Celebra Miguel Barbosa inicio en enero, de vacunación en Puebla

Se apoyarán todas las acciones del gobierno federal para su aplicación. Importante contar con una estrategia de aplicación, en un país de gran dispersión poblacional   Sobre el anuncio que realizó el Subsecretario de Salud federal, el...

5 de enero, 2021
  • Se apoyarán todas las acciones del gobierno federal para su aplicación.
  • Importante contar con una estrategia de aplicación, en un país de gran dispersión poblacional

 

Sobre el anuncio que realizó el Subsecretario de Salud federal, el Dr. Hugo López Gattel, acerca de que a partir del 12 de enero iniciará la vacunación contra el COVID 19 en estados como Puebla, el Gobernador de la entidad aseguró que celebran con entusiasmo el anuncio, y se apoyarán todas las acciones del gobierno federal para su aplicación.

El mandatario poblano señaló que la gente está esperando el arranque de la aplicación de las vacunas en todo el país, y celebran se aplique tal y como está definido, tanto por la Secretaría de Salud federal, como por la Secretaría de la Defensa Nacional, así como a todos los que hayan sido responsables.

Recordó que iniciará el programa de vacunación con el personal médico, a quienes están al frente de la lucha contra el coronavirus atendiendo a pacientes, después los mayores de 60 años, los que tienen padecimientos comórbidos”, y señaló la importancia de contar con una estrategia de aplicación, de lo contrario se tendrían grandes problemas, ya que México es un país de 120 millones de personas, con una enorme dispersión de sus comunidades.

Por su parte el secretario de Salud de la entidad, el Dr. José Antonio Martínez, comentó que ya están preparando la logística con las brigadas de vacunación, y va a iniciar por el personal de la salud que esté en activo, “van a ser vacunados al 100 por ciento, posteriormente se iniciará con los mayores de 60 años, maestros y comórbidos; la primera parte quedará a cargo de la SEDENA” subrayó.

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No lo puedo creer, si el 2021 se me fue volando, ¿qué puedo decir de este año? Siento que anoche estaba estrenando un nuevo calendario y hoy está ya en el noveno mes. ¡Ya vamos en el pozole y los chiles en nogada! Los mexicanos somos resilientes porque haber avanzado hasta aquí, perdón, pero ha sido un logro inconmensurable, uno de los años más cuesta arriba que la mayoría recordaremos. El presidente de la República, los gobernadores, alcaldes y delegados dan sus informes de gobierno. Todos tenemos distintos datos: ellos los suyos y cada ciudadano los propios. Una cosa muy distinta me dice mi estado de cuenta bancario a lo qué me dicen los números oficiales, aún así sigo sin entender un millón de cosas. Creo que los mexicanos estamos viviendo una euforia colectiva por recuperar nuestras vidas, por volver a salir, a ver a los amigos, a vivir como solíamos hacerlo, de una forma “normal”, a acercarnos sin miedo, a reírnos sin miedo, a tocarnos sin miedo. 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Por eso no es casual que todos estos “productos de sanación” siempre lleven la etiqueta de “ancestrales”, aun sin demostrar con el mínimo rigor de qué tribu, en qué contexto surgió y qué sucedió con ellos ni cómo funciona en la complejidad de nuestro ser –donde cualquier cambio mayor afecta al resto de nuestras configuraciones interiores– ni qué estudios los avalan.  A partir de narrativas simplonas y regresivas, donde los insensibles y estúpidos modernos hemos olvidado quiénes somos, y que sólo a través de retrotraernos al pasado, como si el mero hecho de que algo sea antiguo, eso por sí mismo lo convierta en beneficioso, valioso y digno de rescatarse del pasado, nos dará la oportunidad de redescubrir nuestro auténtico ser y trascender los inconvenientes de una civilización que todo lo destruye.    Es paradójico que tratemos de trascender el pensamiento no llevándolo hasta el límite para superarlo, sino renunciando a cualquier reflexión racional, seria, rigurosa y sin prejuicios cientificistas acerca de los fundamentos de cada uno de estos ritos, rituales y conductas rescatados de supuestos pueblos del pasado poco o nada documentados.  Para eso justamente sirve la razón: para protegernos de lo “irracional”, mientras que trascender la razón implica, no lo pre-racional, sino lo trans-racional1.   No hay nada malo en reinterpretar las culturas ancestrales y tomar fragmentos que continúen siendo valiosos para la visión de hoy, pero lo deseable es que se haga como consecuencia de un estudio profundo de sus rituales y símbolos, así como de una exploración seria de las sustancias psicotrópicas utilizadas con el propósito de expandir la percepción, así como las implicaciones y motivaciones que los movían, buscando nuevas aplicaciones de las mismas; lo que no parece muy razonable es entregarnos a un sincretismo acrítico, irresponsable y descontextualizado, que tome elementos de aquí y de allá sin un propósito claro, sin entender los contextos en que éstas se llevaban a cabo y sin que se trate de nada más allá de un “turismo espiritual” que no busca otra cosa que la acumulación hueca de nuevas y más emocionantes experiencias.  En este contexto, no es casual la cantidad de estafas económicas y escándalos sexuales relacionados con supuestos gurús que, unos ingenuamente como consecuencia de una ignorancia profunda y muchos otros a propósito y con enorme malicia –y muchas veces con perversidad criminal– confunden, abusando de la necesidad de trascendencia de sus “clientas” y “clientes”, lo prepersonal (los modos de ser humanos previos a que la mente se convirtiera en la herramienta dominante de la evolución: instintos, sensaciones, impulsos, pulsiones, etc.) con lo transpersonal (aquellas prácticas donde se pretende dejar atrás la construcción egoica de un Yo enfermizo producido por la exacerbación de la modernidad y que son difíciles de reconocer porque aun no son demasiado frecuentes). Aunque en primera instancia suene chocante, hoy poseemos el conocimiento y las capacidades cognitivas y racionales para trascender el ritual en su comprensión antigua. Por más que queramos, el sentido literal de la mayor parte de ellos no puede ser reproducido simplemente porque sabemos cosas del planeta y de cosmos que antes no y por eso se comprende y se admira que esas culturas ancestrales atribuyeran significados distintos a las cosas, pero sin que hoy tenga sentido forzarnos a atribuir los mismos significados que sabemos superados. Un volcán, un hecho astronómico, una reacción química o un mineral convertido en collar no cabe ser entendidos en el mismo sentido que lo hacían ellos, no porque estuvieran equivocados por interpretar el mundo que habitaban desde el máximo de su sensibilidad, capacidades y talentos, sino porque una buena parte de sus fundamentos hoy las sabemos superadas por más que nos atraiga romantizarlas, rescatando sentidos que para nuestra realidad, resultarían superados y obsoletos.  El reto consiste justamente en lo opuesto: a partir de trascender nuestra racionalidad, crear nuevos símbolos y rituales que doten nuestra realidad de nuevos significados. Por ejemplo, tras hacernos conscientes de nuestra responsabilidad en el cambio climático y la extinción de especies y ecosistemas, los rituales y símbolos de la antigüedad, muy lejos de semejante escenario, resultarían insuficientes para retratar el nuevo compromiso que el humano debe asumir para con la biósfera terrestre y que implica nuevas metodologías y hábitos que nos permitan descubrirnos y ampliar nuestra comprensión de nosotros mismos de tal modo que le demos al planeta y al resto de las especies el lugar que efectivamente tienen y nos permitan alcanzar cada vez una mayor consciencia y plenitud. 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