Joseph J. Gonzalez Associate Professor of Global Studies, Appalachian State University
Las imágenes de Nicolás Maduro esposado y siendo escoltado a un centro de detención de Brooklyn sin duda habrán incomodado a los líderes políticos de La Habana.
“Cuba va a ser algo de lo que acabaremos hablando”, afirmó el presidente Donald Trump pocas horas después de la operación del 3 de enero de 2026 para capturar al presidente venezolano. El secretario de Estado, Marco Rubio, se hizo eco de la advertencia de Trump: “Si viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado”.
Como historiador de Estados Unidos y Cuba, creo que las relaciones de Washington con La Habana han entrado en una nueva fase bajo la administración Trump. Atrás quedaron el “deshielo cubano” de Barack Obama y las sanciones menos restrictivas de Joe Biden. En su lugar, la administración Trump aparentemente ha adoptado una política de cambio de régimen mediante la máxima presión.
Si esta administración se sale con la suya, 2026 será el último año del régimen comunista en Cuba, y pretende lograrlo sin la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses.
“No creo que necesitemos (tomar) ninguna medida”, dijo Trump el 4 de enero. Y añadió: “Cuba parece estar lista para caer”.
El amigo con derecho a roce de Cuba
Puede que Trump tenga razón. La captura de Maduro ha supuesto la pérdida efectiva del aliado más cercano de Cuba. El predecesor y mentor de Maduro, Hugo Chávez, era un admirador declarado del líder revolucionario cubano Fidel Castro.
Poco después de asumir el poder en 1999, el Gobierno de Chávez comenzó a suministrar petróleo en condiciones favorables a Cuba a cambio de médicos y, finalmente, la formación de las fuerzas de seguridad de Venezuela. No fue una coincidencia que 32 de los agentes de seguridad muertos mientras defendían a Maduro del avance de las fuerzas estadounidenses fueran cubanos.
Maduro sucedió a Chávez como presidente en 2013 y continuó con el apoyo del país a Cuba. En 2022, un miembro de la oposición venezolana afirmó que Caracas contribuyó con 60 000 millones de dólares estadounidenses a la economía cubana entre 2002 y 2022.

La generosidad de Maduro resultó insostenible. A principios de la década de 2010, Venezuela entró en una grave crisis provocada por la mala gestión económica, una dependencia excesiva del petróleo y las sanciones de Estados Unidos.
El apoyo de Venezuela a Cuba se redujo a un goteo en 2016. No obstante, el Gobierno de Maduro ha seguido suministrando petróleo a Cuba en secreto, eludiendo las sanciones estadounidenses, en cantidades muy inferiores a las necesidades de Cuba.
Tiempos difíciles en Cuba
La penuria de Venezuela y la presión de Estados Unidos hacen que los cubanos estén sufriendo privaciones a un nivel no visto desde el “período especial” de crisis económica que vivió el país entre 1991 y 1995, provocado por el colapso de la Unión Soviética y el fin de las generosas subvenciones del bloque.
Desde 2020, el PIB de Cuba se ha reducido en un 11 %, mientras que el valor del peso cubano sigue cayendo.
Los cubanos ya no tienen electricidad fiable ni acceso al agua. Las enfermedades transmitidas por mosquitos, que antes eran poco frecuentes, ahora están muy extendidas porque el gobierno no puede permitirse rociar pesticidas.
Para colmo, el sistema sanitario solo proporciona la atención más básica, y los hospitales tienen pocos o ningún medicamento.
Mientras tanto, las producciones industrial y agrícola han disminuido drásticamente, al igual que las importaciones de alimentos. Y aunque todavía no se ha producido una hambruna, la inseguridad alimentaria ha aumentado, con la mayoría de los cubanos sometidos a una dieta limitada y saltándose comidas. La delincuencia también se ha vuelto habitual en las calles de Cuba, que antes eran seguras.

Desde que tomó el poder Maduro, la administración estadounidense ha esbozado políticas que parecen destinadas a aumentar la presión económica sobre Cuba y provocar un cambio de régimen. Por ejemplo, Estados Unidos ha dejado claro que ya no permitirá que Venezuela suministre petróleo a Cuba.
Al parecer, el Gobierno espera que, sin petróleo, el Gobierno cubano simplemente se derrumbe. O tal vez Trump espera que los cubanos, tan frustrados como están, derroquen a sus amos comunistas sin la ayuda de Estados Unidos.
Un régimen sin apoyo popular
En cualquier caso, el razonamiento de la administración tiene un posible fallo: los comunistas cubanos han sobrevivido a crisis como estas durante más de 60 años. Sin embargo, hay pruebas de que, a medida que la economía cubana se deteriora, también lo hace el apoyo al régimen.
Desde 2020, más de un millón de cubanos han abandonado el país, principalmente hacia Estados Unidos y países de habla hispana. Un colega cubano con acceso a investigaciones del Gobierno me dijo recientemente que la cifra se acerca más a los dos millones.
Y los que se quedaron tampoco están más satisfechos.
Cuba protesta en las calles
En una encuesta de opinión pública de 2024, una abrumadora mayoría de cubanos expresó su profunda insatisfacción con el Partido Comunista Cubano y el liderazgo del presidente Miguel Díaz-Canel.
Los cubanos también han llevado sus quejas a las calles. En julio de 2021, estallaron protestas en toda Cuba, exigiendo más libertad y un mejor nivel de vida. El Gobierno encarceló rápidamente a los manifestantes y los condenó a largas penas de prisión.
No obstante, las protestas esporádicas han continuado, a menudo de forma rápida y sin previo aviso, provocando una dura represión. En particular, el movimiento San Isidro, formado en 2018 para protestar contra las restricciones a la expresión artística, cuenta con un fuerte apoyo entre los jóvenes cubanos.
Cambio de actitud hacia Estados Unidos
A medida que los cubanos se han ido volviendo en contra de su Gobierno, se han vuelto más receptivos a Estados Unidos.
Durante mi primera visita en 1996, los cubanos culpaban al embargo estadounidense, en vigor desde principios de la década de 1960, de las privaciones que sufrían durante el “período especial”. Sin embargo, en la última década, he oído a los cubanos –al menos a los menores de 50 años– expresar más ira hacia su Gobierno que hacia el embargo estadounidense.

No nos equivoquemos: los cubanos quieren que termine el embargo estadounidense. Pero ya no creen en el intento de su Gobierno de culpar a Washington de todos los problemas económicos y políticos de Cuba.
Parte de este cambio se debe a la extraordinaria emigración de cubanos: todos los cubanos que conozco tienen un familiar o un amigo en Estados Unidos. Internet también ha ayudado: ahora los cubanos pueden leer noticias extranjeras en sus teléfonos.
¿Liberadores bienvenidos?
Desde la captura de Maduro, he enviado mensajes a amigos en Cuba para evaluar el estado de ánimo. Todos menos uno de los seis amigos cubanos con los que logré contactar me dijeron que estaban receptivos a la intervención de Estados Unidos en Cuba, siempre y cuando eliminara el régimen que les hace la vida imposible.
Un amigo dijo: “Si los yanquis aparecieran hoy, la mayoría de nosotros probablemente los recibiríamos como libertadores”.
Es cierto que mi muestra es pequeña. Pero estas reacciones, procedentes de cubanos relativamente privilegiados que trabajan tanto en el sector privado como en el público, no pueden ser buenas noticias para lo que queda del régimen de Castro.
This article was originally published in English
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