El gran problema de la Verdad: ni realidad ni mentiras

Al explorar este tema se trata de averiguar si la verdad existe con independencia de nosotros y nuestras interpretaciones o si se trata de una construcción que inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de...

23 de septiembre, 2022 El gran problema de la Verdad: ni realidad ni mentiras

Una tras otra, esta columna ha ido explorando la complejidad de nuestro momento histórico desde distintos ángulos, y ahora toca el turno a explorar el concepto de “verdad”. A lo largo de las siguientes semanas trataremos de dilucidar si este concepción, tan traída y llevada en nuestra realidad cotidiana, se trata de algo que existe con total independencia de nosotros y lo que pensemos del mundo –y donde nuestra labor consiste descubrirla y defenderla–, o si se trata de una construcción que los seres humanos inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente y nos permite afirmar serenamente: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya” y quedarnos tan tranquilos.  

No descubro el agua tibia si afirmo que la realidad tiene tantos niveles de manifestación y complejidad que asegurar que tenemos acceso a la totalidad, ya no del cosmos en su conjunto, sino tan siquiera un sólo evento aislado, de la historia de un país, del dominio de una ciencia o siquiera de la comprensión de lo que “es” el ser humano resulta un autoengaño y una ilusión. Y por ello, en este escenario de desmesura, resulta natural y prudente preguntarse cómo, entonces, habremos de reconocer lo que es verdad de lo que no lo es. 

Para entender la verdad, descartamos la mentira

Lo primero es aclarar que en esta discusión dejaremos de lado la mentira. Cuando de manera consciente y voluntaria negamos o falseamos una realidad objetiva, justificamos falazmente la intención de un comentario o una expresión, o cuando negamos algo que tenemos la certeza que ocurrió, sabemos que algo es “verdadero” y contaminamos intencionalmente el intercambio comunicativo con independencia de las motivaciones que tengamos para hacerlo. Por eso, en este nivel de la discusión, las mentiras y las fake news quedan excluidas: niegan lo que consideran una verdad, y la intención es averiguar cómo construimos esas verdades, no cómo, una vez que las conocemos, las falseamos. 

Cuando mentimos, quizá queremos defender una posición que consideramos justa e inventamos una estadística que nos respalde (una mentira piadosa por un bien mayor), quizá queremos proteger al otro y mentimos por cariño o negamos una infidelidad para salvarnos a nosotros mismos jurando no volver a cometerla. Quizá queremos sacar ventaja en una negociación y exageramos las ventajas de nuestro producto pero, sea como sea, en todos estos casos se tiene muy claro “cual es la verdad” y lo que se busca es ocultarla o maquillarla, por eso no es la mentira lo que merece la pena analizarse cuando lo que buscamos entender cómo construimos las verdades, que son un paso previo. La mentira se deriva de una supuesta verdad, y se trata de averiguar de donde surge ésta. 

Reflexionar acerca de por qué mentimos, de cuáles son los disparadores que nos llevan a negar, torcer o manipular aquello que sabemos de cierto implica que consideramos que algo es verdadero y tratamos de ocultarlo, lo que nos llevaría por otros caminos. El objetivo aquí consiste en averiguar precisamente si existen conocimientos, conclusiones, valores, argumentos que posean intrínsecamente la condición de verdaderos, sin importar el tiempo o el lugar. Se trata de explorar los mecanismos que usamos para construir aquellas narrativas y relatos que describen con supuesta fidelidad y rigor la realidad, que nos dan certidumbre, así sea desde nuestra perspectiva, acerca del mundo que habitamos y su funcionamiento, así como la forma más eficaz de relacionarnos con los otros. 

