Yo pienso que Noroña es una especie de Robespierre mexicano contemporáneo –eso sí, sin desatar genocidios–. De revolucionario de izquierda que –según– luchaba contra los abusos del poder, denunciaba la corrupción, y pretendía ser un compañero del pueblo, baluarte de la justicia social, pasó a convertirse en todo lo que –de nuevo, según– aborrecía.
Gerardo Noroña inició su carrera política dentro de las filas del difunto Partido Mexicano Socialista –PMS– en 1988. Para el 89, ingresó al PRD donde permanecerá hasta el 2009 cuando se va al PT. Durante estos años, Noroña se pronunció en contra del gobierno de Fox, cuestionó la legitimidad –como es el mantra morenista– de la elección del 2006 y la del 2012, denunció la militarización del gobierno de Calderón, así como criticó la falta de eficacia gubernamental para resolver el Caso Ayotzinapa. ¡Ah, claro! Además, exhortó a la desobediencia civil para no pagar el impuesto del gasolinazo de aquel entonces. Lo malo es que su postura social se transformó en cuanto se sentó en el curul de la presidencia del senado, donde ya no cuestionó ninguna elección del 2024 –aunque ya se estaba quejando cuando pensó que no le iba a tocar hueso alguno– y ha defendido todo acto del gobierno –como los nuevos gasolinazos que «no son gasolinazos» (quesque), la Reforma Judicial, la Ley Espía, etc.–.
Ojo, hay que recordar que, en general, cuando una elección no le favorece, Noroña se queja y estremece. Por ejemplo, 2008. Ortega gana las elecciones internas de la presidencia del PRD y Noroña renuncia –pues no ganó su, en aquel tiempo, valedor, Alejandro Encinas–. Otro ejemplo. Ya en 2018 quería ser presidente del senado, sólo que aún no estaba afiliado en MORENA. El puesto fue ocupado por Martí Batres –quien ya militaba–, sobre lo cual, Noroña armó un vídeo expresando que «yo apoyo a López Obrador, aunque él sea incorrecto conmigo»1. O sea, que tampoco le gustó esta elección.
No está mal hacer lo que se considera correcto, pero sí es perverso cuando no se lucha por lo justo, sino por el hueso. Alguien que auténticamente defiende los derechos humanos lo seguirá haciendo aun cuando esté en el poder. Así, no se puede decir que Ayotzinapa fue un acto criminal perpetrado por el Estado, pero cuestionar la realidad de Izaguirre y tacharlo como una campaña de la derecha para desprestigiar al gobierno federal de MORENA.
Peor aún, que Noroña –quien tanto ha atacado a medio mundo cuando era oposición– haya obligado a un ciudadano a rendirle una disculpa pública no es propio de un defensor de la izquierda. Es actuar como oligarca con delirios de grandeza, comprobado con sus viajes a Francia y al Vaticano con dinero del pueblo bueno. Me pregunto, ¿qué hubiera dicho el Noroña de 1989 al Noroña del 2025? Quizás lo hubiera calificado como lo que no se atreve a decirse a sí mismo: autócrata desleal al pueblo.
Así como a Robespierre, la guillotina parece deslizarse sobre Noroña. ¿Qué legado deja? Desafortunadamente el mismo que muchos apóstatas de la izquierda popular latinoamericana: alguien que se aprovechó de las dolencias reales para articular su ascenso al poder. Lástima para él que, al igual que Robespierre, no le duró mucho el curul.

*Cartón hecho por el mismo autor.
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1 Vídeo accedido en su cuenta de YouTube. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=iHStr3ut2sw.
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