El covid del presidente

El presidente López Obrador dio a conocer en sus redes que contrajo Covid-19. Una variopinta serie de reacciones se desencadenó. Digamos que afloró el abanico entero de la naturaleza humana, que se expande de lo más vil...

26 de enero, 2021

El presidente López Obrador dio a conocer en sus redes que contrajo Covid-19. Una variopinta serie de reacciones se desencadenó. Digamos que afloró el abanico entero de la naturaleza humana, que se expande de lo más vil a lo más noble.

Así como suelo ser crítico de todos los gobiernos –cosa que siempre me mete en problemas–, así soy crítico de todas las religiones –cosa que me trae aún mayores problemas–. Ello ha provocado que algunos me consideren un diabólico ateo progresista. Siempre he sospechado que las cadenas de oración difícilmente harían cambiar de opinión a un Dios que desde la eternidad ha previsto todo y sabe nuestra palabra antes de que ésta llegue a la lengua, según asegura el Salmo 139 (omnisciencia). Es tanto como pedir al Todopoderoso que cambie de parecer. ¿Pero qué clase de Dios sería uno que cambiara de opinión? Me asombra y me espanta que personas muy católicas llamen a cadenas de oración para que el presidente pierda la batalla contra el Covid. Al menos desde la teología católica, que conozco porque la he estudiado durante muchos años, eso sería tanto como celebrar una misa satánica. Pero ahí ve uno en los chats y en las redes a egresados de escuelas muy católicas (de Legionarios, del Opus Dei, de los Jesuitas, de los Lasallistas, etcétera), personas que se dicen muy devotas, hacer un llamado a la Divinidad para que se deteriore la salud del presidente.

Desde el cristianismo, desear el mal a alguien, peor aún desear su muerte, o alegrarse de la enfermedad de alguien, son graves actos contra la justicia y la caridad. Pero aún si a usted las cosas religiosas le parecen una tontería, desde un humanismo agnóstico, incluso ateo, estos deseos de mal no se sostienen. Pero ahí ve uno a muchas personas que se dicen “humanistas” manifestar en chats y en redes placer y alegría por el Covid del presidente. Es un fenómeno difícil de creer. Si usted es católico y ha deseado algunos de estos males al presidente (muerte, enfermedad) o a cualquier otra persona, permítame decirle, sin ser yo ministro de culto, que usted está en grave pecado mortal. Y si usted se dice humanista sin religión, permítame hacerle ver la falsedad de su postura.

El presidente estará muy bien. Saldrá del Covid, no tengo la menor duda. ¿Por qué? Porque recibe ahora mismo la mejor atención del país, de modo que no tendrá que llamar a Locatel para preguntar dónde hay camas disponibles, ni tendrá que deambular de hospital en hospital para ver si lo reciben. Tampoco su esposa ni sus hijos tendrán que turnarse para pasar noches y días enteros haciendo fila con la esperanza de rellenar tanques de oxígeno. El presidente no correrá el riesgo de colapsar en una sala de espera de un hospital o en la banqueta, como miles de mexicanos. Vaya, ni el presidente Obrador ni ningún miembro de su familia vivirán el vía crucis por el que atraviesan miles y miles de mexicanos todos los días. Y qué bueno. No lo digo por sarcasmo; lo digo porque así va a ser y punto: el sarcasmo está en la realidad, no en mí. A fin de cuentas, es el presidente de uno de los países más ricos, importantes y con mayor potencial del mundo. Que yo sepa, y usted me corregirá, pocos mandatarios, entre ellos el ex-presidente Mujica, de Uruguay, toman turno y se forman en un hospital público, como cualquier otra persona, para recibir atención médica. 

Estoy seguro que el presidente saldrá adelante. No sé qué tan mal lo vaya a pasar con el Covid. A lo mejor lo pasa muy bien, como Trump, que en tres días estuvo de regreso más bravucón, burlándose de la pandemia. Pero tal vez no lo pase tan bien, como fue el caso de Boris Johnson, quien, por lo que él mismo refiere, casi vio la luz al final del túnel (me refiero al túnel que ven los que tienen experiencias cercanas a la muerte, no la luz al final del túnel que ve todos los días el presidente como signo de que la crisis muy pronto terminará). Boris Johnson se burló al principio de la pandemia, la minimizó y tomó el asunto sin seriedad, pero después de su Covid salió del hospital con una actitud nueva, mucho más humana y empática. Johnson se dio cuenta que solo él y unos cuantos (la reina, la familia real, gente así) gozan de privilegios de Estado, a diferencia de los millones de británicos. Y es verdad: los presidentes o primeros ministros que han contraído Covid han salido adelante porque reciben la mejor atención médica que sus países pueden brindar: Trump, Bolsonaro, Johnson, Macron, y ahora Obrador, mientras sus connacionales mueren por decenas y centenas de miles. Han sido más de quince presidentes o primeros ministros los que han contraído Covid, y ninguno de ellos ha muerto. El presidente Obrador saldrá adelante.

