¡Duelo de doctores!

¡Ya se armó la gorda! La semana pasada, el doctor López-Gatell, zar de la pandemia y custodio de la fuerza moral presidencial, apuntó su dedo flamígero a otro doctor. Un doctor que, en apariencia, es más abrazable...

25 de agosto, 2022

¡Ya se armó la gorda! La semana pasada, el doctor López-Gatell, zar de la pandemia y custodio de la fuerza moral presidencial, apuntó su dedo flamígero a otro doctor. Un doctor que, en apariencia, es más abrazable y bonachón que el asiduo visitante de Palacio Nacional: el doctor Simi.  ¿La razón? Pues que, de acuerdo con la siempre acertada y  mesurada opinión del subsecretario López-Gatell, los consultorios que se encuentran a lado de las farmacias no ofrecen una atención óptima

Sin embargo, yo creo que todo este rollo tiene una explicación muy sencilla. No es porque al doctor López-Gatell le importe mucho eso de que los consultorios de las Farmacias Similares (empresa creadora del doctor Simi) suplan una función que debería dar la seguridad social del Estado, como muchos insidiosos andan diciendo por ahí; para nada, porque esos comentaristas, de seguro pagados por los “conservas” y demás demonios, ni siquiera son capaces de asomar sus narices y ver que en México ya tenemos un sistema de salud digno de Dinamarca desde 2018. Al menos, eso es lo que dice López-Gatell y mi presi López, ¿y ellos por qué nos mentirían, oiga? 

Yo creo que la verdadera razón de que el doctor López-Gatell ande tan emberrinchado con el doctor Simi es por pura envidia, y de la buena, como dicen. Porque recientemente el doctor Simi se ha vuelto muy popular y anda en boca de todos, como lo demuestra esa costumbre de lanzar sus peluches en los conciertos de música rock y pop. Visto así, puedo entender por completo que el buen doctor Hugo ande achicopalado. Peor todavía, porque no se puede hacer una consulta popular para demostrarle al doctor López-Gatell que no está solo, como hace meses lo hicimos con nuestro presi. 

¡No se ponga así, doctor López-Gatell! Mire, si fuera por mí, mandaría a hacer unos peluches de usted y por supuesto que los aventaría a cuanta estrella pop se me cruce en el camino. Pero, y esto tal vez le resulte harto sorpresivo, muchos prefieren al doctor de la botarga y debo decir que no los culpo. Digo, tal vez no sea tan bien parecido como usted o no sea un supersecretario, pero muchos eligen al doctor Simi por una simple razón: él ha estado ahí para nosotros. 

Muchos podremos o no estar de acuerdo con sus servicios o su esquema de negocio, pero de algo sí estoy seguro: sus establecimientos están mejor surtidos que muchas clínicas del ISSSTE y del IMSS. Dicho así suena como un GRAN logro, pero en estos días hasta un taco de carnitas está más surtido que dichas dependencias. Porque cheque esto, buen doctor Hugo: resulta que la mayoría no puede recibir atención médica como la que goza nuestro supremo líder.  Lo sé, yo tampoco lo creía, pero créame, así están las cosas. Entonces, si la gente tiene fiebre, ahí está el doctor Simi; si alguien tiene algún mal estomacal por comer tanto tamal de chipilín, ahí está el doctor Simi; muchos han descubierto que tienen hipertensión o diabetes gracias al doctor Simi; incluso en la pandemia, ahí estuvo el doctor Simi para una buena cantidad de personas. Mientras que usted, mi doctor Hugo, andaba vacacionando y recibiendo serenatas. Digo, no hay nada malo con vacacionar o con festejar de vez en cuando, pero luego no se sorprenda si la gente pide a gritos al doctor Simi en los conciertos, ¿eh?

Así que antes de enojarse con el famoso médico botarguero, mi buen doctor Hugo, tal vez sería conveniente que se reúna con Jorge Alcocer para que ambos tengan una sesión de introspección, de preferencia en un lugar tranquilo y sosegado (tal vez puedan pedirle un cuarto palaciego a Su Alteza) y se hagan esta pregunta: ¿qué cosas está haciendo mejor el doctor Simi que nosotros? ¿Qué ideas suyas podemos replicar en nuestro sistema de salud? ¿Cómo podemos poner una clínica de salud en cada esquina, como los consultorios del doctor Simi?

