El grito de Obrador

¿Qué nos dejaron las recientes fechas patrias en cuanto a la política se refiere? Fernando Navarrete da cuenta de ello con su singular estilo.

20 de septiembre, 2022

Como ha sucedido durante toda esta administración, lo que se puede resumir del “grito” de independencia no resultó sino meramente anecdótico. Por un lado, acompañando al licenciado estuvieron Evo Morales, José Mujica, Aleida Guevara (hija de Ernesto Guevara) y el padre y hermano de Julian Assange, Gabriel y John Shipton. 

Por otro lado, para ponerle algo de variedad al asunto el Único decidió agregar varias frases a la tradicional arenga patria, los “muera” además de los tradicionales “viva”.  Una de ellas fue “Muera la Corrupción”, pero para sorpresa de todos, hasta el momento de escribir estas líneas se reportaba que tanto Claudia Sheinbaum como José Ramón López Beltrán, Rocío Nahle, Manuel Bartlett, Adán Augusto López, Gertz Manero, Santiago Nieto y demás miembros del partido en el poder se encontraban bien, sin ninguna novedad que resaltar. Quizás lo anterior se debió a que el Preciso se refirió a la corrupción como concepto y no como práctica corriente. 

También gritó la frase “Muera el clasismo”, aún y cuando las clases menos favorecidas en este gobierno han sufrido más que en cualquier sexenio anterior, carentes de estancias infantiles, de refugios para mujeres, de medicamentos para todo tipo de padecimientos (sobre todo los especializados como el cáncer), el encarecimiento de precios de productos y servicios, con un servicio de transporte público mortal por decir lo menos, como en la Ciudad de México y otros muchos etcéteras. A lo mejor el clasismo al que se refería era más cercano al de los usuarios en redes criticando a Tenoch Huerta por su mal estado físico para interpretar a Namor en el universo Marvel y menos, a la realidad de millones de personas en el país. 

Lo que también es cierto es que entre su forma de sentarse durante el desfile militar y el lapsus que tuvo la noche del 15 en el balcón de Palacio Nacional, del cual tuvo que sacarlo Beatriz, al Líder se le ve bastante desmejorado. 

Además de lo anterior, el Licenciado se aventó a decir esta semana que si los líderes mundiales desechan su “plan de paz” es por intereses sectarios, de élite. 

Lamentables declaraciones dado que la élite en este caso es el pueblo ucraniano que desea ser libre y no ver su territorio ocupado por el ejército ruso a las órdenes de Putin. Claro está que, si consideramos además que las bajas del ejército ruso se sitúan entre los 70 000 y 80 000 soldados (muertos y heridos) y los homicidios en lo que va de la administración morenista se sitúan por encima de los 130 000 connacionales, no es como que el Supremo pueda hablar mucho al respecto. Hasta Podoliak, el asesor del presidente Zelensky, salió a decir que deje de intentar hacer relaciones públicas internas con un tema que nomás no se le da. 

Lo anterior, mientras el canciller Marcelo Ebrard andaba de paseo por Inglaterra con motivo del funeral de la reina Isabel II, tomándose selfies como quinceañera buscando subir sus likes de Instagram acompañado de su esposa Rosalinda Bueso. Otra semana que transcurre en el país más normal del mundo. 

Nos leemos próximamente.

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La pérdida del respeto al trabajo y a su resultado, la falta de respeto por la vida del otro, de sus bienes y sus recursos. Es consecuencia también de las recurrentes y profundas crisis económicas que empujaron a los jóvenes al desempleo y a los niños a la deserción escolar, de la corrupción y del caso omiso que por años muchos políticos han hecho, emitiendo discursos contrarios que dividen y construyen odio.  Durante años, el discurso político (con su intención didáctica) ha sido la manifestación de poder militar, capitalistas y socialistas desfilan con trajes, tanques y soldados. Pedagogía de la violencia que ha escalado sin límites porque sus generadores no los establecieron.  Las armas que eran exclusivas del ejército hoy están en las calles sin control provocando un entorno violento y generando inseguridad para individuos y familias. El discurso cinematográfico y televisivo de legitimación de la agresividad se transformó en vida cotidiana y la narcocultura reforzó las estructuras didácticas de la violencia primero en un entorno regional que se ha extendido más allá de las fronteras de cualquier nación.  Hemos vivido la industrialización de la cultura de la violencia, se generó adicción elevando la adrenalina de muchos e incorporando a otros a producir para hacer un mercado que consumiera y elevara sus ganancias.   Por momentos pareciera que no conocemos la paz, sin embargo, todos conocemos la paz. Ha sido una experiencia vital para nuestro desarrollo individual y social, por lo tanto, el conocimiento que tenemos de la paz es práctico y personal. Todos hemos trabajado, leído, escrito, disfrutado momentos de paz e inevitablemente consideramos que la normalidad debe ser vivir en paz. Es una necesidad vivir en ella.  Conocer la paz es construir la paz, interior, laboral, familiar y social en general. 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Del neoliberalismo al populismo

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El desafío de la democracia liberal es limitar el poder del capital y de los “hombres fuertes”.

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