Las peticiones, por demás absurdas, respecto a unos “perdones” por parte de los gobiernos de la 4T (México) a España con motivo de hechos acaecidos hace más de medio milenio (la conquista) tienen un real y también justificable trasfondo. Sí, desde luego que los abusos de empresas ibéricas como IBEDROLA y OHL, que por cierto la administración pasada desterró (con la ley en la mano), pero también y quizás con más peso, al entrometimiento cínico e ilegal que protagonizó el expresidente del gobierno español José María Aznar, del derechista PP (Partido Popular) en las elecciones presidenciales del año 2006, donde lo mismo se le miraba y escuchaba desde en actos públicos hasta en sopts televisivos. A la postre, tal vez sin esa injerencia violatoria de uno de nuestros más básicos principios constitucionales (la no intervención y la libre autodeterminación de los pueblos) el hoy movimiento en el poder habría ganado la Presidencia.
Y es que, vamos, no se trató de cualquier elección, de entrada, la más desaseada en la Historia de México. ¿Por qué? Simplemente porque el país contaba ya con un entramado constitucional que suponía blindar los procesos electorales; no fue así en esa ocasión, y peor aún: el triunfador de apellido Calderón resultó ser el autor intelectual de una guerra absurda y además carente de diagnóstico alguno, que tiene todavía hoy al país sumido en un conflicto armado lleno de horrores, luto y lágrimas. Y lo peor: hoy se sabe que ese gobierno inició esa guerra como parte fundamental de uno de esos grupos criminales, de tal suerte que su segundo de abordo purga una condena en una pequeña, fría e insalubre celda en una prisión de máxima seguridad en los Estados Unidos, resultando en una pésima broma el pensar que el expresidente Felipe Calderón no sabía de los negocios criminales de su colaborador, amigo y socio.
Así que allá en España, cuando se vean los lloriqueos por dichos pedidos de perdón, que se informen de todo el contexto contemporáneo, y luego entonces se sometan a un examen de conciencia para así poder comprender el panorama completo. Es decir, me es imposible visualizar a un Andrés Manuel López Obrador haciendo campaña político-electoral en España, ni a él ni a ningún otro mexicano, faltando a todo principio jurídico de la constitución española, país al cual México siempre ha guardado un incuestionable y profundo cariño y respeto, que en el caso de Aznar 2006 no pudo carecer de menos reciprocidad.
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