El PRI, el gran partido hegemónico emanado de la Revolución Mexicana, aglutinador de todas sus fuerzas, intereses e ideologías por siete décadas, eje del arreglo institucional que permitió al país un alto a la violencia política y el goce de casi 80 años de una paz social que, máxime desde el 2007 más que nunca, nadie se atrevería a negar. Si México fue “la isla de paz y orden democrático en América Latina” a la que, en un momento de la década de los 70, Porfirio Muñoz Ledo describía, no sin razón y mucho por supuesto menos sin ser fundamental el viejo régimen posrevolucionario.
Durante el presente sexenio y a pesar de su más profunda crisis histórica, no pocos apuestan a su desaparición, que de hecho es el camino que lleva. Todo parecía indicar que Alfredo del Mazo sería el último gobernador emanado del instituto político tricolor en 2024. Pero el que esto escribe está convencido de que al régimen y gobierno actuales, no le conviene su desaparición, ya que ese espacio sería acaparado por un pseudopartido político nacido justamente como expresión pura de la reacción a la que sería la tercera transformación de la vida pública en México: la Revolución mexicana, que quiérase o no, no pocos de sus postulados, progresistas y nacionalistas, han sido retomados por MORENA (movimiento social y partido político) y su caudillo, Andrés Manuel López Obrador.
Por lo anterior y al verse comprometidas algunas reformas impulsadas por la actual administración federal en el Congreso de la presente legislatura. Ya sin mayoría calificada para ellos, es muy posible que hayan caído en la cuenta, con motivo puntual del caso de la Reforma de las fuerzas armadas y sus funciones de apoyo en cuestiones tan delicadas como la seguridad pública, el oficialismo haya decidido darle vida artificial. Esto es dejar perder el estado de Coahuila en las elecciones de este año 2023 a cambio del voto de la bancada priista a favor del particular en la cámara de Diputados, vía la operación política del líder de ese partido en esa soberanía: Rubén Moreira, exgobernador, precisamente de Coahuila.
El presidente López Obrador y su partido son conscientes que a futuro, negociaciones con una fuerza política que es por completo su opuesto ideológico sería prácticamente imposible entablar un diálogo, una negociación; nunca sería un interlocutor ni fiable ni útil a sus iniciativas. Entonces, veo que el PRI seguirá viviendo, si bien con sus fuerzas muy mermadas, pero con vida al fin, y con la enorme ventaja (coartada si se quiere) de tener la bandera de la Revolución mexicana de su lado, del partido hegemónico que fue, de amplísimo espectro ideológico, pragmatismo que le otorga sin duda una ventaja muy valiosa, ventaja que el partido Acción Nacional jamás podrá alardear. Toca a los próximos liderazgos del Revolucionario Institucional, una imperativa refundación de ese partido, indispensable y radical, estalinista si es que cabe el concepto, donde personajes más que impresentables queden fuera ya de todo proceso político al interior del partido, mediante una renovación de cuadros, y de estatutos y principios.
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