Ganó el candidato Gabriel Boric en Chile, identificado con la izquierda. Más allá de geometrías políticas, se trata de colocar diques al neoliberalismo- En América Latina parece ya los Pueblos están reaccionando a tiempo. En México se había avanzado peligrosamente viendo el dramático caso español del costo de la energía eléctrica ya privatizada; en el mismo sentido, en Chile se había llegado ya al límite de privatizar el agua potable. De eso a cobrar por el aire que respiramos es que ya no es una comparación tan cómica, sino ilustrativa.
Vemos ya a los corifeos y sicofantes del dogma neoliberal recitar las mismas muletillas que en México, trágicamente, dieron resultado por un tiempo, básicamente por ahí del 2006 al 2012: “marxismo, comunismo, peligro, populismo empobrecedor”, y una serie de barbaridades más con las que engañaron a millones de ciudadanos muy poco politizados y guiados ingenuamente por la televisión.
En México, la ciudadanía despertó gracias en gran parte al líder incansable que siempre ha sido el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador; hoy, se ha puesto freno a algunas de las aristas más crudamente criminales del neoliberalismo: evasión/elusión de impuestos de magnates obscenamente enriquecidos exponencialmente algunos en los últimos años, privatizaciones, entreguismo y más y más privilegios a los ya de por sí privilegiados, logrando, en los hechos, comprar al Estado mexicano para tenerlo a su servicio; ya no era aquello de Azcárraga Milmo de “empresarios soldados del Presidente”, sino de PRESIDENTES SOLDADOS DE LOS MAGNATES. En esas dos frases se puede resumir el cambio de paradigma de los gobiernos exponentes del nacionalismo revolucionario (el último, fue Miguel de la Madrid) a los adictos a la biblia de Milton Friedman, que dieron origen a la monstruosa y obscena desigualdad galopante que tiene a México con problemáticas a las que no se les ve solución definitiva sino a muy a largo plazo.
Que Chile se vea en el espejo de México: no habrá expropiaciones, cartillas de racionalización, hiperinflación, largas filas, escasez, líderes entronizados de por vida, gobiernos que pasen por encima de las instituciones. Los regímenes que aspiraban al comunismo, los cuales murieron prácticamente todos desde 1989, ya no volverán; hoy no es ya la dicotomía imperante eso de izquierda – derecha; mucho menos aún comunismo – capitalismo. Se trata, simple y sencillamente, de evitar la muerte de los Estados nacionales, por medio de su cooptación por los grandes capitales privados, dejando de estar al servicio de un puñado de seres envilecidos e insaciables de riqueza a cualquier costo, y devolverle, paulatinamente, su esencia, la de servir a las comunidades; es rescatar lo público, la “polis” de la que hablaban en la antigua Grecia del poder espurio de los mercaderes del Templo, aquellos a los que cita la parábola bíblica.
EL OTRO ESTRECHO
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