Cuando la plenitud democrática escandaliza

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7 de abril, 2021 Cuando la plenitud democrática escandaliza

El poder Ejecutivo envía una propuesta de Reforma al sector eléctrico al Congreso que tras analizarla, la vota a favor; siguiendo el proceso legislativo previsto en la Constitución, se publica en el Diario Oficial de la Federación; sorprendentemente  (ya que ningún precepto constitucional se viola en dicha iniciativa), un Juez otorga una suspensión de los actos de autoridad que suponen la entrada en vigor de dicha ley a un puñado de consorcios privados. El presidente, haciendo uso del inalienable derecho a la libertad de expresión del que gozamos todos los mexicanos con énfasis especial en el presente sexenio, externa su extrañamiento hacia el Juez responsable; acto seguido, el Ejecutivo, vía la Secretaría de Energía, impugna dichos amparos.

Todo lo anterior, se hace siguiendo al pie de la letra lo estipulado en nuestra Carta Magna. Ni una coma por fuera de la Ley, pues. Después, el presidente desliza la posibilidad de dejar al margen al sector energético nacional paraestatal (PEMEX Y CFE), vía una reforma constitucional, de amparos de ese tipo que entorpezcan su rescate y beneficien a intereses privados y opacos, tanto nacionales como extranjeros. 

Ciertamente se han hecho cambios a la Constitución en este sexenio, pero la mayoría han sido con iniciativas de origen en el mismo poder Legislativo; los menos, provenientes del presidente (que por cierto, se queda muy corto en ese renglón tan solo si lo comparamos con la andanada de parches a la Ley suprema misma por parte de la administración Peña Nieto, por sobre todo). Extrañamente, en sexenios anteriores no se escucharon las voces ni se vieron los dedos flamígeros señalando a un “DICTADOR” como se pretende ahora, a pesar de que es más que sabido y documentado que, por ejemplo, las Reformas en el marco del “Pacto Por México” se consensuaron a punta de billetazos, en el seno mismo de un Congreso envilecido.

En lo que va del sexenio se ha echado a andar el sistema de pesos y contrapesos que supone la democracia en la que vivimos, dejando atrás los tiempos de lo consignado en la Constitución como letra muerta. Hoy la veta maderista del presidente se nota a diario. Tolera incluso los abusos cometidos por algunos aprovechando estas libertades nuevas. Y en los hechos, se pone a trabajar al límite a los tres poderes de la Unión, su facultades y resortes, delimitando así los límites en los alcances de cada uno, insisto, sin moverse un ápice del marco constitucional que nos rige.

México ha tenido una transición tremenda y  dolorosamente tortuosa, con altísimos e innecesarios costos que seguramente no vio el expresidente Zedillo cuando tuvo la voluntad política de coadyuvar decisivamente a que el país diera ese salto. Pero hoy, habiendo ya pagado el precio, la normalidad democrática experimenta avances que la hacen ver vigorosa. Estemos seguros: pronto la democracia mexicana estará considerada como una democracia plena, a pesar de los pesares, del tiempo perdido, y de los terribles y largos dolores de un parto innecesariamente alargado.

En ese mismo orden de ideas, no es casualidad que una mujer, jurisconsulta de primerísimo orden, exministra de la última instancia jurídica de la Nación, la Suprema Corte de Justicia, tenga la cartera del Ministerio del interior (SEGOB), que es la Dra. Olga Sánchez Cordero. Quien piense que la secretaria es “un florero” en el gabinete, no puede estar más equivocado. Ella es la que guía al presidente y al poder Ejecutivo federal para que el gobierno de la Cuarta Transformación no se salga en ningún momento del marco constitucional, a la par de avanzar lo más posible en el actual proyecto de nación. Insisto, quienes hablan de “atropellos a la constitución” solo les pediría checar el caso del gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, el cual está siendo investigado por sus múltiples presuntos delitos, estrictamente con el proceso que las leyes marcan, así sea más tardado. En otros tiempos, se recurría al viejo expediente de la desaparición de poderes o al de forzar la solicitud de licencia (renuncia, en los hechos) de gobernadores sátrapas. 




Federalismo y separación de poderes nunca han sido tan respetados como en el presente sexenio. El hecho de que el presidente haga uso de sus libertades no es “mancillar ni pasar por encima de nuestras instituciones”, es sencillamente una señal más de nuestra nueva democracia sin simulaciones, de un entramado institucional en el que cada engrane, cumple con sus funciones consagradas en la Constitución.