“Real” y “verdadero” no son sinónimos

Cometeríamos un grave error si consideramos “la verdad” como sinónimo de realidad. Si bien para muchas cosmovisiones algo es “verdad” porque puedo verlo, medirlo, pesarlo, ubicarlo en el tiempo y el espacio, también identificamos como verdadero algo que hemos convertido en un concepto, aun cuando sea subjetivo. La injusticia, en abstracto, sin duda existe, es verdadera en tanto que todas las culturas y formas de entender el mundo tienen una idea de la justicia y por lo tanto es posible señalar los efectos de su ausencia, pero la construcción concreta de la “injusticia” dependerá de la visión particular de los actos y conductas que se consideran justas. Lo que en una época se consideraba justo –la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente–, en otra deja de serlo, pero siempre en la humanidad se busca alcanzar “la justicia”. Por ello, cuando hablamos de la construcción de narrativas para describir el mundo en que estamos inmersos, la verdad se refiere a la forma específica como interpretamos los hechos, a aquellos relatos con que cada cosmovisión se identifica debido a que explican y le dan sentido a esa visión en particular. 

Por ejemplo, para muchos la diversidad sexual como se entiende el siglo XXI es una “verdad” bajo la que deciden vivir y sobre la cual construyen su moralidad, su ética y sus conductas, pero considerar de manera absoluta que esa visión es la única que ajusta a la “realidad” implica no sólo que todos aquellos humanos que no compartan esta visión están equivocados, mienten o se mienten a sí mismos sino que todos los individuos del género humano, durante los últimos diez mil años, han vivido en la irrealidad. 

Para quienes abrazan la convicción de que la identidad de género no puede estar circunscrita a una comprensión binaria de “hombres y mujeres” y a una sola modalidad de conducta sexual aceptable queda claro que, con independencia de que en términos biológicos existen dos sexos posibles involucrados en el proceso de reproducción, consideran el género como una construcción cultural humana y en tanto tal, la preferencia sexual es diversa. Facebook1, que antes tan sólo daba como opciones para elegir sexo entre hombre, mujer y “es complicado”, a partir de 2014, despliega un menú con más de cincuenta opciones, entre las que pueden encontrarse cisexual, transexual, fluido, andrógino o agéneros. Lo mismo ocurre con la aplicación para citas Tinder,2 que en tiempos recientes, ha agregado a la versión en inglés veintisiete nuevas identidades de género. Pero no se trata de una cuestión meramente anecdótica, pues en un buen número de países existen ya herramientas jurídicas para trasladar la interpretación cultural particular de la identidad sexual al plano de la identidad legal. Sólo por citar algunos casos, a partir de 2018 en Bélgica, Portugal y Luxemburgo existe la “ley de libre determinación de identidad de género3” que permite a los mayores a 18 años cambiar el sexo que aparece en sus documentos oficiales.

Esto implica que esta “verdad” forma parte de la manera de entender la realidad y la existencia de un creciente número de personas. Sin embargo, para muchos otros la sexualidad “correcta”, única aceptable y única reconocida como válida –que bajo una perspectiva de género suele llamársele heteronormativa– se circunscribe a la atracción exclusiva entre hombres y mujeres, biológicamente identificados como tales desde su nacimiento hasta su muerte, otra “verdad” que sirve como fundamento para crear moralidad, ética y conductas que de ningún modo podrían descalificarse como “irreales”. 

Lo que surge son una serie de preguntas: ¿cómo se construye una verdad? ¿Ambas posturas se excluyen mutuamente? ¿Podrían cohabitar? En caso afirmativo, ¿cuál de las dos posturas sería la verdadera? ¿Podrían serlo ambas?

El objetivo de la serie de artículos que comienzan hoy es explorar qué es la verdad y cómo la construimos discursivamente, entendiendo que eso que articulamos en palabras termina por convertirse en realidades sólidas, pero no necesariamente universales y eternas, sino parciales y transitorias. Para llegar a la gran pregunta que no podemos evadir si pretendemos habitar un mundo con paz y una razonable cuota de armonía: ¿cómo conseguir que las verdades parciales cohabiten creando con su interacción una sinergia constructiva?

 

 

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1 BBC News, Mundo, Tecnología, “Las 50 opciones de identidad sexual según Facebook”, 14 de febrero 2014, 

Consulta: 28 junio de 2022

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa

2 El País, Política, Gloria, Rodríguez, Pina, “Tinder amplía las opciones de identidad de género en español por el Madrid World Pride”, 23 de junio 2017.

