Campanas al vuelo

Muy bonito oír que el peso está fuerte, pero mientras que no podamos vivir dignamente, no podremos decir que el gobierno de AMLO esté cumpliendo todas nuestras necesidades.

12 de enero, 2023

El gobierno federal dirigido por Andrés Manuel López Obrador está de fiesta por las declaraciones de su homólogo estadounidense Joe Biden: “Es un gran aeropuerto”, refiriéndose al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Pero, sobre todo, AMLO festeja por la reciente cotización del peso mexicano ante el dólar de 18 pesos y centavos (https://www.banxico.org.mx/tipcamb/main.do?page=tip&idioma=sp).

Lo que nos deja como antes, en lo Macroeconómico todo está de maravilla, pero en la vida real, sobre el suelo mexicano los altos precios, los bajos salarios, la falta de empleos dignos, y la grave carestía golpean a todos y cada uno de los mexicanos. Así, podemos ver a miles de mexicanos en los cruceros de las calles de las ciudades de nuestro país, tratando de recabar recursos económicos ya sea vendiendo algo o desplegando algún arte o servicio y esperar a que le den un peso.

Aun así, existen miles de cosechas que no están siendo recogidas por la falta de mano de obra ya que los obreros y campesinos están emigrando a los países del norte para trabajar por un salario digno que no encontrarán aquí en México. Ante esto, dicen los empresarios que no pueden competir ante los salarios del norte del país. Son muy pocos los que le entran al salario bajo que se paga en el campo mexicano.

Muy bonito oír que el peso está fuerte, pero mientras que no podamos vivir dignamente, con los alimentos asegurados, con el ahorro constante y una casa digna, no podremos decir que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está cumpliendo todas nuestras necesidades. Por lo cual debió enfocar sus esfuerzos diplomáticos y poder de convencimiento en atraer cientos de empresas a nuestro país en el marco de la reunión trilateral México, Canadá y Estados Unidos.

Desgraciadamente, señala la vox populi, se dedicó a gastar su saliva para forzar a Estados Unidos y Canadá a que le entren a una supuesta integración latinoamericana desde el punto de vista socialista que manejan los dictadores latinoamericanos. Buscando, además, conseguir más dinero para los países centroamericanos y de Sudamérica, mientras que para nosotros… puras habas.

Ante este marco, las elecciones para este año en el Estado de México y Coahuila están en marcha. Los MORENISTAS contenderán en contra de una Alianza en la que pende sobre ellos la traición del Partido Revolucionario Institucional, mientras que Movimiento Ciudadano seguirá adelante solo.

Mientras tanto en Chiapas, los punteros están entre Rosa Irene Urbina Castañeda, presidente municipal de Tapachula y el Director del Seguro social Zoé Robledo Aburto. Estos dos precandidatos son los que están en la preferencia de los verdaderos MORENISTAS y los NEOMORENISTAS.

En esta elección estos dos precandidatos, se puede decir, prácticamente irían solos en la elección oficial, ya que ninguno de los otros partidos tiene la fuerza de ganar. Aunque el Partido Verde Ecologista de México podría retomar como candidato al hijo pródigo de ese partido Eduardo Ramírez Aguilar, que hoy por hoy se desempeña como Senador de MORENA.

Aunque la vox populi señala que Eduardo Ramírez Aguilar saltará de MORENA al MOVIMIENTO NARANJA, tal y como se espera que lo haga su gurú político compañero de su bancada Ricardo Monreal que iría NARANJA por la Presidencia de la República.

Lo seguro es que el que sea ungido como la “Corcholata” ganadora de “encuesta” de MORENA para ser candidato a la Presidencia de la República, vendrá a dar, por ende, el dedo selector a los aspirantes de Chiapas. Esto pondrá a prueba al MORENISMO Chiapaneco que tiene en la mayoría de sus seguidores y dirigentes una Unidad extraordinaria que no revela nada sobre la verdadera identidad de quién será el próximo gobernador de Chiapas.

Así la vox populi espera que las próximas elecciones agilicen un poco la deprimida economía Chiapaneca para poder “echar las campanas al vuelo”.