 

Comentarios
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Digo todo lo anterior, pues descubro, con tristeza, que mis investigaciones no han hallado una fecha en la que se conmemore la creación de la imprenta por Gutenberg en 1450, evento que en definitiva partió en dos la historia, pues amplió de manera exponencial  los alcances del pensamiento alrededor del mundo. De hecho, el término Jikji (que figura en el título de esta columna) fue en realidad el primer sistema de piezas móviles para armar tipos e imprimir. Ello ocurrió en China en el siglo 14, aunque con anterioridad, hacia el siglo nueve de nuestra época, se tienen documentados los primeros tipos de  sistemas de prensas en Oriente, unas a base de arcilla, otras en madera, y finalmente uno de piezas metálicas móviles (Jikji), con el que se imprimió un texto religioso intitulado “El Sutra del diamante”, del cual se conserva un ejemplar en el Museo de la Imprenta en Lyon (Francia). La impresión digital ha dado un brinco enorme en lo que a difusión de novedades se refiere.  Quiero imaginar que la diferencia con el sistema tradicional de impresión en linotipo es tan abismal como sería una litografía de un original: Facilita la difusión, recorta gastos, pero merma su calidad. Tengo presente las primeras veces que entré a la sala de imprenta de algún rotativo, me sentía como quien se introduce, casi de puntillas, a un recinto religioso. Recuerdo los sonidos toscos de las grandes máquinas, contra los musicales de las galeras mientras se iban rellenando con los tipos metálicos a una velocidad de prestidigitador, con los tipos colocados en espejo. Recuerdo el olor de la tinta que sentía entrar por los poros, y la vibrante etapa de impresión, moviendo el papel revolución a toda velocidad mediante una banda que avanzaba de arriba abajo, hasta el área de corte y doblado. Esa magia portentosa que se daba en medio de un barullo interminable de máquinas Remington tecleadas a toda velocidad por los reporteros que entraban y salían de las salas, con el cigarro en mano o entre los labios. Un ámbito que se antoja tan complejo, pero en realidad es tan lógico y ordenado dentro de esa locura auditiva que lo puebla.  Antes de la época de la Internet, la búsqueda de notas históricas mediante microfilm era una tarea más solitaria que la actual en la red. Era desplazar la pantalla de acetato sobre la luz hasta hallar aquel dato que confirmaba o desarmaba nuestro planteamiento. Hay fechas conmemorativas para todo: Especies animales; especies vegetales; comunidades humanas; costumbres; enfermedades; objetos materiales; fechas históricas; deportes. Vaya, hasta “el calcetín perdido” tiene su día, se conmemora cada 9 de mayo.  En cuanto a la palabra escrita hay fecha para la libertad de expresión, para algunos es el 27 de abril, para otros el 7 de junio, para algunos más el 14 de octubre… Pero en realidad, una fecha universal para conmemorar la obra de Johannes Gutenberg que venturosamente partió en dos la historia de la humanidad, no la he hallado. 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El universo humano es cada vez más complejo y cambiante, lo que lo hace progresivamente impredecible. Día con día crecen exponencialmente el número de variables potenciales y también la imposibilidad de controlarlas. Por ello el líder necesita aprender a gestionarse en la incertidumbre, otra de las caras ineludibles de la auténtica “nueva normalidad”.  En los últimos artículos hemos especulado acerca de qué características debe tener un líder para encarar los retos a los que nos somete el siglo XXI. 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Conforme el escenario humano se amplía y se complejiza, crecen exponencialmente el número de variables posibles, pero también, ante la emergencia de nuevas tecnologías, de transformaciones sociales, éticas y culturales, crecen también las posibilidades potenciales de cada una. Pensemos en tres jóvenes de veinte años, nacidos en París, Londres, Nueva York o la Ciudad de México. Los tres habitan un entorno urbano y gozan de las posibilidades para cursar la educación estándar de su tiempo. Ahora imaginemos que uno nació en 1800, otro en 1900 y el tercero en el año 2000. Los tres son humanos biológicamente idénticos, nacieron en el mismo planeta y en la misma ciudad; sin embargo, los tres habitan mundos objetivamente distintos en todos los ámbitos lo que conlleva experiencias existenciales radicalmente distintas.  