En pasadas semanas, la Señorita Alessandra Rojo de la Vega, funcionaria de la Alcaldia Miguel Hidalgo, gobernada por el PAN, fue captada en actitud hiperactiva durante la marcha feminista del 25 de noviembre en CDMX. Como ya es una triste costumbre, estas manifestaciones se han convertido en una mezcla de mujeres infiltradas con miras a desestabilizar el gobierno de la Ciudad capital. La funcionaria giraba órdenes a las pseudomanifestantes, animaba a las más violentas y arengaba a la furia destructora. Ante las evidencias, su reacción fue culpar a la Jefatura de Gobierno.
Ese día pudimos acabar de entender lo que ya lucía muy obvio: opositores al gobierno incitan a los desmanes a mujeres infiltradas, a las que se les suman unas cuantas ingenuas damas con algo de buenas intenciones. Una vez conformada la masa iracunda, tunden hasta con gasolina y fuego al cuerpo policiaco (conformado, irónicamente, por valientes y honestas mujeres) que se encarga de contener, en lo posible, los daños que van dejando a su paso.
Respecto a la delegación donde labora Alessandra, supimos que en la colonia Pensil Norte, dentro de la misma demarcación Miguel Hidalgo, hubo una explosión por acumulación de gas. El saldo: cerca de una decena de casas habitación, sumado a unos veinte heridos, cuatro de gravedad y lamentablemente una joven fallecida. Alessandra iba en representación del alcalde panista Mauricio Tabe, que como buen ejemplo de panista en el ejercicio frívolo de sus funciones, no le fue posible acudir al sitio del siniestro porque el Señor, estaba ni más ni menos que de indolente “WEEKEND” (vacaciones de fin de semana).
Otro caso que nos atañe es el de Simón Levy, brillante economista y catedrático, activista social muy seguido en redes sociales y fugaz subsecretario de turismo a nivel federal a principios del presente sexenio. A dicho personaje se le pudo observar pateando con furia la puerta del domicilio de una Señora de la tercera edad con la que, después se supo, mantenía un largo litigio jurídico. Un pleito por dinero, en pocas palabras.
¿Por qué dan este par de casos para el escándalo? Por el simple hecho de provocar violencia, pero máxime en un México que sufre una guerra a raíz del fatídico año 2006 y sus tan cuestionadas elecciones federales. Un conflicto armado que se sabe a la perfección cuándo y por qué comenzó, pero que ignoramos el año de su final. Rojo de la Vega y Levy son dos personajes miembros de una clase privilegiada, pero más aún, públicos, que con esas acciones aquí relatadas, no solo opacan sus talentos, sino mucho peor aún: envían un macabro mensaje a la Ciudadanía de cómo abordar conflictos, contrario de como debiera de ser: dentro del marco de de un Estado de Derecho.
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