Comentarios


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En México tenemos el mito cultural nocivo del “buen trabajador”, entendido como aquella persona que “da el todo” por la empresa. Esto implica quedarse horas extras –sin paga–, laborar en fines de semana e, incluso, la aceptación que vivir con agotamiento extremo –burn out– es considerado indicador de un “buen rendimiento” y una “persona comprometida”. Vaya, hasta es mal visto aquella persona que deja de trabajar a la hora indicada –“¡qué sangrón!”, “¡uy, es que no le gusta trabajar!”–. Mi aversión con esta etiqueta social es que pensamos que siempre hay “que echarle muchas ganas” –y sí, nadie lo niega–, pero el esfuerzo y trabajo son precisamente eso, una actividad dentro de muchas de la vida, más no la única.  Nos quieren vender que el trabajo es el centro de nuestra existencia y que aquellos profesionistas con más de veinticinco años trabajando en una empresa son el ejemplo de la constancia y el buen desempeño. Sin embargo, ¿realmente es bueno que dediquemos un cuarto –o más– de nuestra existencia a enriquecer a aquel sector en la cúspide de la pirámide social? ¿Nos parece aceptable que la gran mayoría de los mexicanos trabajemos ocho horas diarias –y más– para poder disfrutar cuatro –o menos–? Incluso con la reciente reforma a la Ley Federal del Trabajo uno tendría que trabajar veintiséis años para ser acreedor a treinta días de vacaciones. Al respecto, destaca el estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE– donde se señala lo siguiente: “Mexicanos y mexicanas son los que más horas trabajan de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pero los que menos vacaciones tienen, una circunstancia que incide en la productividad y que empieza a tener consecuencias en la salud de la población. En los primeros tres meses de este año, de los aproximadamente 56 millones de personas con un empleo regulado en México, un 47,1% trabajó entre 1.785 y 2.124 horas anuales, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” 1 . Cabe mencionar que, dentro de la OCDE se encuentran países como Reino Unido, Alemania y Japón. Y, a tantas horas laboradas, ¿realmente impacta en la productividad? En realidad… no. Contrario a la lógica común, “México es uno de los países donde se trabajan más horas, pero la productividad es baja” 2 . Además, en los últimos años no hemos mejorado este factor: “En 2020, la Productividad Total de los Factores registró un descenso de 3.69 por ciento con respecto a 2019. En lo que va de este gobierno, entre 2019-2020, la productividad ha decrecido 2.2 por ciento en promedio” 3 . Incluso, comparados con otros países, en su momento se llegó a afirmar que “los mexicanos, además de trabajar las jornadas más largas, también están sujetos a uno de los regímenes vacacionales más mezquinos del mundo: sus vacaciones mínimas pagas legales son de menos de 10 días, lo mismo que ocurre en Nigeria, Japón y China, por ejemplo” 4 . Con estas alarmantes cifras, ¡claro que era necesario una reforma! Sin embargo, poco resuelve el problema de fondo. Como lo menciono al principio, mi intuición es que la raíz de esta situación es cultural. Este mito del “buen trabajador” existe por dos realidades inseparables. Por un lado, tenemos una admiración perversa por la figura del “líder”, quien es la persona que gestiona y sabe resolver cualquier problema. Que, por su puesto de mando, rara vez se puede equivocar. Lo cual da origen a un doble discurso moralmente ambiguo. Nos dicen en las empresas “hay que hacerse responsable de nuestros actos” pero el patrón siempre puede echar la culpa al subordinado. Y, tristemente, se acepta como “lo normal”. Al final del día, “así es la realidad aquí y en cualquier empresa”. Mi pregunta es: ¿hasta cuándo lo vamos a permitir? Si existen jefes que se comportan como capataces es porque la gente lo tolera y acepta. Para llegar a cambiar esta realidad hemos de entender que el auténtico líder no es la arrogancia encarnada, sino una persona de virtud y humildad. No se trata de estilos de ejecución, sino de carácter. Es aquella persona que