Mientras el chico nacido en 1800 tiene prácticamente definido el entorno donde habrá de desarrollarse: conoce con enorme certeza sus posibles actividades profesionales que está habilitado por sus capacidades, orígenes familiares y circunstancias específicas, tiene muy claro cómo y dónde relacionarse con sus pares, tiene tatuado en el ADN social cómo, cuándo y dónde buscar a la pareja con que deberá fundar una familia, etcétera. Resumiendo, el chico nacido en 1800, con todo y sus escasos veinte años, puede determinar con una certeza muy alta cómo se desarrollará el resto de su vida.  En el caso del chico nacido en 1900, aun cuando el escenario es relativamente semejante al anterior, desciende significativamente el nivel de certidumbre. La posibilidad de viajar en automóvil en vez de carreta de caballos, de que la luz eléctrica le transforme la vida, de encontrar nuevas profesiones, de alterar, así fuera ligeramente, el modelo familiar en uso haría que sus posibilidades potenciales fuesen más amplias y diversas que las de su predecesor de 1800. Se trata de posibilidades objetivamente nuevas que unas décadas atrás simplemente no existían. El mundo de 1900 era mucho más dinámico y complejo que un siglo atrás.  Ahora veamos el escenario de futuro para un chico de veinte años, nacido en el año 2000 en una gran ciudad de occidente. El incremento de variables en todos los ámbitos de su existencia es delirante. Mientras su predecesor de 1800 apenas tenía un puñado de opciones y el de 1900 quizá 10 o 15 posibles carreras universitarias para escoger, el chico del año 2000 tiene decenas, quizá centenas si sumamos especialidades y variantes específicas en cada caso. 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Podríamos explorar las diversas formas de consumo, las posibilidades de ocio, el avance en los medios personales de comunicación y un sin fin de ámbitos más y en cada caso las diferencias en la manera de experimentar la propia vida serían monumentales.  Como se ve, no se trata de una apreciación subjetiva, sino que objetivamente la civilización humana ha tendido a complejidad, a la diversidad, a la especialización, a la pluralidad, a la maleabilidad y al cambio, pero, en todos los casos, imposibles de conducir o predecir. Y, tal como ha ocurrido hasta ahora, estas dinámicas de evolución humana avanzan sin cesar, pero sin que quede claro hacia dónde nos llevan. Esa es la semilla de la incertidumbre.  Pero no todo es miel sobre hojuelas, abundan estudios que aseguran que el incremento desmesurado de posibilidades y la velocidad del cambio incrementan también la ansiedad y la angustia. Esta combinación es la que conduce a un mundo incierto. Podríamos simplificarlo al máximo en una especie de fórmula:   Posibilidades potenciales crecientes + Cambio acelerado e Imprevisible = Incertidumbre = Angustia existencial    No podemos hablar de incertidumbre sin mencionar al físico teórico alemán Werner Heisenberg, quien en 1927, articuló el que, en el campo de la física cuántica, se le conoce como el Principio de Indeterminación de Heisenberg.  Intentando poner este concepto físico-matemático en términos que nos resulten útiles para esta exposición, podríamos simplificar diciendo que para reducir la incertidumbre e incrementar la certeza acerca de algún fenómeno que intentemos predecir necesitamos eliminar variables. Es decir, poniéndolo en términos opuestos: entre más variables interactúen en un fenómeno dado, mayor será la incertidumbre acerca de su comportamiento y resultado. 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De igual modo atestigüé la primera muerte de una paciente, cuando los recursos médicos no lograron ganarle la carrera a la enfermedad. Ahora bien, con relación al oficio de escribir, sí traigo tinta en la sangre. Esa pasión que experimentaba desde pequeña tenía una causalidad evidente: Mi condición de hija única dentro de un hogar paterno estricto, me llevó a escribir para comunicarme, no tanto con los demás como conmigo misma para que al ver reflejados mis pensamientos, comenzara a desmadejarlos.  En esas primeras etapas sabía poco de la influencia por el lado paterno.  Fue hasta después cuando supe que el abuelo Esteban había sido columnista de El Universal, fundador de una editorial en La Habana, a donde debió escapar cuando su ideología política lo puso en riesgo de muerte. Gracias a su labor editorial publicó diversos libros de correligionarios que, de igual modo tuvieron que exiliarse en la isla de Cuba. Fue cuentista y novelista pero no tuve conocimiento de ello sino hasta mis inicios en el mundo periodístico, por motivos que no vienen al caso. Recuerdo en 1975, cuando me presenté al entonces diario La Opinión en Torreón, con mi primera colaboración, una que nadie me solicitó, pero que yo estaba propuesta a que me la publicaran. Serían unas 450 palabras que, luego de tanta revisión, había aprendido de memoria.  