Consulta: 28 de junio 2022

https://elpais.com/politica/2017/06/20/actualidad/1497976474_475883.html

3 Expansión, Internacional, “Estos son los países que reconocen a las personas trans”, 31 de marzo de 2022

Consulta: 28 de junio 2022

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Si el sistema democrático no resuelve las necesidades básicas de la gente y, al mismo tiempo, nos fugamos hacia las redes sociales porque al darnos sentido de pertenencia e identidad nos brindan seguridad -así sea ilusoria- al atenuar nuestra ansiedad, la política pierde sentido y razón de ser para las personas. Y con ello se devalúa no solamente a los políticos y representantes populares sino a los expertos en gestión y políticas públicas: “es poco probable que los ciudadanos se sientan satisfechos si creen que los expertos están imponiendo su propia agenda, o se dejan llevar por intereses especiales. La desconfianza hacia los expertos alimenta la desconfianza hacia los gobiernos elegidos democráticamente, si no hacia la democracia misma”, señala Antoni Gutiérrez-Rubí, en Gestionar las emociones políticas, al citar al economista francés Jean Pisani-Ferry. En consecuencia, afirma Gutiérrez-Rubí, no debe sorprendernos que las mayorías electorales revaliden a candidatos y propuestas que perjudican a los intereses de quienes los eligieron. A partir de este diagnóstico, el afamado consultor electoral indica que el efecto like le gana al efecto think. Y remata: “Los prejuicios, nunca mejor dicho, anteceden a los juicios”. De ahí la irrelevancia de los “datos duros” para la gente, dominada por sus emociones y sentimientos. Como escribiera Will Storr en La ciencia de contar historias, nuestro cerebro narrador, obvia toda aquella información que contradice a nuestra forma de ver el mundo y acepta solamente aquella que confirma nuestras creencias. En una cita a Eduard Punset, Gutiérrez-Rubí, asienta: “cuando el cerebro percibe una explicación distinta a lo que él cree que no sólo la cuestiona, es que corta los circuitos de comunicación para que no penetre…”. 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Gutiérrez-Rubí parece sugerir que si nos guiamos más por los sentimientos, por el corazón, quizá podamos escapar de la tiranía de los algoritmos, que han medido paso a paso cómo nos comportamos y anticipan cómo vamos a proceder: “…No hay innovación en lo previsible ni en lo inexorable, y necesitamos -más que nunca- nuevas ideas capaces de enfrentar a todo tipo de determinismos que nos paralizan y que reducen la política a un hecho gerencial o notarial del destino, sin ninguna influencia en él y sin capacidad de controlarlo y dirigirlo…estamos atrapados por las soluciones predictivas (hasta en los teclados) y las respuestas automáticas propias de los sistemas informáticos, en ausencia de una elección hecha por el usuario (…) ¡Por favor, más pensamiento emocional y menos inercial!... 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Las organizaciones sociales que se dedican a la prevención, finalmente lo hacen como una reacción a la existencia de un problema que se hace necesario resolver o más precisamente, prevenir. Los bancos de alimentos responden a la necesidad de proveer a otras organizaciones civiles y personas de alimentos en caso de algún problema de la naturaleza, las organizaciones que buscan prevenir sobre el consumo de droga lo hacen a partir de la necesidad de responder al incremento del consumo generando información y actividades para que se prevenga el consumo.  El impacto de las organizaciones civiles en lo referente a la prevención, lo identificamos en al menos en los siguientes cuatro aspectos: 
  1. La contribución a que sea visible el problema social que se ataca, ya que al desarrollar actividades comunicativas permite la circulación de información en las diferentes comunidades. 
  2. Desarrollo de una metodología de la intervención, o en este caso de la gestión de la prevención, que permite el incremento de la experiencia comunitaria en torno al problema que se ataca. 
  3. Generación de una producción de materiales didácticos, que en lo impreso o lo digital, permiten que el problema sea abordado por todos los sectores sociales con muy buenos resultados en el conocimiento que el auditorio adquiere sobre el tema. 