acepta las críticas y busca dirigir con el ejemplo. Quien no teme los conflictos por amor ciego a números y cifras, sino que integra las dificultades para promover el crecimiento, ya que “los conflictos nos permiten conocer y apreciar las diferencias: a partir de aquí podemos aprender, crecer, cooperar con objetivos comunes”5. La otra realidad que promueve el mito del “buen trabajador” se centra en la concepción misma de cómo apreciamos a los trabajadores y la labor cotidiana. Dentro del sistema somos vistos como un bien, un asset o commodity de las organizaciones. Como lo llegó a comprender Herbert Marcuse, nos impregnan de necesidades falsas que perpetúan el mito de la productividad. De esta manera, nos creemos el cuento de que, mientras más crezcamos y demos horas de nuestra vida, más libres somos y, en realidad, más serviles nos volvemos al sistema: “La productividad más alta del trabajo puede utilizarse para la perpetuación del trabajo, la industrialización más efectiva puede servir para la restricción y la manipulación de las necesidades. Al llegar a este punto, la dominación –disfrazada de opulencia y libertad– se extiende a todas las esferas de la existencia pública y privada, integra toda oposición auténtica, absorbe todas las alternativas”6. Es decir, que mientras más permitamos el abuso de tiempo –horas extras, fatiga extrema, burn out como indicador de que “somos buenos trabajadores”–, más fortalecemos el sistema de pequeños abusos laborales constantes. Curiosamente, la palabra “trabajo” tiene un peculiar origen. El lingüista Joan Corominas7 explicó que etimológicamente proviene del latín tripaliare, que significa “torturar”. Si bien, tener un trabajo no se equipara con padecer martirios extremos, sí conserva cierta semántica de angustia, suplicio, estrés, obligación y frustración.  A modo de conclusión, tanto sector público y privado son esenciales para cualquier sociedad. Sin embargo, hay que quitarnos de la cabeza que la saturación de encargos y responsabilidades nos hace mejores personas. El trabajo es sólo una dimensión de la vida, no la central. Hemos de caminar hacia una idea de que cualquier trabajo es un medio que permite desarrollar habilidades y nos provee del sustento necesario para perseguir nuestros sueños y anhelos, es decir, para vivir bien. Como lo demuestran los estudios, la productividad no se traduce con jornadas largas y constantes. Al contrario, hay mayor productividad cuando se permiten descansos frecuentes, tiempo para concentrarse y, sobre todo, tiempo para cultivar el ocio, la diversión y las relaciones personales. Dejemos de poner excusas para desgastarnos y defendamos una cultura laboral basada en la equidad, lo justo y lo correcto.  1“La escasez de vacaciones en México impulsa una reforma legal para aumentar el ocio a 12 días anuales”, Darinka Rodríguez, El País, 12 de agosto de 2022. Disponible en: https://elpais.com/mexico/2022-08-12/la-escasez-de-vacaciones-en-mexico-impulsa-una-reforma-legal-para-aumentar-el-ocio-a-12-dias-anuales.html. 2“¿Qué países trabajan más horas al año? Spoiler: México es el que dedica más tiempo”, redacción de El Financiero, 20 de agosto de 2022. Disponible en: https://www.elfinanciero.com.mx/economia/2022/08/20/que-paises-trabajan-mas-horas-al-ano-spoiler-mexico-es-el-que-dedica-mas-tiempo/.  3Ídem. 4 “Los países del mundo en los que se trabaja más horas (y los dos primeros son de América Latina)”, redacción de BBC Mundo, 25 de abril de 2018. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/institucional-43872427#:~:text=Corea%20del%20Sur%20tiene%20una,horas%20por%20a%C3%B1o%2C%20por%20trabajador. 5 Carlos Llano Cifuentes, Humildad y liderazgo. ¿Necesita el empresario ser humilde?, (CDMX: Ediciones ECA, 2018), p. 20.  6Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, trad. de Antonio Elorza (CDMX: Editorial Planeta, 2021), p. 55. 7 Cfr. “¿De dónde viene la palabra trabajar?”, redacción de El Heraldo de Aragón, 21 de mayo de 2017. 