Tal vez les causó gracia a las jefas del rotativo, hijas de su fundador Rosendo Guerrero, que me lo aceptaron sin ponerle peros. Así tal cual, entró.  Fue entonces cuando descubrí el mundo de la palabra escrita, como quien se zambulle por primera vez dentro de una alberca sin límites y se identifica a tal grado con su naturaleza que comienza a convertirse en criatura acuática para el resto de sus días. Digo todo lo anterior, pues descubro, con tristeza, que mis investigaciones no han hallado una fecha en la que se conmemore la creación de la imprenta por Gutenberg en 1450, evento que en definitiva partió en dos la historia, pues amplió de manera exponencial  los alcances del pensamiento alrededor del mundo. De hecho, el término Jikji (que figura en el título de esta columna) fue en realidad el primer sistema de piezas móviles para armar tipos e imprimir. Ello ocurrió en China en el siglo 14, aunque con anterioridad, hacia el siglo nueve de nuestra época, se tienen documentados los primeros tipos de  sistemas de prensas en Oriente, unas a base de arcilla, otras en madera, y finalmente uno de piezas metálicas móviles (Jikji), con el que se imprimió un texto religioso intitulado “El Sutra del diamante”, del cual se conserva un ejemplar en el Museo de la Imprenta en Lyon (Francia). La impresión digital ha dado un brinco enorme en lo que a difusión de novedades se refiere.  Quiero imaginar que la diferencia con el sistema tradicional de impresión en linotipo es tan abismal como sería una litografía de un original: Facilita la difusión, recorta gastos, pero merma su calidad. Tengo presente las primeras veces que entré a la sala de imprenta de algún rotativo, me sentía como quien se introduce, casi de puntillas, a un recinto religioso. Recuerdo los sonidos toscos de las grandes máquinas, contra los musicales de las galeras mientras se iban rellenando con los tipos metálicos a una velocidad de prestidigitador, con los tipos colocados en espejo. Recuerdo el olor de la tinta que sentía entrar por los poros, y la vibrante etapa de impresión, moviendo el papel revolución a toda velocidad mediante una banda que avanzaba de arriba abajo, hasta el área de corte y doblado. Esa magia portentosa que se daba en medio de un barullo interminable de máquinas Remington tecleadas a toda velocidad por los reporteros que entraban y salían de las salas, con el cigarro en mano o entre los labios. Un ámbito que se antoja tan complejo, pero en realidad es tan lógico y ordenado dentro de esa locura auditiva que lo puebla.  Antes de la época de la Internet, la búsqueda de notas históricas mediante microfilm era una tarea más solitaria que la actual en la red. Era desplazar la pantalla de acetato sobre la luz hasta hallar aquel dato que confirmaba o desarmaba nuestro planteamiento. Hay fechas conmemorativas para todo: Especies animales; especies vegetales; comunidades humanas; costumbres; enfermedades; objetos materiales; fechas históricas; deportes. Vaya, hasta “el calcetín perdido” tiene su día, se conmemora cada 9 de mayo.  En cuanto a la palabra escrita hay fecha para la libertad de expresión, para algunos es el 27 de abril, para otros el 7 de junio, para algunos más el 14 de octubre… Pero en realidad, una fecha universal para conmemorar la obra de Johannes Gutenberg que venturosamente partió en dos la historia de la humanidad, no la he hallado. Tal vez exista y solo sea mi ignorancia en el tema.  La palabra escrita, herramienta  para conocer, analizarnos, comunicar, crear; puentear, erigir; descubrir, dialogar; entrar al mundo de la historia, merece una fecha única, universal e intemporal. ¿No les parece?  " ["post_title"]=> string(20) "Del Jikji al Twitter" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(20) "del-jikji-al-twitter" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-03-30 10:58:19" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-03-30 15:58:19" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=63163" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(43) ["max_num_pages"]=> float(22) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "e42ec631be1b03fb2fe50ca076be4e71" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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