El reconocimiento del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, sobre “el dolor y la injusticia” sufridos por los pueblos originarios de México durante la Conquista y la Colonia, pretendía ser un gesto diplomático de empatía. Pero el intento de tender puentes con América Latina terminó convirtiéndose en un vendaval político dentro de España.
Las palabras de Albares se dieron en el marco de la inauguración de la exposición: La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, el ámbito humano, un homenaje a la riqueza y diversidad de las culturas originarias. Lo que debía ser un acto cultural terminó abriendo un debate sobre la memoria histórica española.
Las declaraciones del ministro provocaron una ola de críticas de la derecha, que lo acusó de mancillar la historia nacional y hasta exigió su dimisión. El líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, fue el primero en reaccionar: “Yo no me avergüenzo de la historia de mi país. Me avergüenzo de la actualidad a la que nos condena este gobierno”.
El mensaje fue amplificado desde la Comunidad de Madrid, donde el vocero Miguel Ángel García Martín, mano derecha de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, calificó al ministro como “el peor representante que ha tenido nuestro país” y exigió que “se retracte de forma inmediata”. El tono recuerda los choques de 2021, cuando Ayuso defendió con orgullo “la civilización que llevó España a América”, en respuesta a las demandas de disculpa del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.
A las críticas se sumó el exministro José Manuel García Margallo, quien consideró el gesto de Albares un “error estratégico” y advirtió que “la política exterior no puede construirse sobre agravios simbólicos ni sobre falsificaciones históricas”.
Mientras tanto, en México, la presidenta Claudia Sheinbaum celebró las palabras del ministro español y las describió como “un primer paso” hacia el reconocimiento de las injusticias cometidas durante la Conquista. “Es importante. Es la primera vez que una autoridad del Gobierno español lamenta la injusticia hacia los pueblos originarios. El perdón engrandece a los gobiernos y a los pueblos, no los humilla”, declaró la mandataria desde Palacio Nacional.
Pero más allá de la disputa coyuntural, el episodio evidencia una fractura más profunda: la batalla por el relato histórico de España. Para algunos, reconocer los abusos coloniales es un paso necesario hacia una relación más madura con América Latina. Para otros, equivale a pedir perdón por la identidad misma del país.
En tiempos en que potencias como Reino Unido y Bélgica revisan sus pasados coloniales, España se resiste a hacerlo sin fisuras. El intento de Albares por reconciliar historia y diplomacia terminó mostrando que, cinco siglos después, la Conquista sigue conquistando titulares.
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