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En realidad, se trató de un operativo que fue difícil ejecutar con pulcritud por la presencia tan amplia que tienen los miembros de esa organización ilícita en la ciudad de Culiacán y otros puntos de la entidad.  Si bien el miedo en Culiacán se esparció de manera generalizada en las horas siguientes a la captura del líder criminal, los medios de comunicación han venido informando que el regreso a la normalidad y relativa calma se ha ido dando a lo largo del fin de semana, lo que da cierta confianza sobre la recuperación de las actividades económicas en esa zona del país. No centraré mi exposición en las vicisitudes de los grupos del crimen organizado a lo largo y ancho del país, sino en cómo la presencia de cárteles y organizaciones criminales en las ciudades incrementa la probabilidad de colapsos como los que vimos en Sinaloa en días pasados. Pasado el susto de los enfrentamientos entre el ejército y los sicarios, nos percatamos que una de las consecuencias más serias de esos colapsos temporales ha sido el agotamiento de mercancías básicas en los supermercados, tanto por las compras de pánico como por los saqueos que se estuvieron presentando. De manera que, además del riesgo de resultar lesionado o de verse afectado patrimonialmente por los enfrentamientos entre los sicarios y las fuerzas del orden, los ciudadanos deben ir lidiando poco a poco con la escasez. También está el problema de la tensión que enfrenta la ciudadanía al volver a transitar sus calles e incorporarse a las actividades cotidianas, pues a través de distintos medios se ha documentado mediante entrevistas entre la población lo difícil que resulta para la gente regresar a hacer sus vidas, ya sea en el trabajo, la escuela o cualquier otra actividad. Es claro que vivir con un nivel de alta exposición al riesgo demerita la salud y la esperanza de vida de las personas, por lo que la seguridad pública no debe ser vista solo como un asunto de cumplimiento de la ley, sino como una forma de salvaguardar también el derecho humano a la salud y a una vida digna. A nivel internacional, las cifras no son muy alentadoras, pues existen estimaciones que muestran que a medida que pasa el tiempo, son más personas las que viven expuestas al riesgo. Una investigación del sitio Statista a cargo de Anna Fleck, sostiene que en las últimas tres décadas el número de personas que viven en un radio de 50 kilómetros adyacente a zonas de conflicto ha aumentado ¡nada menos que 116%! De acuerdo con esta investigación, en 1990 eran alrededor de 555 millones de personas en todo el mundo las que vivían en un radio de riesgo a zonas de conflicto de 50 kilómetros, pero para el año 2020, esa cifra aumentó a 1 mil 200 millones de personas. Si bien la mayoría de esos 1 mil 200 millones de personas viven en zonas de baja intensidad de conflicto, donde como máximo ocurren 25 asesinatos en el año, eso no resta gravedad al problema. La investigación sostiene que, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 2022, en 1990 eran unos 200 millones de niños viviendo cerca de las zonas de conflicto, cifra que aumentó a 452 millones de niños en 2020. Esos 452 millones de niños representan alrededor del 19% de todos los niños que existían en el planeta en 2020. Número de personas viviendo en un radio de 50 km adyacente a zonas de conflicto de 1990 a 2020 según intensidad de conflicto (Cifras en millones) Fuente: Statista. Diciembre de 2022. De tal suerte que, debemos hacer cuando menos dos preguntas: ¿Cuántas ciudades en México son susceptibles de que les pase lo que a Culiacán la semana pasada por ser bastiones de grupos delincuenciales?; ¿cuántas personas viven en esas ciudades? Cifras preliminares De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2022), el INEGI estima que casi el 29% de los 37.4 millones de hogares que existen en el país fue víctima de al menos un delito en el año 2021. En ese mismo año, se estima que 22.1 millones de personas de 18 años y más fueron víctimas de delitos, lo cual representa una tasa de 24 mil 207 víctimas por cada 100 mil habitantes. A nivel nacional, el INEGI estima que en la tasa de prevalencia delictiva en el ámbito urbano es de 27 mil 