En 1988 se publicó el libro HERIDAS QUE NO CIERRAN en la colección e Política Mexicana de Editorial Grijalbo, entonces dirigida por Aldo Falabella Tucci.
En ese libro, que con mis dos hijos hombres (Julio y Rodrigo) dediqué a todos los niños de México, para que, a través de la enseñanza de nuestra historia, tuvieran el México completo que no se les debe negar, demostré legalmente la nulidad del Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Esa nulidad se desprende de los artículos II, III y IV del texto del tratado, en el que consta que lo aceptamos, lo firmamos y lo ratificamos estando invadidos por las fuerzas armadas de Estados Unidos, y bajo la amenaza de mayor violencia y pérdidas aún mayores.
El 29 de mayo de 1969 se firmó la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, cuyos artículos 52 y 64 establecen lo siguiente:
52. COERCIÓN DE UN ESTADO MEDIANTE LA AMENAZA O EL USO DE LA FUERZA. Todo tratado cuya celebración se haya obtenido mediante la amenaza o el uso de la fuerza en violación de los principios de derecho internacional incorporados en la Carta de las Naciones Unidas ES NULO.
64. SURGIMIENTO DE UNA NUEVA NORMA PERMANENTE DE DERECHO INTERNACIONAL GENERAL (“JUS COGENS”). Si surge una nueva norma imperativa de derecho internacional general, cualquier tratado existente que entre en conflicto con dicha norma SE VUELVE NULO Y TERMINA.
Los Artículos II, III y IV del Tratado de Guadalupe Hidalgo constituyen una confesión espontánea por parte de Estados Unidos de que, al sernos impuesto, estábamos invadidos y bajo coerción.
Los ejércitos bajo el mando de Winfield Scott habían izado la bandera de Estados Unidos sobre el Palacio Nacional y ocupaban nuestro territorio desde el norte hasta la capital de la república.
Las fuerzas navales bajo el mando del Comodoro Matthew Perry mantenían un bloqueo de nuestros puertos en ambas costas.
Aquí es oportuno citar las palabras del senador Thomas Corwin en su discurso del 11 de febrero de 1847 ante el Congreso de los Estados Unidos, cuando dijo:
“…pueden robarle estas provincias a México mediante esta guerra; podemos retenerlas por el derecho del más fuerte; ustedes pueden robarlas, pero un tratado de paz que legitime su despojo, firmado libre y voluntariamente por el pueblo de México, nunca lo tendrán.” (1)
¿CUÁLES SERÍAN LAS CONSECUENCIAS DE IMPONER ESTA NULIDAD?
Según el Artículo 71 de la Convención de Viena, estos territorios no nos serían devueltos vacíos ni desocupados; PERO Estados Unidos no podría deportar a nuestros compatriotas ni impedirles residir en estos territorios que siguen siendo nuestros.
Tendríamos que encontrar una solución humanamente viable, tanto para nuestros hermanos como para los residentes no mexicanos que tienen sus hogares allí.
FINANCIERAMENTE, Estados Unidos tiene la obligación de indemnizarnos por los daños, perjuicios y daño moral, causados a México desde 1836 hasta la fecha.
México puede emitir certificados financieros por el monto estimado de la compensación a la que tenemos derecho y podríamos colocarlos en los muchos mercados de valores, ofreciéndolos a Japón, China y la Unión Europea a un valor atractivo para los inversionistas.
Nuestra deuda ETERNA desaparecería de inmediato.
Ante los acreedores no es lo mismo decir “NO PUEDO PAGARTE” que decir “ME DEBES MUCHO MÁS”.
En derecho, esto se llama compensación. La deuda mayor absorbe a la menor, y la deuda existente a favor de México y a cargo de quienes nos despojaron permanecería vigente para nuestro beneficio.
El Artículo 64 de la Convención de Viena transcrito lineas arriba, no deja lugar a dudas.
Benito Juárez no era un iluso. Por eso cito un pasaje de su carta a Matías Romero, en la que decía:
“Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza. Si la Francia, los Estados Unidos o cualquiera otra nación se apodera de algún punto de nuestro territorio y por nuestra debilidad no podemos arrojarlo de él, dejemos siquiera vivo nuestro derecho PARA QUE LAS GENERACIONES QUE NOS SUCEDAN LO RECOBREN”.
El hoy senador Gerardo Fernández Noroña desde la tribuna del Congreso se refirió a HERIDAS QUE NO CIERRAN, apoyando la propuesta que presenté en 1988.
Fernández Noroña parece responder al llamado de Benito Juárez, hecho a esas generaciones de mexicanos, al hacer valer nuestros derechos, para recobrar lo que nos pertenece.
Al responder al llamado de Juárez elevando su voz desde la tribuna del Congreso, Fernández Noroña responde al mensaje final del Senador Thomas Corwin cuando dijo:
“Lavémonos las manos de la sangre mexicana, y en estos altares, en presencia del padre fundador de los Estados Unidos, que nos contempla desde su altura, juremos preservar una paz honorable con México, en eterna fraternidad común”.
Termino estas líneas transcribiendo el último párrafo de mi libro THE COMEBACK RIVER:
“La reconciliación arde en nuestros corazones; todo lo que permanecía oculto ha quedado al descubierto ante nuestros ojos.
“Siento el dolor de aquella terrible guerra llegando a su fin. La noche nuevamente tiene el perfume de la renovada fragancia del rio, ya libre de veneno, fluyendo tranquilamente hacia el océano, coronado por puentes, adornado por guirnaldas”.
Es hora de que cierren las heridas.
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(1) El discurso on the Mexican War fue pronunciado por el Senador Thomas Corwin del estado de Ohio en defensa de Mexico y acusando al Presidente James Polk de los Estados Unidos de ser responsable de una agresión cuyo único propósito era lucrar y robarle territorio a México.
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