  4. Creación y organización de individuos en torno a un problema que contribuye también, a la generación de liderazgos y a la construcción de interacciones sociales con objetivos específicos. 
Haciendo alusión a uno de los muchos ejemplos, la asociación civil Proyecto Protégeme, dedicada a la prevención de la explotación y el abuso sexual infantil, ha desarrollado una serie de materiales impresos y programas de capacitación sobre el tema. En su lema “llegar antes que el tratante”, identifica un problema y alude a un compromiso que en mucho se cumple si se logra la participación de voluntarios y de ciudadanos que sientan empatía y compromiso por la situación. El mismo ejemplo lo podemos encontrar en organizaciones dedicadas a la prevención de la discriminación o a la prevención sobre el consumo de drogas.  ¿Qué hace falta para mejorar la eficacia de los programas, campañas y en general del trabajo de las diferentes organizaciones sociales en torno a la prevención? ¿Cuáles son los desafíos que se tienen por enfrente?  Un primer aspecto es sin lugar a dudas la participación ciudadana, el reto es lograr una mayor participación ciudadana, lograr generar disposición a integrarse a programas de capacitación para la prevención y a actuar en torno a un objetivo común. Eliminar los prejuicios sobre las organizaciones civiles es básico. 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La respuesta es que tejen un relato que habla a los sentimientos y las cosas que valoran las personas. ¿Qué sienten y valoran la mayoría de quienes vivimos en casi todos los países de la Tierra? La potencia del discurso populista obedece a dos factores: el primero es que conoce los miedos que asuelan al común de los mortales y a esos temores se dirige: la inseguridad (física, patrimonial y económica), la precariedad, la pérdida de estatus… El populismo se alimenta y prospera con nuestros miedos e inseguridades. Guy Standing, en El precariado: la nueva clase peligrosa, escribe: “La inseguridad genera problemas sociales, genera populismos y tensiones geopolíticas. [debemos dar a la gente] seguridad económica y así será menos proclive a apoyar cualquier tipo de política extremista, sea de derecha o de izquierda”. Y añade: “El problema es que el tipo de capitalismo que tenemos ahora es una abominación, porque le entrega todo el poder a una minoría”. El segundo ingrediente es la enorme influencia que ejercen las redes sociales en la estabilidad emocional. Si el mundo real está fuera del alcance y control ciudadano porque el sistema democrático no atiende ni resuelve sus problemas cotidianos (pues degeneró en aristocracia o en plutocracia); en cambio, el mundo virtual parece estar bajo nuestras manos. De ahí el poder de los likes: nos dan sentido de pertenencia y de identidad. Ello explica en parte la adicción que nos generan las redes sociales y, claro, los algoritmos que al predecir nuestra conducta favorecen una relación adictiva (economía de la atención, le llaman). A su vez, las redes favorecen la separación de la gente en grupos que comparten las mismas vivencias y sentimientos. Es decir, refuerzan la segregación y la polarización de las personas. Si el sistema democrático no resuelve las necesidades básicas de la gente y, al mismo tiempo, nos fugamos hacia las redes sociales porque al darnos sentido de pertenencia e identidad nos brindan seguridad -así sea ilusoria- al atenuar nuestra ansiedad, la política pierde sentido y razón de ser para las personas. Y con ello se devalúa no solamente a los políticos y representantes populares sino a los expertos en gestión y políticas públicas: “es poco probable que los ciudadanos se sientan satisfechos si creen que los expertos están imponiendo su propia agenda, o se dejan llevar por intereses especiales. La desconfianza hacia los expertos alimenta la desconfianza hacia los gobiernos elegidos democráticamente, si no hacia la democracia misma”, señala Antoni Gutiérrez-Rubí, en Gestionar las emociones políticas, al citar al economista francés Jean Pisani-Ferry. En consecuencia, afirma Gutiérrez-Rubí, no debe sorprendernos que las mayorías electorales revaliden a candidatos y propuestas que perjudican a los intereses de quienes los eligieron. A partir de este diagnóstico, el afamado consultor electoral