¡No es poca cosa, doctor López-Gatell! Pero si en algo usted contribuye a que el sector salud en México sea un poquitín más parecido a lo que hace el doctor Simi, aunque no parezca mucho, le puedo asegurar que en poco tiempo gritarán “¡López-Gatell, López-Gatell!” en cada concierto del futuro, y, hasta en una de esas, le hacen su propio peluche, ¡cómo no! 

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Comentarios


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A lo largo de las siguientes semanas trataremos de dilucidar si este concepción, tan traída y llevada en nuestra realidad cotidiana, se trata de algo que existe con total independencia de nosotros y lo que pensemos del mundo –y donde nuestra labor consiste descubrirla y defenderla–, o si se trata de una construcción que los seres humanos inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente y nos permite afirmar serenamente: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya” y quedarnos tan tranquilos.   No descubro el agua tibia si afirmo que la realidad tiene tantos niveles de manifestación y complejidad que asegurar que tenemos acceso a la totalidad, ya no del cosmos en su conjunto, sino tan siquiera un sólo evento aislado, de la historia de un país, del dominio de una ciencia o siquiera de la comprensión de lo que “es” el ser humano resulta un autoengaño y una ilusión. 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La mentira se deriva de una supuesta verdad, y se trata de averiguar de donde surge ésta.  Reflexionar acerca de por qué mentimos, de cuáles son los disparadores que nos llevan a negar, torcer o manipular aquello que sabemos de cierto implica que consideramos que algo es verdadero y tratamos de ocultarlo, lo que nos llevaría por otros caminos. El objetivo aquí consiste en averiguar precisamente si existen conocimientos, conclusiones, valores, argumentos que posean intrínsecamente la condición de verdaderos, sin importar el tiempo o el lugar. Se trata de explorar los mecanismos que usamos para construir aquellas narrativas y relatos que describen con supuesta fidelidad y rigor la realidad, que nos dan certidumbre, así sea desde nuestra perspectiva, acerca del mundo que habitamos y su funcionamiento, así como la forma más eficaz de relacionarnos con los otros.  “Real” y “verdadero” no son sinónimos Cometeríamos un grave error si consideramos “la verdad” como sinónimo de realidad. 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El objetivo de la serie de artículos que comienzan hoy es explorar qué es la verdad y cómo la construimos discursivamente, entendiendo que eso que articulamos en palabras termina por convertirse en realidades sólidas, pero no necesariamente universales y eternas, sino parciales y transitorias. Para llegar a la gran pregunta que no podemos evadir si pretendemos habitar un mundo con paz y una razonable cuota de armonía: ¿cómo conseguir que las verdades parciales cohabiten creando con su interacción una sinergia constructiva?     Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1 BBC News, Mundo, Tecnología, “Las 50 opciones de identidad sexual según Facebook”, 14 de febrero 2014,  Consulta: 28 junio de 2022 https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140214_tecnologia_facebook_sexo_aa 2 El País, Política, Gloria, Rodríguez, Pina, “Tinder amplía las opciones de identidad de género en español por el Madrid World Pride”, 23 de junio 2017. Consulta: 28 de junio 2022 https://elpais.com/politica/2017/06/20/actualidad/1497976474_475883.html 3 Expansión, Internacional, “Estos son los países que reconocen a las personas trans”, 31 de marzo de 2022 Consulta: 28 de junio 2022 https://expansion.mx/mundo/2022/03/31/paises-reconocen-personas-trans" ["post_title"]=> string(54) "El gran problema de la Verdad: ni realidad ni mentiras" ["post_excerpt"]=> string(293) "Al explorar este tema se trata de averiguar si la verdad existe con independencia de nosotros y nuestras interpretaciones o si se trata de una construcción que inventamos a nuestra medida, dando lugar a una multiplicidad de versiones, puntos de vista y opiniones que cohabitan aisladamente. 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Varios factores influyeron en el auge de lo que se conoce como neoliberalismo: el prestigio de las teorías económicas de las escuelas de Chicago (Milton Friedman) y de Austria (Friedrich Hayek), que pusieron en práctica Ronald Reagan y Margaret Thatcher, e impusieron al mundo mediante el BM y el FMI; el estancamiento e inflación en los países occidentales, agudizado por el embargo petrolero y la cuadruplicación de sus precios, que llevó a niveles sin precedentes las tasas de interés; desplome y desaparición de la Unión Soviética (Rusia), cuya característica fue la planeación central que asfixió a la iniciativa individual e innovación; excesivo endeudamiento de los países pobres. Estos y otros fenómenos