Directo de la Cuarta Transformación llega la elección judicial federal marca “populismo” para renovar Jueces, Magistrados y Ministros, una elección de mala calidad constitucional, de imitación democrática, de selección de candidatas y candidatos por tómbola, o sea una elección que proviene de una reforma con irregularidades y sin consensos legislativos, la cual tuvo que haber sido suspendida y declarada inconstitucional porque atenta con la división de poderes, la autonomía judicial, pone en riesgo la impartición de justicia y la protección de los derechos humanos de las y los mexicanos.
Esta reforma judicial federal marca “populismo” concretará el capricho y el revanchismo del expresidente Andrés Manuel López Obrador en contra del Poder Judicial de la Federación, auspiciada por la actual Presidencia de la República, el débil Instituto Nacional Electoral, Morena y sus aliados, marcando mayoritariamente el inicio de un modelo judicial al servicio del poder político dominante sin matices, lo que traerá una crisis de credibilidad y legitimidad para quienes impartirán justicia, afectando directamente a las y los perfiles que genuinamente y sin apegos partidistas están buscando ser Jueces, Magistrados y Ministros.
Por ello, es preocupante que este nuevo modelo de impartición de justicia obligue a las y los candidatos a Jueces, Magistrados y Ministros a convertirse en aspirantes a políticos profesionales, situación que los pone por ese simple hecho en un estado de baja credibilidad, debilitándolos frente a la ciudadanía y la opinión pública. Recordemos que las y los políticos son impopulares por el hecho de serlo con una aceptación generalizada del 30% a nivel nacional.
En consecuencia, ahora las y los impartidores de justicia que integren al Poder Judicial Federal y en los estados será más importante preparar sus campañas electorales judiciales y estar apegados a los partidos políticos en el poder, que él estudiar la ley, la doctrina, las tesis, las jurisprudencias y las resoluciones convencionales, por lo que esto lastimará notablemente los intereses reales de la justicia y el Estado de derecho que tanta falta le hace a México.
Es así que este 1º de junio habrá quienes piensen que México estará dando pasos firmes a la real democracia, pero en realidad se estará dando pasos firmes a la caída de la democracia, al populismo y al acercamiento de un feroz autoritarismo, iniciando un capítulo negro en la vida institucional de nuestro país. Donde el equilibrio de poderes existirá solo en el papel y será testimonial, porque los partidos políticos que representan a Palacio Nacional y a la mayoría de los gobiernos estatales tendrán representación y el control de los tres Poderes de la Unión.
Por todo lo anterior, se esperan incalculables negativos en materia política, económica, social y en la misma impartición de justicia de nuestro país, la cual será más política que jurídica, quebrando la naturaleza del ideal constitucional de justicia, como lo es, la certeza y la imparcialidad.
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