La Nueva Mira del Capital

Si algo cambiará después de la visita a Washington, es pronto para saberlo. Si algún mensaje recibió el presidente mexicano en materia de inversión, lo...

13 de julio, 2020

Si algo cambiará después de la visita a Washington, es pronto para saberlo. Si algún mensaje recibió el presidente mexicano en materia de inversión, lo sabremos en cuanto las decisiones de su gobierno den marcha atrás a los proyectos fallidos de origen y al dispendio sin freno en la dádiva. De lo primero podría admitirse un receso en obra no trascendental y en lo segundo, la admisión de padrones estructurados. Nuevamente, en cuanto a la obra no trascendental que todos conocemos, tal vez el aeropuerto no merezca la atención que el mundo espera, pero en la refinería no existe opción más allá de su total cancelación. Del tren sabemos del impedimento legal y de constantes violaciones en órdenes ambientales. Las salidas del presidente no son amplias. Está sumido en un fracaso que supera los casi dos años de gestión; la recuperación del terreno perdido prácticamente se duplica en tiempo. Ya se califica generacional el daño.

La Casa Blanca no lo ignora. Las reuniones pueden tener un efecto de plazos: una salida digna para un socio de un bloque comercial con una frontera de miles de kilómetros y una franja que la historia moderna ha dejado en una convivencia fraternal a pesar del pronunciamiento de la política que una vez segrega y otra une. Así ha sido en los tiempos; opina Washington de cuando en cuando y el ir y venir nunca se interrumpe; así opinan los vecinos de un lado y del otro. El flujo es de personas y de cosas, de intercambio pacífico y de hermandad, de paso legal e ilegal, tanto da, es uso y costumbre, es rutina y entendimiento. Así seguirá.

Si de alguna manera el discurso en Washington renovó lazos, también renovó compromisos. Un tratado comercial reúne innumerables vicisitudes, reúne manifestaciones provenientes de la mayor potencia en el orbe y la mayor seriedad ante un mundo ávido de recuperación. Las cosas nunca tuvieron mayor compás de espera que la provocada por una pandemia, pero las cosas también tuvieron el momento preciso en la definición de rumbo. El discurso atemperó ánimos de otras épocas, atemperó otros pronunciamientos, los alejados de realidades que hoy vivimos y que tratan de atenuarse con gobiernos pasivos en el dominio de circunstancias de prevención que nunca llegó. Así se realizó la entrevista de dos mandatarios empeñados en sus propósitos y en sus desplantes autoritarios.

Una realidad diferente alcanzó a los presidentes; al anfitrión, con una economía amenazada en el desempleo y en la contracción de un par de puntos de su producto, una descomposición racial en su entorno y un competidor que lo aventaja. Al presidente mexicano la entrevista lo capturó en su peor momento, en franco declive de aceptación, con una economía en total desastre, con una pérdida en el empleo irrecuperable, con los mayores índices de inseguridad en la historia y un total descrédito en su palabra. 

Pero vino la empresa, la presencia del capital, a recordar que las cosas tienen arreglo, un arreglo seguido de reglas, de orden y de compromiso. El auxilio en la pandemia nunca existió de nuestro lado, esa consigna quedó en el tema de asignaturas pendientes. Enfrenta la obstinación de la obra monumental e intrascendente y el reparto de una riqueza alguna vez creada y no multiplicada en dos años de gestión. Así de claro. El entendimiento puede ser aceptado en tierra propia o ajena, pero debe ser aceptado porque no existe salida para el fracaso de esta transición que encabeza López Obrador. 

El probable éxito de la comunicación puede ser un primer paso, pero no es contundente. El intercambio de voluntades puede estar cifrado en meses y el empeño de uno y otro mandatario lo regirá un electorado en breve. Las circunstancias de la apuesta en la visita pueden variar y la potencia del norte nunca pierde. Cuatro meses para el norteamericano y once meses para el mexicano. Todo será tema de elecciones y las perspectivas para uno y otro no son alentadoras. 




No obstante, el punto de vista de los capitales y de sus dueños hace presencia en la misma Casa Blanca en donde se dirimen poderes, pero no siempre destinos. En el poder se reciben lecciones también, en el poder la curva de aprendizaje tiene espacios finitos. En los horizontes del capital, la permanencia puede no ser eterna pero la resistencia se da en las arenas de la competencia y del riesgo. La forja en los ámbitos de la política y en la empresa alguna vez difiere en esencia pero no en la dimensión del desafío y el tiempo. 

El capital viene a recordar su existencia, una y otra vez. Al presidente mexicano puede no gustarle el tema, puede desde su tribuna cotidiana rechazar y condenar la empresa y los empresarios que alguna vez o siempre le cambiaron su forma de ver la vida institucional y de progreso de la nación. Puede también seguir empeñado en esa visión retrógrada de la autosuficiencia y modelos de los años del crecimiento sostenido, pero ahora no puede negar la presencia del capital que sostiene cadenas productivas y crecimiento. No en la recesión que creó.

Las estructuras de la nación están debilitadas, las físicas y las morales, estas últimas en el sostenido abandono de las fuerzas productivas y del empeño emprendedor de todas las escalas. Confundir la dádiva con ingreso ha trastornado las perspectivas de mercados internos en dos años y el ahorro pretendido en una austeridad ausente por todos los frentes, ha desbocado un dispendio sin control y una corrupción sin freno. El libertinaje despótico ha inundado las áreas más sensibles del uso de recursos. La avidez y la revancha han suplantado la eficiencia gubernamental en una improvisación rampante y burda.

Los símbolos de una interpretación fingida en la historia transformadora y la propagación de subjetividades, han descubierto todas las desviaciones posibles que sustenta la demagogia. La improvisación ha imperado y la impericia ha hecho de las labores de Estado tierra fértil de acumulación y prevalencia de intereses de personas y de grupos. 

Washington fue y será lección, la compañía del presidente, la que cuenta, reunió hombres de empresa. La reunión se dio en la cuna del capital, en cuna de nación ganadora por excelencia. El capital siempre afina las miras, de los que pierden y de los que ganan. 

Comentarios

Si algo cambiará después de la visita a Washington, es pronto para saberlo. Si algún mensaje recibió el presidente mexicano en materia...

enero 1, 1970

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