Había pensado hacer una reseña sobre la 98 entrega de los Premios Oscar, pero la verdad es que estuvieron de lo más aburridos y predecibles y no porque no hubiesen buenas películas nominadas, afortunadamente el cine existe y siempre habrá talento y ganas de hacer cosas hermosas, usar el séptimo arte en forma de denuncia o únicamente para contar historias y expresar belleza. La verdad es que cada vez entiendo menos los eventos estadounidenses en donde aparentemente se denuncia y condena el racismo y la xenofobia. No sé qué es real o qué es parte de un guion en el que sin duda nosotros estamos haciendo el papel mas triste de todos.
Mejor decidí contarles una anécdota como tantas que me suceden desde el feliz día que llegue a vivir a esta loca ciudad que jamás dejará de sorprenderme y es que resulta que el domingo por la mañana tengo a bien con mi hija y mi longevo perro salir a caminar por las calles de mi alcaldía. Admirando estaba yo esta furia lila que llena de rabiosas jacarandas la vista en este afortunado y siempre anhelado mes cuando notamos que estaban patrullas cerrando las calles. Obviamente dos comunicólogas como nosotras no nos íbamos a quedar con un “No puede pasar y dé la vuelta a la manzana” como respuesta y decidimos averiguar qué sucedía.
Bizarros como casi todo lo que ocurre en esta ciudad fueron los momentos subsecuentes, una ola de personas vestidas de verde avanzaban por las calles principales del centro de Coyoacan celebrando algo que si bien no desconocía del todo sí percibo como algo muy lejano a la realidad mía y de la mayoría de la gente con la que me cruzo todos los días “El dia de San Patricio”. Sí, sé que es un festejo típico Irlandés y que por allá en esta isla perteneciente al Reino Unido se celebra todos los años, que a la gente le encanta beber cerveza verde y vestirse de gnomos, duendes, vikingos y toda la tradición de estas tierras bastante lejanas; lo que sí no sabia —y perdón por la ignorancia— era que eso se celebrara también en México y menos con tanto entusiasmo. Y es que no era la embajada ni la gente que participaba se veía descendiente directa de Irlandeses, eran cientos de mexicanos como tú y como yo pero con un conocimiento sorprendente de la cultura Irlandesa y con todas las ganas de participar en un desfile que pareciera de lo mas familiar para ellos.
Gente de todas las edades, en familia y con sus mascotas, ataviada con trajes típicos, capas, sombreros, “Kilts” (Las faldas que usan los hombres por allá), Gaiteros profesionales, bailarines con coreografías impecables, Banda de guerra que entonaba a la perfección música típica, incluso vendedores ofreciendo gorros y souvenirs que yo no me habría imaginado jamás encontrar acá. Y sí por supuesto un sincretismo fabuloso de Catrinas-Mariachis-Verde-Gnomos.
No eran pocos, muchísimas personas, muchísima emoción muchísima tradición y todo el entusiasmo que la verdad no he visto ni en las fiestas patrias propias: Botargas fantásticas, disfraces super elaborados, esculturas enormes echas con globos, de verdad no se pueden imaginar aquel despliegue de creatividad e identidad que me dejó boquiabierta. Ya lo del contingente que increíblemente maquillados como hadas y seres del bosque cantaban “La pelusa” y que fue lo que me hizo recordar que aunque lo llegué a dudar sí eran mexicanos los participantes.
Busqué noticias sobre lo ocurrido y confirmé que no lo soñé y que ademas cada año con gran entusiasmo se celebra este desfile acompañado de un gran festejo con comida, danzas y tradiciones a la más pura usanza de la Isla Esmeralda y que son cientos de personas las que cada año se integran.
Fuera de “El Batallón de San Patricio” nada mas se me ocurre como que nos pueda hacer tan fans e identificarnos con este festejo. Según datos del INEGI hay un aproximado de 350 Irlandeses viviendo en el país, realmente pocos en el entendido que no es una población que busque emigrar. Por eso no dejo de estar sorprendida. Y no es crítica, lejos de eso, es asombro frente a un universo que hasta este domingo yo desconocía pero que hoy me agrada y no porque esté pensando incluirme el siguiente año pero sí como algo muy lindo que tenemos los mexicanos y son las ganas de siempre aprender, recibir, abrazar y buscar nuevas y mejores formas de convivir y alegrar nuestras vidas.
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