dieron como resultado una oleada de recortes al gasto público; desmantelamiento o debilitamiento extremo de los sistemas de bienestar (salud, educación, pensiones, seguridad laboral); privatización indiscriminada de empresas públicas y millones de despidos; extenuación de los sindicatos y de la organización laboral; propagación de procesos productivos y de capitales por todo el mundo, en especial hacia el sudeste de Asia; liberación de los flujos de capital, crisis financieras, fragilidad extrema del sistema bancario y enorme endeudamiento público para rescatar a bancos y empresas, cuya quiebra ocasionaría una hecatombe económica (beneficios públicos, ganancias privadas); conformación de potentes empresas monopólicas. ¿Qué pasó en la vida real? Primero cabe reconocer que el liberalismo económico ha sido una potente plataforma para el crecimiento. De acuerdo con los cálculos de Deirdre N. McCloskey, entre 1800 y el año 2015 la producción por persona en los países liberales creció 3000%. Y, al mismo tiempo que aumentó el bienestar, se expandieron la libertad y los derechos. Sin embargo, fue víctima de su propio éxito al entronizar valores relativos y convertirlos en valores absolutos. Así, la libertad absoluta de los mercados engendró sociedades disfuncionales, altamente desiguales y polarizadas. En los países socialistas ocurrió lo opuesto: pretendieron hacer de la igualdad el valor absoluto y acabaron con la libertad y terminaron empobrecidas. En palabras de Francis Fukuyama: “Una de las ideas centrales del liberalismo es su valorización y protección de la autonomía individual. Ahora bien, ese valor básico puede llevarse demasiado lejos. Para la derecha significaba sobre todo el derecho a comprar y vender libremente, sin interferencias del Estado. Esta idea, llevada al extremo, convirtió el liberalismo económico en “neoliberalismo”… provocando desigualdades monstruosas… Para la izquierda, la autonomía significaba autonomía personal en relación con las decisiones y valores vitales y la oposición a las normas morales impuestas por la sociedad circundante. En este sentido, el liberalismo empezó a erosionar su propia premisa de tolerancia a medida que evolucionaba para convertirse en la política de identidad moderna…”. El liberalismo y sus desencantados. Es así como la erosión del liberalismo político clásico y su mutación al neoliberalismo provocó una oleada populista en las sociedades modernas. Este tránsito no fue indoloro: el neoliberalismo ocasionó la pérdida de empleos, modos de vida, estatus, reconocimiento social, desencanto, frustración, enfermedad y muerte. La otra cara de la moneda es la de fortunas inconmensurables: hombres y empresas tan inconmensurablemente ricas que rivalizan con el poder de los Estados. Así, por ejemplo, varias empresas tecnológicas tienen un valor de mercado que sobrepasa a la producción anual de México. Y son tan poderosas que han inclinado los sistemas políticos y legales para favorecer sus intereses, en determinado del bienestar público. Si el neoliberalismo socava a la democracia liberal mediante el dinero, el populismo propone la concentración del poder político en el Ejecutivo, como el reverso de la medalla, que a la postre ahoga las libertades individuales y políticas. Ambos han erosionado a la democracia liberal, entendida como el sistema de leyes, instituciones y contrapesos para limitar el poder, cualquiera que sea su origen. El liberalismo político ha sido más eficaz para evitar la concentración del poder político, pero menos capaz para controlar el poder económico de las grandes empresas, que también se ha convertido en poder político y ha menguado la autonomía y la libertad individual. Ambos ponen en peligro el bien común y la prosperidad. El desafío de la democracia liberal es, por tanto, limitar el poder del capital y de los “hombres fuertes”. El liberalismo nace como medio para limitar el poder y la arbitrariedad del soberano y garantizar la vida de los súbditos, así como para lograr la paz ante la intolerancia religiosa. Con el tiempo evolucionó para transformarse en el sistema que aspira a limitar cualquier tipo de poder y dar paso a la pluralidad y la diversidad, sin menoscabo de la tolerancia. Hoy nuevamente el liberalismo político puede ser el instrumento requerido para lograr profundos cambios en la distribución del poder económico y político, así como para recuperar el valor de la tolerancia. ¿Los liderazgos políticos y empresariales están a la altura del cambio? Como antaño, se trata de preservar la vida ante el interés económico y la autonomía personal y libertad ante el poder político." 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Del neoliberalismo al populismo

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El desafío de la democracia liberal es limitar el poder del capital y de los “hombres fuertes”.

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