500 víctimas de delito por cada 100 mil habitantes, pero al desagregar por estados, el Estado de México es el que tiene la más alta tasa, con 40 mil 200 delitos por cada 100 mil habitantes. Tasa de víctimas de delitos por cada 100 mil habitantes en el ámbito urbano por entidad federativa y a nivel nacional con datos de 2020 (gris) y 2021 (morado) (Miles de víctimas) Fuente: INEGI. ENVIPE 2022. Septiembre de 2022. Un ejercicio somero para las ciudades de México Realizamos un ejercicio somero de selección de la mayoría de las ciudades de México que se han caracterizado por tener presencia de grupos de delincuencia organizada, tomando 20 ciudades de distintas regiones de México. El ejercicio es muy simple y busca solo contabilizar la población que vive en ciudades que, por su dimensión territorial y poblacional, son susceptibles de quedar paralizadas en el caso de un evento como el de Culiacán la semana pasada. Las ciudades que se seleccionaron fueron:  Guadalajara 🡪 5.26 millones de habitantes Fresnillo 🡪 143 mil hab. Celaya 🡪 521 mil hab. Colima 🡪 147 mil hab. Culiacán 🡪 808 mil hab.  Chilpancingo 🡪 225 mil hab. Nuevo Laredo 🡪 425 mil hab. Ciudad Victoria 🡪 332 mil hab. Hermosillo 🡪 855 mil hab. Tijuana 🡪 2.6 millones de hab. San Luis Potosí y su Zona Metropolitana 🡪 1.24 millones de hab. Cancún 🡪 888 mil hab. Cuernavaca 🡪 341 mil hab. Zamora 🡪 205 mil hab. Ciudad Obregón 🡪 330 mil hab. Ciudad Juárez 🡪 1 millón 501 mil hab. Uruapan 🡪 357 mil hab. Irapuato 🡪 845 mil hab. Acapulco 🡪 658 mil hab. Chihuahua 🡪 926 mil hab. El total de la población en estas veinte ciudades es de alrededor de 18.6 millones de personas. Estos 18.6 millones de personas representan casi el 14.8 por ciento de la población total del país. Esta estimación es consistente con el artículo de Statista que mencioné, en el cual se menciona que 1 mil 200 millones de personas en el mundo viven cerca de una zona de conflicto (alrededor del 15% de la población mundial). Últimos comentarios En ocasiones anteriores hemos podido discutir en este espacio el costo económico de la violencia, de acuerdo con estudios como el del Instituto para la Economía y la Paz. En esta ocasión he querido presentar una simple reflexión sobre la propensión a una situación de parálisis y estado de sitio que viven las personas en México, ante problemas serios de inseguridad y violencia que se puedan presentar. La reflexión también toca el aspecto de cómo la vulnerabilidad a los riesgos de la inseguridad en México es grande y además consistente con el escenario mundial. El Índice de Desarrollo Humano en México se ha venido reduciendo en los últimos años, no solo como resultado de la pandemia, sino de la combinación de factores que se desprenden de problemas estructurales como la falta de crecimiento, el mayor rezago en la cobertura de salud, los bajos niveles en la calidad de la educación pública, los rezagos materiales y sociales, así como la reducción en la esperanza de vida. En 2021, el IDH de México fue de 0.758, un valor considerado “alto” en la escala internacional, pero inaceptable si consideramos que nos coloca en el lugar 88º del ranking. En ese año, la esperanza se redujo de 76 a 70.2 años.   Referencias https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/sociedad/cuales-son-las-ciudades-mas-violentas-de-mexico-7958855.html#! https://mvsnoticias.com/entrevistas/2023/1/2/ciudad-juarez-tijuana-las-ciudades-mas-violentas-de-mexico-578167.html https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2021-22pdf_1.pdf https://www.undp.org/es/argentina/noticias/informe-sobre-desarrollo-humano-2021-2022 https://www.milenio.com/politica/balaceras-en-culiacan-hoy-ultimas-noticias-de-los-ataques-en-sinaloa  " ["post_title"]=> string(106) "En México hay varias ciudades susceptibles a quedar paralizadas por violencia ante eventos tipo Culiacán" ["post_excerpt"]=> string(91) "El Índice de Desarrollo Humano en México se ha venido reduciendo en los últimos años. 