supuesto debe ser guiada por la verdad, pero no sustituye el razonamiento práctico de adecuar el valor, en este caso de justicia, con la realidad. Dicho en otros términos: el diálogo por el diálogo es estéril si no está comprometido a reconocer la realidad. Si se establece el “diálogo” como una lucha de egos, en donde lo importante es imponer mi visión, sin contrastarla con la realidad y sin estar dispuesto a modificar la opinión propia ante la presencia de las evidencias que se descubren con la observación y el razonamiento, se convierte en un acto inútil.  Una primera regla práctica antes de iniciar un diálogo es que entonces admitamos que existen verdades y que las mismas son accesibles al hombre. Lo anterior implica una auténtica humildad ante la realidad: reconocer que solo, no puedo descubrir todas las aristas de un problema. El dialogar, si es auténtico, implica apertura a las razones de todos los involucrados. 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