indica que el efecto like le gana al efecto think. Y remata: “Los prejuicios, nunca mejor dicho, anteceden a los juicios”. De ahí la irrelevancia de los “datos duros” para la gente, dominada por sus emociones y sentimientos. Como escribiera Will Storr en La ciencia de contar historias, nuestro cerebro narrador, obvia toda aquella información que contradice a nuestra forma de ver el mundo y acepta solamente aquella que confirma nuestras creencias. En una cita a Eduard Punset, Gutiérrez-Rubí, asienta: “cuando el cerebro percibe una explicación distinta a lo que él cree que no sólo la cuestiona, es que corta los circuitos de comunicación para que no penetre…”. La neurociencia, los descubrimientos biológicos, la genética y las matemáticas nos revelan cómo funciona el cerebro humano, de manera que permiten conocer y anticipar nuestra conducta. Esos conocimientos ya se utilizan en la política y en particular en las campañas electorales para inclinar hacia un lado u otro el voto ciudadano. Pero además estamos en la antesala de desarrollar diversos químicos y mecanismos físicos para manipularlo a capricho. El consultor político está vivamente preocupado por ese peligro y llama a una amplia discusión para limitar los alcances de la ciencia. Ya Harari en Homo Deus, se ocupa de esta delicada cuestión y los riesgos de crear superhumanos y humanos de segunda. Al parecer vamos camino hacia un mundo distópico. Por ello Gutiérrez-Rubí propone repensar cómo utilizar los avances científicos y tecnológicos para encauzar las emociones o el corazón de las personas, en beneficio de los ideales morales de la Ilustración y la democracia. Por consiguiente, sugiere poner mayor atención a las emociones en los procesos electorales y políticos, en lugar de enfocarse de manera exclusiva en la ideología, los datos duros y en la expertis de las elites intelectuales y tecnocráticas. Y alude al preámbulo del informe de la Universidad de Stanford, Artificial Intelligence and Life in 2030: “hay que promover urgentemente el debate en torno a las grandes cuestiones que afectarán la equidad y la deshumanización del trabajo y las rentas”. Hoy ya padecemos las consecuencias políticas de las enormes brechas de desigualdad que, como muestra Guy Standing, conducen al populismo y a los radicalismos de derecha e izquierda. Lo grave es que con el avance de la ciencia es viable un mundo distópico en el que, mediante la manipulación de la química y la genética, la humanidad se divida entre los semidioses: los muy ricos, y los zombis: todos los demás. Gutiérrez-Rubí parece sugerir que si nos guiamos más por los sentimientos, por el corazón, quizá podamos escapar de la tiranía de los algoritmos, que han medido paso a paso cómo nos comportamos y anticipan cómo vamos a proceder: “…No hay innovación en lo previsible ni en lo inexorable, y necesitamos -más que nunca- nuevas ideas capaces de enfrentar a todo tipo de determinismos que nos paralizan y que reducen la política a un hecho gerencial o notarial del destino, sin ninguna influencia en él y sin capacidad de controlarlo y dirigirlo…estamos atrapados por las soluciones predictivas (hasta en los teclados) y las respuestas automáticas propias de los sistemas informáticos, en ausencia de una elección hecha por el usuario (…) ¡Por favor, más pensamiento emocional y menos inercial!... Cuando los marcos conceptuales previos son muy fuertes, el discurso racional no genera cambio, y el discurso más emocional, más de valores, de gestos o símbolos, es la llave que abre la puerta (…) Se ha de entender que buena parte de las ideas nacen de sentimientos o emociones...”. La inercia de la que habla este analista político, es decir, considerar al gobierno como una gerencia, causa la desafección de la ciudadanía porque los políticos-gerentes-administradores renunciaron a dirigir. En cambio, los líderes populistas convocan a la acción, a la “voluntad de poder”, mediante la apelación a los sentimientos. Y lanza una sugerencia disruptiva contra el establishment político: dice que si le preguntaran sobre el tipo de asesores que deberían tener los políticos les recomendaría un poeta, un neuroquímico, un artista plástico. “No solo es un tema de marketing electoral, ni de estrategias. 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