Desafortunadamente los presidentes viven aislados en una burbuja… al menos los de México. Siempre se hacen rodear de un círculo que se encarga de recordarles todos los días lo maravillosos que son. Por eso cuando salen del cargo y chocan con la realidad, se sorprenden de saber cuánta gente siente animadversión hacia ellos. Todos los presidentes mexicanos se van con la idea de que cada uno de ellos ha sido el mejor presidente que ha tenido el país. Y lo creen de manera total porque ese séquito que los rodeó se encargó de cegarlos adulándolos todos los días, sometiéndose a sus dictados, por estúpidos que fueran, y filtrándoles la información que venía del exterior. Le pasó a Echevarría, a López Portillo, a De la Madrid, a Salinas, a Zedillo, a Fox, a Calderón, a Peña, y ahora lo más probable es que le esté sucediendo a Obrador. Por mucho que diga “no somos iguales”, en eso sí son todos iguales: la soberbia es la soberbia y la vanidad es la vanidad. Imagínese a todo un séquito diciéndole a usted todos los días durante seis años que usted es el salvador de la patria, que ningún presidente ha sido tan bueno y excelso como usted y que el país entero lo adora. Usted pensará que ahora los medios ponen a cualquiera en su lugar. ¿Usted cree que el actual presidente se agobia con los comentarios adversos en Twitter o Facebook? ¡Por favor! Ni los ve, y si llega a saber de ellos, su séquito le dice que son granjas de bots.




Si el Covid del presidente Obrador de algún modo contribuyese a que se resquebraje o fracture esa burbuja idílica en la que muy probablemente viva, se cumpliría el adagio de San Agustín de Hipona: “no hay mal que por bien no venga”. Y esa burbuja no es invención mía. Mire usted, hasta hoy el presidente mexicano cree de manera ciega y absoluta que López-Gatell es el mejor epidemiólogo del planeta; que nadie en la Tierra ha manejado con mayor sapiencia, sabiduría y eficacia la pandemia de Covid-19. López-Gatell es para el presidente el mejor funcionario del mundo. Hace apenas unos días, en el asunto de Zipolite, Obrador dijo de López-Gatell: “es de lo mejor, es un sueño”. Así lo dijo, no estoy inventando. Eso es amor del bueno, no cabe duda. Así que dígame si no, el presidente vive en una burbuja, al menos en lo que toca al manejo de la pandemia. Dígame si no los millones de seguidores de Obrador que creen esto están todos en una burbuja idílica. La verdad, por dura que sea, es que miles de mexicanos andan de hospital en hospital esperando inútilmente que los atiendan. Muchos mueren en las salas de espera, en los estacionamientos, en las banquetas, en las ambulancias o en sus casas. La verdad, por dura que sea, es que ni los que comercializan oxígeno, ni los crematorios, ni los fabricantes de ataúdes, ni los panteones se dan abasto. La verdad, por dura que sea, y aun cuando se nos culpe al pueblo de ser imprudentes y temerarios, es que el señor López-Gatell siempre hizo creer al presidente que la pandemia no era peligrosa, que en unas semanas pasaría y que habría no más de seis mil muertos, si bien le fue aumentando hasta un escenario catastrófico de 60 mil. Tenemos 150 mil muertos oficiales y alrededor de 300 mil no oficiales, pero admitidos por el gobierno, y no se ve ninguna luz al final de ningún túnel. 

Si el presidente y López-Gatell creen que todo está bien, que todo es fantástico, que ambos se merecen medallas y reconocimientos del mundo entero por lo maravillosos que son; en suma, si creen, parafraseando yo a Leibniz, que están en el mejor de los mundos posibles, les reviro, estilo Voltaire, con un Cándido. No sé si me explico con esto de Leibniz, Voltaire y el Candide. Lo que quise decir, sin afán de erigirme en gurú kármico –pretensión por demás ridícula–, es que si el Covid del presidente logra resquebrajar la burbuja en la que al parecer vive, al menos en este asunto de la pandemia, su Covid no habrá sido en vano.

Por lo demás, deseo de todo corazón que el presidente López Obrador se recupere al cien por ciento y muy rápidamente para que pronto esté de regreso despachando en Palacio Nacional. Y deseo también de todo corazón que tenga la sensibilidad de mejorar su estrategia anti-pandemia.

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