Ahora, luego de otro poderoso huracán, la situación se magnífica, máxime teniendo en cuenta que el gobierno de López Obrador, sea por las razones que sean, que las hay, marginó a todo el estado de las magnas obras del sexenio para el sur/sureste mexicano, a grado tal que las tendencias de crecimiento entre el norte y el sur de México, se invirtieron.
Acapulco ha ido en caída libre. En pláticas con una respetable amiga mía, de las afortunadas en poder salir huyendo del puerto y sus múltiples miserias, me comentaba (luego de OTIS) que la ciudad sería ya cómo una aldea fantasma.
El Puerto del Pacífico mexicano vive, en los hechos, de limosnas:
– Partidas presupuestales federales.
– Presencia de muchos miles, luego de OTIS, de contingentes de dependencias del gobierno federal, que hacen que economía en la Ciudad no muera.
– Programas sociales, federales también; estos tres últimos puntos, se puede afirmar se acercan a criterios económicos keynesianos.
– Remesas enviadas por migrantes a sus familias.
– Las propias, sí, sólo las propinas qué dejan los turistas, ya que en Acapulco NO existe una clase empresarial y buena parte de las utilidades de los negocios turísticos van para sus matrices con sede en otras Ciudades de México o del extranjero.
– Recursos de las ONG qué, desde Otis, tienen presencia en Acapulco, y que acercan a la ciudad al nombre con el que se conoce ya desde hace unos años al sufrido Haití (“el país de las ONG).
– En algunos casos, en la zona rural, el autoconsumo.
Y vamos, de eso a ver cuánto toca a cada quién, de ahí que la informalidad y la delincuencia estén tan extendidos, tal como ciudades perdidas (estilo favela) dentro de ciudades perdidas. No hay más, pues, fuentes de ingreso, dado la inexistencia total de otra actividad productiva que no sea el turismo. En fin, Acapulco en particular y Guerrero en general son un reto mayúsculo para la administración de Sheinbaum, un problema de Estado y de seguridad nacional, al cual no se le ve solución posible, mas si acaso, en el largo plazo.
Todo esto, sumado a una clase política vil, ignorante y proclive a la ineptitud y la corrupción, incluido el rubro de la colusión con peligrosos grupos criminales en todo el estado de Guerrero, en los hechos, bien se puede afirmar, la oveja negra de la Patria.
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