El eufemismo y el discurso gubernamental

Eufemismo: Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός euphēmismós. 1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.  -Diccionario de la Real Academia Española. Cuando un país necesita...

21 de mayo, 2021

Eufemismo: Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός euphēmismós. 1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. 

-Diccionario de la Real Academia Española.

Cuando un país necesita que se les llamen a las cosas por su nombre, el eufemismo resulta un arma cobarde e hiriente. Cambiarle el significado a la desgracia a través de palabras que pretenden atenuar su impacto, es meter los problemas y su resolución debajo del tapete. Es aletargar el dolor y anular la inteligencia de la persona agraviada. 

El eufemismo es una manera de disfrazar la dimensión de cosas incómodas o difíciles de sobrellevar, es querer tapar el sol con un dedo o sesgar la información disfrazando con palabras atenuadas, eventos terribles. Emplear eufemismos es subestimar la fortaleza o la inteligencia del interlocutor, dando por sentado que no comprenderá lo que sucede, no podrá resistir la información real o que simplemente no merece la verdad. 

Pero también es una manera de intentar lavarse las manos ante una negligencia o atenuar el mal desempeño de alguien con una responsabilidad mayor.

En el caso del discurso de los gobernantes actuales, el empleo del eufemismo se ha vuelto el sello del sexenio. No es que antes no se utilizara como recurso, sino que hoy en día, frente a una pandemia, una tragedia como la del Metro en la CDMX o las demandas de auxilio de los grupos de mujeres o de los niños con cáncer, el utilizar palabras que no definen la situación real, es hiriente. En el terreno de la corrupción, los eufemismos se cuentan por decenas.

El eufemismo hiere a quien lo recibe porque sabe que su problema es menospreciado, y que, por tanto, no habrá resolución fácil para aquello que nos acongoja, nos mata o nos preocupa. Algunos de los eufemismos con los que hemos tenido que lidiar este sexenio son:

Daños colaterales (a propósito de las bajas civiles en los conflictos armados). 

-No son sobornos, son aportaciones (AMLO en el caso de Pío recibiendo dinero en Chiapas).

-No son inundaciones, son encharcamientos: caso de la inundación de Dos bocas.

Mujeres en situación de violencia, en vez de mujeres violadas o golpeadas. 

Incidente, en vez de accidente (Claudia Sheinbaum con la tragedia del Metro). 

– “No es `Gasolinazo’ es un incremento a la gasolina debido al aumento de la inflación”.

 

Comentarios


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Veamos. Por un lado, a pesar de que los miembros del gobierno cuatrotero y los medios alineados con el mismo han tratado de empujar la idea de que el acarreo que se llevó a cabo en el zócalo capitalino y calles aledañas resultó un éxito total, donde estuvieron presentes 50 millones de connacionales o más, lo cierto es que no fue así. Bueno, basta decir que hasta en la misma foto que la Regenta subió a sus redes se aprecia lo deslucido del acto.   Aunque en efecto, al acto acudieron decenas de miles de personas que quería acercarse al tabasqueño, el acarreo no resultó tan concurrido como se esperaba y, aún si éste hubiera logrado su objetivo, tampoco resultaba nada nuevo, dado que el llenar camiones con simpatizantes del gobierno en turno con cargo al erario (tortas y frutsis incluidos) no representa novedad alguna, si no pregúntenle a López Portillo o a Luis Echeverría, los referentes ideológicos del presente sexenio.  Una demostración de lo que el gobierno puede organizar (con el dinero que falta para la jornada de vacunación, las estancias infantiles, los refugios para mujeres entre otras muchas cosas), encandila a muy pocos a estas alturas; un baño de pueblo que sólo sirve para sanear un poco el ego herido del Licenciado. Lo único cierto es lo mucho que le dolió al Preciso la marcha en contra de su reforma electoral, herida que aparentemente no se ha podido sacar de su cabeza ni de su mezquino corazón. Un festejo de formas pero sin fondo, una nota al margen en el periódico matutino y poco más.   Por otro lado, el seleccionado mexicano se midió con su similar de Argentina en un encuentro bastante anticipado, que desde días antes había levantado pasión en redes; que si Texas, que si las Islas Malvinas, todo lo posible fue utilizado para que los ciber aficionados de una y otra selección se tundieran previo al partido del sábado.  El fin de semana, sin embargo, pasó lo que tenía que pasar, lo más probable, lo lógico. Argentina, que tampoco ha desplegado su mejor futbol y definitivamente es la selección más floja que hemos visto en las últimas justas mundialistas, venció por marcador de 2-0 al combinado nacional que, como lo hacía desde la eliminatoria, lució inoperante y sin opciones.  El proceso del “Tata” Martino, bastante criticado desde siempre, probablemente culminará con el partido en el que México se enfrenta a Arabia Saudita y, a menos que ocurra un auténtico milagro, cerrará como la peor actuación de un seleccionado mexicano desde 1978. 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En esta novela el autor nos cuenta, desde su perspetiva, pero desde una visión objetiva, poniendo como centro del relato los hechos efectivamente ocurridos, el cuádruple asesinato de una familia en un pueblo rural de los Estados Unidos por dos individuos posteriormente capturados y condenados a pena de muerte. Si bien Capote se centra en la psicología de los criminales e incluso se entrevista con ellos en distintas oportunidades privilegiando su punto de vista, busca recrear un relato objetivo de sus contextos y motivaciones.  En el segundo ejemplo John Fowles, en su novela El coleccionista cuenta la historia de un tipo que, obsesionado con una joven, la secuestra con la intención de que gracias a la convivencia termine por enamorarse de él. Aquí sí, en tanto que se trata de una ficción, el autor está habilitado para asumir la perspectiva y el punto de vista del secuestrador, Frederick Clegg.  El tercer ejemplo responde a un híbrido entre ambas posibilidades. Se trata de El adversario, del escritor francés Emmanuel Carrère, donde se cuenta la historia de Jean–Claude Romand, quien en 1993, ante la inminencia de que se descubriera que su vida entera era una mentira, decidió asesinar a su esposa, a sus dos hijos, a sus padres y hasta al perro. En la novela, al mismo tiempo que se relata objetivamente el caso judicial de Romand, que significó un escándalo en toda Francia, el autor relata también lo que ocurría en su vida mientras llevaba a cabo la investigación y escribía el libro. Al mismo tiempo que ponía en el centro del texto el punto de vista del asesino, relataba su propia experiencia desde la perspectiva personal y el grado de afectación que implicó para él involucrarse en contar esa historia.     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir 1 Biblia de Jerusalén. 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El Punto de vista y la verdad

El punto de vista y la perspectiva no son sinónimos. A continuación se expone y profundiza en sus distinciones y sinergias. 

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