Hasta en las democracias hay niveles

Democracia: Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo que la ejerce directamente o por medio de representantes.

20 de febrero, 2024

Dijo Big Boss hace rato en su programa, y dijo bien, que la democracia es como una salchicha: una combinación de todo tipo de elementos que al final parece algo saludable. Claro que la democracia es diferente para cada quién, igual que lo son los derechos y los privilegios.

La concentración en el Zócalo capitalino del domingo pasado de repente me pareció un intento de récord Guinness o una fiesta de Barbie. Afortunadamente este evento permitió manifestarse a un buen sector de la sociedad que no había tenido necesidad de quejarse antes por nada. Y no porque no pasara nada sino porque nada les afectaba a ellos.

Marchar es sin duda una actividad legítima y honesta en la que la ciudadanía ejercemos nuestro derecho a opinar y demandar lo que nos parece injusto y arbitrario. En México millones de mexicanos hemos marchado en este mismo espacio por causas diversas: exigencia de las mujeres por justicia y visibilidad, demanda de la comunidad LGBTTTIQ+ al respeto a sus derechos, el grito del Ejército Zapatista de Liberación Nacional después de años de silencio y abuso. También llegó Francisco I. Madero por la antigua calle de Plateros. Marchan obreros, madres de personas desaparecidas, desempleados, víctimas de injusticias sociales, ciudadanos hartos de la inseguridad, maestros, sindicatos. Estudiantes marcharon en Tlatelolco pidiendo atención a sus demandas y encontraron a cambio balas y tortura.

Hemos marchado ya por la democracia, pero en ese tiempo no nos llamamos sociedad civil marchando por el derecho a la verdad y a la libertad, cuando solicitó el pueblo el recuento de los votos en el famoso ¡Voto por voto casilla por casilla! No fue como ayer, aquella vez se les llamó rebeldes, rijosos, manipulados, borregos, necios, en unas elecciones marcadas por las irregularidades y las imprecisiones en las que se discutía la presidencia por un 0.56 % de diferencia no había razón ni lógica en la demanda. 

Millones de ciudadanos inconformes demandábamos lo más legítimo en un caso tan delicado: volver a contar los votos. Yo puedo hablar por mi experiencia personal. En ese tiempo fui ciudadana de casilla en mi colonia, donde por amplio margen había ganado Andrés Manuel López Obrador. Yo misma llevé la urna sellada al IFE como parte del proceso y volví a casa feliz y satisfecha de haber cumplido con mi deber ciudadano. Pero a los dos días había otra sábana colgada en la puerta de la escuela en donde estuvo la casilla con resultados completamente distintos. Yo me ofrecí como observadora en el recuento de una de las poquísimas casillas que permitieron abrir para volver a contar y efectivamente los votos estaban mal contados. Pero no, aquella vez fue distinto, aquella vez fuimos un peligro para México, una amenaza para la paz, unos violentos que queríamos destruir el orden y poner en riesgo a toda  la ciudad.

Porque sin duda en este país los términos tienen significados distintos dependiendo del estrato social y del color de piel de la gente que los utiliza. Porque aquí todos odiamos el populismo cuando no nos beneficia a nosotros, señalamos la corrupción cuando la cometen otros, defendemos las oportunidades solo para los nuestros, porque no es lo mismo un jovencito de sociedad que no encuentra trabajo porque no hay sueldos acordes a su preparación que un Nini que no hace nada y que le estira la mano al gobierno, como tampoco merecen las personas de la tercera edad ni las madres solteras apoyos y es mucho más indignante que se destine el dinero de nuestros impuestos a mantener “Flojos” que enriquecer bolsillos de políticos y empresarios que no superan tener que pagar sus impuestos y las cuentas de Luz de sus negocios.

Aquí los inconformes llegan en autobuses de lujo y obtienen gorras y camisetas alusivas pero de ninguna forma son acarreados. Aquí el bienestar cambia de significado y el flojo es flojo y el pobre es pobre porque quiere pero el rico que es flojo y que vive de los privilegios familiares lejos de reconocer su suerte se indigna ante la demanda del pueblo por igualdad de oportunidades.

El voto y la preferencia política es sin duda lo más personal, incuestionable e intransferible que tenemos, algo por lo que estamos dispuestos a pelear como por nuestras vidas y a defender sin ningún tipo de negociación ni de oportunidad al diálogo. Es algo tan legítimo y propio como el ADN y por eso los seres humanos nos hemos dividido desde siempre y así será para siempre, la guerra entre liberales y conservadores con cualquiera que sea el nombre y la causa que etiquetemos a cada partido podríamos cambiar lo que fuera menos nuestro razonamiento y jamás reconoceríamos otro tipo de verdad. Y así hemos atravesado por la historia llamándonos buenos y malos, liberales y conservadores, neoliberales y revolucionarios, chairos y fifís, conscientes gente de bien y mugrosos nacos.

Río revuelto, ganancia de pescadores

Y aquí andamos todos poniéndonos solitos de carne de cañón por intereses de los que solo nos vamos a sentir partícipes de corazón porque dudo mucho que nos beneficien en algo. No pasa nada si un candidato dijo en cadena nacional que sería presidente “Haiga sido como haiga sido” ni que se haya demostrado abiertamente el apoyo a las campañas por parte del narcotráfico o la compra de votos. No pasó nada cuando se cayó el sistema ni cuando se les retiraron credenciales para votar a obreros, trabajadores y empleadas del hogar bajo amenaza de despido, eso no fue de ninguna forma un atentado a la libertad ni a la democracia, por eso no era legítimo indignarse.

Pero marchar y defender una causa es sin duda una de las actividades más dignificantes y justas de las que puede participar un ciudadano común. Caminar, levantar el puño, pedir justicia, conocer la calle es un acto de valor y solidaridad sea cual sea la causa pues todas y cada una obedecen a una necesidad humana.

Ahora se marcha aún sin saber cuál es la causa real, en una marcha híbrida en la que nos quejamos por todo y atacamos todo y está bien, en una marcha en la que se trata de no hablar de candidatos pero todo habla de candidatos, con colores y distintivos pero que asegura ser una demanda de la legítima y merecedora sociedad civil que no está muy clara en lo que defiende pero sí en lo que ataca y no tiene mucho que ver con el riesgo a que la verdadera democracia que no se ha visto amenazada y en la que hasta el día de hoy está claro que ha defendido y observado todas las elecciones en México en las que muchas veces de forma no muy honesta a ganado quien más votos ha tenido. 

Una sociedad que se defiende aguerrida de una dictadura que les permite sin problema manifestarse con toda libertad en frente de su sede, que acusa prohibiciones y ausencia de libertad de expresión mientras grita lo que quiera con información sustentada o no e insulta al gobierno y a sus simpatizantes llamándolo por su nombre con todo tipo de vituperios y adjetivos denostativos  en cadena nacional y sin ningún riesgo de censura, pero que habla de comunismo y asegura nos estamos convirtiendo en Venezuela.

Afortunadamente aquí sí tenemos todos derecho a expresarnos aunque no todos lo reconozcamos como un avance y yo por eso lo hago con la plena conciencia de que estoy en mi derecho me asista o no  la razón.

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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