Históricamente Acapulco guarda un papel fundamental en el surgimiento de la primera globalización verdaderamente mundial. Hay que recordar que desde la llegada de Hernán Cortés a lo que hoy es México, el emperador Carlos V dio instrucciones para enviar una expedición al lejano Oriente, principalmente a “Catay” y “Cipango” (China y Japón) así conocidos por Europa en ese entonces. Sin embargo, no fue el primer interesado, ya que desde siglos atrás existía el comercio entre el Oriente y Europa. Reyes y papas habían ordenado expediciones con fines políticos, económicos y evangelizadores, estableciendo “La Ruta de la seda” (un largo y muy peligroso camino).
En 1271 Marco Polo, un mercader Veneciano, realizó un viaje a Oriente con su Padre y su Tío, el cual duró 24 años y le serviría para escribir después un libro en el que describía las maravillas de aquellas lejanas tierras, inspirando con ello el descubrir nuevas rutas (sobre todo marítimas) para acortar las distancias.
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No fue sino hasta 1497 cuando el navegante portugués Vasco De Gama descubrió la primera ruta marítima a la India, rodeando el “Cabo de buena esperanza” (al Sur de África), iniciando así el comercio de especias y otros productos entre Oriente y Europa; a esta ruta se le sumó otra descubierta por el también navegante portugués Fernando de Magallanes, navegando lo más al sur posible del Continente Americano.
En 1528 parte de Zihuatanejo la primera expedición ordenada por Hernán Cortés a las “Indias Orientales”, pero sin poder encontrar los vientos y corrientes favorables para el viaje de regreso. Fue hasta 1565 cuando Miguel López de Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta logran realizar con éxito el tan ansiado “tornaviaje”, iniciándose así a partir de 1573 y hasta 1815 el comercio con Asia por esta vía, siendo Acapulco puerto autorizado para dicho comercio por medio de la ruta Acapulco- Manila- Acapulco.
Así se estableció una vez al año que dos barcos por viaje como máximo cubrirían dicha ruta, celebrándose una feria en Acapulco a la llegada de los Galeones con una duración de hasta 2 meses, a la cual acudían comerciantes europeos y novohispanos a comprar gran variedad de productos, realizándose así un gran intercambio de objetos, cultura y personas entre los tres continentes. Esto contribuyó al desarrollo de una inusual dinámica para la época, con una sofisticada economía de mercado que necesitaba de un medio confiable de intercambio: el dinero, encontrándose éste en la Plata Novohispana que circuló como moneda aceptada en todos los Continentes (algo parecido al dólar estadounidense de hoy).
El Virreinato de la Nueva España junto con el del Perú produjeron entre 1500 y 1800 más del 80% del total Mundial del preciado Metal, ayudando a articular una auténtica economía global que redujo las distancias y la falta de entendimiento entre Europa, América y Asia, con lo cual se provocaron cambios que impactaron de forma permanente a los tres Continentes.

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