Oigan, nada grita “¡LIBERTAD!” y “¡DEMOCRACIA!” como tener a las Fuerzas Armadas hasta en el metro de la Ciudad de México. Porque así es, la sacrosanta Cuarta Transformación normalizó lo que ni el mentado Comandante Borolas imaginó en sus sueños más guajiros. ¡Y eso que el presidente Calderón era quien nos iba a “militarizar”! LOL-azo, como escribiría la chaviza en Twitter.
La Guardia Nacional ya tiene más trabajos que los padres de familia con esta inflación. Así que, ¿por qué no tomar más tareas? Digo, en esta economía, no está de más diversificarse un poco, así que he aquí cinco trabajos más que el presidente López puede darle al “ejército-que-no-es-ejército-pero-que-sí-lo-es”.
Distribución de tacos de canasta y tamales
La vitamina T es de vital importancia en la dieta de los mexicanos. Por ello, es del interés nacional que los tacos de canasta y los tamales lleguen a todos los rincones de la Ciudad de México y a todo el país, con todo y su salsa verde, sus rajas de chile y, por supuesto, los bolillos (muy útiles para los sustos que nos va a causar ver a personas armadas en cada esquina). La Guardia Nacional podría ser muy útil para lograrlo, con eso de su omnipresencia. Que después ya no haya medicamentos para el colesterol y el azúcar alta que nos van a causar es otro rollo, pero ¿quién nos quitará el gusto de zamparnos unos buenos tlacuaches de adobo, frijol o chicharrón o una buena guajolota de tamal de rajas en compañía de la milicia?
Repartidores de fichas en el IMSS e ISSSTE
¿Quién no ha estado en el frío de las madrugadas esperando una ficha para que lo atiendan en el IMSS e ISSSTE? La Guardia Nacional podría repartir las tan deseadas fichas. La última vez que asistí a una de estas filas, me dio la impresión de que había más personal repartiendo fichas (y organizando a la gente) que fichas, así que un poco de ayuda no le vendría mal a la seguridad social. Si ya los militares estuvieron en todo el asunto de las vacunas contra el Covid-19, no veo por qué no podrían hacer esto. Igual y el apoyo de la Guardia Nacional es la clave para (¡ahora sí, lo jura López!) tener un sistema de salud digno de un (gran) danés.
Conductores de transporte público
Ya sé que vivimos en una verdadera utopía, más aún si hablamos de la seguridad pública. Pero, por si las moscas, estaría bien que los militares fueran conductores del transporte público concesionado. Imagínense si un malandro (¡de esos que ya solo son una memoria distante de los tiempos del prianismo!) quiere subirse y aplicar un asalto chido (Rockdrigo dixit). ¡De seguro se la pensaría dos veces al ver a un miembro de la Guardia Nacional como conductor!
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Chambelanes en las fiestas de XV años
No hay un evento tan bonito como la fiesta de XV. Si de por si ese día las chavas se la pasan muy a gusto, ahora imaginen la sonrisa en el rostro de la festejada cuando baile con un militar al compás de “Bésame en tiempo de Vals, un, dos, tres, un, dos, tres”. Por supuesto que no sería un servicio gratis y lo que gane cada chambelán se iría derechito a la bolsa de la 4T, ahí donde casi casi no hay opacidad. ¿Ingresos extra al erario? ¡Sí, por favor! El servicio podría llamarse “Chambelanes bailando para tu Bienestar” y ofrecer un descuento si se paga con vales del Gobierno de la CDMX o si se compra un tanque de Gas Bienestar (ese que se compró para preparar la carnita asada).
Seguridad en bodas (y demás fiestas)
Hablando de fiestas, ¿quién no se ha encontrado con invitados indeseables en eventos como bodas y demás reuniones? Ya saben, como el sobrino mala copa o el tío locochón que se avienta un speech imprudente sobre lo que el novio hizo en la despedida de soltero la noche anterior. La Guardia Nacional podría prestar sus servicios para brindar seguridad en las fiestas y desalojar a aquellos invitados que están aguando ocasiones que deben ser memorables. Y si los invitados no quieren abandonar la fiesta, allá ellos, porque los muchachos de López están entrenados para dar algo más que abrazos.
A ustedes, ¿qué otros trabajos se les ocurren para la Guardia Nacional?
Antes de irme, estimadas y estimados lectores:
Un Tlatoani anclado en el pasado está destruyendo al Nuevo Imperio Mexicano y sólo aquellos con libre albedrío pueden detenerlo. Lee mi primera novela, “El blues de Tláloc”, ¡y sé uno de ellos!
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