Ante los hechos sucedidos en días recientes en varios estados de la República, tras la detención y el fallecimiento de “El Mencho”, es inevitable pensar en una clara ausencia de Estado. No, no me refiero a las fuerzas de seguridad pública preparadas para contener la violencia contra la población civil. México es un país fragmentado y cooptado por el crimen organizado, que mantiene control sobre 40% del territorio nacional.
Lo que se vivió el pasado domingo puede continuar en días o semanas próximas. Sabemos en qué país estamos y el tipo de riesgos a que estamos expuestos. No vivimos una sorpresa de terror, sino el recordatorio de lo cerca que estamos de ser un narcoestado o un estado fallido. En medio de una guerra entre cárteles.
Ante un escenario de violencia en las calles y venganza por la muerte de un líder criminal, es de llamar la atención que en el gobierno de las mañaneras diarias, vemos a la presidenta presente cada mañana. Presencia en la que se reparten dádivas entre sus clientelas electorales, pero de fondo tenemos gobernantes ausentes e indiferentes a la tragedia. A esto le llamo un estado paternalista ausente. Un desgobierno en el cual la tragedia se ataca con distracción y minimización de hechos.
¿Dónde está nuestra jefa de Estado a la hora de mandar condolencias y protección militar para la ciudadanía? Hasta dicen que salió de negro en luto por “el Mencho”. La misma presidenta que amuralla el palacio ante cualquier marcha, que no envía condolencias a los muertos del rancho Izaguirre y se niega a la fecha a recibir a las madres buscadoras.
Cuando el gobierno prefiere amortiguar el impacto mediático de una aterradora realidad, antes que mostrar solidaridad y actuar con firmeza para la protección de sus ciudadanos, lo que tenemos es un circo de imagen pública y no un grupo de gobernantes capaces de hacer frente a una crisis nacional grave.
Para el día martes, la mayoría de negocios y escuelas retoman sus labores diarias. Los narcobloqueos parecen disminuir y lo que por unas horas parecía el inicio de un culiacanazo con más potencia, en este momento es simplemente un momento de incertidumbre y amargura.
Cabe cuestionar si el cártel está esperando a que las autoridades y la población bajen la guardia, para entonces retomar las olas de violencia contra la población. En este momento tenemos al mismo México fragmentado y doliente en el que la mayoría del territorio vive la violencia como un pan de cada día.
En este escenario, me gustaría ver a un gobierno con la determinación, el valor y el coraje de hablar con la verdad y enfrentar las cosas como son. No una que intenta aparentar lo más posible que “no es tan grave”, como si sentir miedo y cuestionarse vivir en tu país fuera radicalismo.
No es radicalismo cuando, tras la detención del criminal más buscado del mundo, surgen por doquier camionetas blindadas y grupos con armamento pesado, que no son de la Guardia Nacional, sino los del Cártel Jalisco Nueva Generación.
México necesita gobernantes serios, capaces de abrazar al pueblo y dar balazos al criminal.
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