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En México tenemos el mito cultural nocivo del “buen trabajador”, entendido como aquella persona que “da el todo” por la empresa. Esto implica quedarse horas extras –sin paga–, laborar en fines de semana e, incluso, la aceptación que vivir con agotamiento extremo –burn out– es considerado indicador de un “buen rendimiento” y una “persona comprometida”. Vaya, hasta es mal visto aquella persona que deja de trabajar a la hora indicada –“¡qué sangrón!”, “¡uy, es que no le gusta trabajar!”–. Mi aversión con esta etiqueta social es que pensamos que siempre hay “que echarle muchas ganas” –y sí, nadie lo niega–, pero el esfuerzo y trabajo son precisamente eso, una actividad dentro de muchas de la vida, más no la única.  Nos quieren vender que el trabajo es el centro de nuestra existencia y que aquellos profesionistas con más de veinticinco años trabajando en una empresa son el ejemplo de la constancia y el buen desempeño. Sin embargo, ¿realmente es bueno que dediquemos un cuarto –o más– de nuestra existencia a enriquecer a aquel sector en la cúspide de la pirámide social? ¿Nos parece aceptable que la gran mayoría de los mexicanos trabajemos ocho horas diarias –y más– para poder disfrutar cuatro –o menos–? Incluso con la reciente reforma a la Ley Federal del Trabajo uno tendría que trabajar veintiséis años para ser acreedor a treinta días de vacaciones. Al respecto, destaca el estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE– donde se señala lo siguiente: “Mexicanos y mexicanas son los que más horas trabajan de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pero los que menos vacaciones tienen, una circunstancia que incide en la productividad y que empieza a tener consecuencias en la salud de la población. En los primeros tres meses de este año, de los aproximadamente 56 millones de personas con un empleo regulado en México, un 47,1% trabajó entre 1.785 y 2.124 horas anuales, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)” 1 . Cabe mencionar que, dentro de la OCDE se encuentran países como Reino Unido, Alemania y Japón. Y, a tantas horas laboradas, ¿realmente impacta en la productividad? En realidad… no. Contrario a la lógica común, “México es uno de los países donde se trabajan más horas, pero la productividad es baja” 2 . Además, en los últimos años no hemos mejorado este factor: “En 2020, la Productividad Total de los Factores registró un descenso de 3.69 por ciento con respecto a 2019. En lo que va de este gobierno, entre 2019-2020, la productividad ha decrecido 2.2 por ciento en promedio” 3 . Incluso, comparados con otros países, en su momento se llegó a afirmar que “los mexicanos, además de trabajar las jornadas más largas, también están sujetos a uno de los regímenes vacacionales más mezquinos del mundo: sus vacaciones mínimas pagas legales son de menos de 10 días, lo mismo que ocurre en Nigeria, Japón y China, por ejemplo” 4 . Con estas alarmantes cifras, ¡claro que era necesario una reforma! Sin embargo, poco resuelve el problema de fondo. Como lo menciono al principio, mi intuición es que la raíz de esta situación es cultural. Este mito del “buen trabajador” existe por dos realidades inseparables. Por un lado, tenemos una admiración perversa por la figura del “líder”, quien es la persona que gestiona y sabe resolver cualquier problema. Que, por su puesto de mando, rara vez se puede equivocar. Lo cual da origen a un doble discurso moralmente ambiguo. Nos dicen en las empresas “hay que hacerse responsable de nuestros actos” pero el patrón siempre puede echar la culpa al subordinado. Y, tristemente, se acepta como “lo normal”. Al final del día, “así es la realidad aquí y en cualquier empresa”. Mi pregunta es: ¿hasta cuándo lo vamos a permitir? Si existen jefes que se comportan como capataces es porque la gente lo tolera y acepta. Para llegar a cambiar esta realidad hemos de entender que el auténtico líder no es la arrogancia encarnada, sino una persona de virtud y humildad. No se trata de estilos de ejecución, sino de carácter. Es aquella persona que acepta las críticas y busca dirigir con el ejemplo. Quien no teme los conflictos por amor ciego a números y cifras, sino que integra las dificultades para promover el crecimiento, ya que “los conflictos nos permiten conocer y apreciar las diferencias: a partir de aquí podemos aprender, crecer, cooperar con objetivos comunes”5. La otra realidad que promueve el mito del “buen trabajador” se centra en la concepción misma de cómo apreciamos a los trabajadores y la labor cotidiana. Dentro del sistema somos vistos como un bien, un asset o commodity de las organizaciones. Como lo llegó a comprender Herbert Marcuse, nos impregnan de necesidades falsas que perpetúan el mito de la productividad. De esta manera, nos creemos el cuento de que, mientras más crezcamos y demos horas de nuestra vida, más libres somos y, en realidad, más serviles nos volvemos al sistema: “La productividad más alta del trabajo puede utilizarse para la perpetuación del trabajo, la industrialización más efectiva puede servir para la restricción y la manipulación de las necesidades. Al llegar a este punto, la dominación –disfrazada de opulencia y libertad– se extiende a todas las esferas de la existencia pública y privada, integra toda oposición auténtica, absorbe todas las alternativas”6. Es decir, que mientras más permitamos el abuso de tiempo –horas extras, fatiga extrema, burn out como indicador de que “somos buenos trabajadores”–, más fortalecemos el sistema de pequeños abusos laborales constantes. Curiosamente, la palabra “trabajo” tiene un peculiar origen. El lingüista Joan Corominas7 explicó que etimológicamente proviene del latín tripaliare, que significa “torturar”. Si bien, tener un trabajo no se equipara con padecer martirios extremos, sí conserva cierta semántica de angustia, suplicio, estrés, obligación y frustración.  A modo de conclusión, tanto sector público y privado son esenciales para cualquier sociedad. Sin embargo, hay que quitarnos de la cabeza que la saturación de encargos y responsabilidades nos hace mejores personas. El trabajo es sólo una dimensión de la vida, no la central. Hemos de caminar hacia una idea de que cualquier trabajo es un medio que permite desarrollar habilidades y nos provee del sustento necesario para perseguir nuestros sueños y anhelos, es decir, para vivir bien. Como lo demuestran los estudios, la productividad no se traduce con jornadas largas y constantes. Al contrario, hay mayor productividad cuando se permiten descansos frecuentes, tiempo para concentrarse y, sobre todo, tiempo para cultivar el ocio, la diversión y las relaciones personales. Dejemos de poner excusas para desgastarnos y defendamos una cultura laboral basada en la equidad, lo justo y lo correcto.  1“La escasez de vacaciones en México impulsa una reforma legal para aumentar el ocio a 12 días anuales”, Darinka Rodríguez, El País, 12 de agosto de 2022. Disponible en: https://elpais.com/mexico/2022-08-12/la-escasez-de-vacaciones-en-mexico-impulsa-una-reforma-legal-para-aumentar-el-ocio-a-12-dias-anuales.html. 2“¿Qué países trabajan más horas al año? Spoiler: México es el que dedica más tiempo”, redacción de El Financiero, 20 de agosto de 2022. Disponible en: https://www.elfinanciero.com.mx/economia/2022/08/20/que-paises-trabajan-mas-horas-al-ano-spoiler-mexico-es-el-que-dedica-mas-tiempo/.  3Ídem. 4 “Los países del mundo en los que se trabaja más horas (y los dos primeros son de América Latina)”, redacción de BBC Mundo, 25 de abril de 2018. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/institucional-43872427#:~:text=Corea%20del%20Sur%20tiene%20una,horas%20por%20a%C3%B1o%2C%20por%20trabajador. 5 Carlos Llano Cifuentes, Humildad y liderazgo. ¿Necesita el empresario ser humilde?, (CDMX: Ediciones ECA, 2018), p. 20.  6Herbert Marcuse, El hombre unidimensional, trad. de Antonio Elorza (CDMX: Editorial Planeta, 2021), p. 55. 7 Cfr. “¿De dónde viene la palabra trabajar?”, redacción de El Heraldo de Aragón, 21 de mayo de 2017. 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Cultura laboral mexicana

Cultura laboral mexicana. Un tema urgente

Paradójicamente, México es uno de los países donde se trabajan más horas; sin embargo, la productividad es baja.

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