Los increíbles 2

Los increíbles 2, demuestra que la fórmula Pixar puede funcionar mejor cuando quien la usa no es parte del estudio.

22 de junio, 2018
  • Los increíbles 2, demuestra que la fórmula Pixar puede funcionar mejor cuando quien la usa no es parte del estudio.

Cuando la fiebre del cine de superhéroes comenzaba a apoderarse del inconsciente colectivo, Disney-Pixar impresionó a medio mundo con The Incredibles (2004), una parodia animada enfocada en Bob Park, quien secretamente es Mr. Incredible. Tras una enfrentar una demanda por haber lesionado a una persona al salvarla, indirectamente es responsable de que el gobierno decida prohibir las actividades de los “metahumanos”. Años más tarde lo volvemos a encontrar, encerrado en un aburrido trabajo de oficina, con sobrepeso y una familia qué mantener. Un individuo anónimo lo contrata para que, discretamente, realice nuevamente lo que más le gusta y de repente, deberá lidiar con una vida secreta, la posibilidad de ser infiel y sobre todo, con el tratar de mantener unida a su familia, que también tiene súper poderes, como él. Lo atractivo del asunto se debió a la inteligencia y habilidad de su director y guionista, Brad Bird, quien unos años antes había asombrado a crítica y público con la hoy de culto, The Iron Giant (1999). Es él quien usando como inspiración cómics como Los 4 fantásticos o Watchmen, la serie de TV, Batman: The Animate Series, así como diversas fuentes como las cintas y series de ciencia ficción de los 50’s (hay mucho del acabado visual de Thunderbirds, por ejemplo), el que crea este nostálgico y tierno relato de una familia de súper seres que tienen también mucho en deuda con Los Simpsons.

El éxito fue tan impactante que durante muchos años se habló de una secuela que por fin, después de más de 10 años, llega en la forma de Los increíbles 2 (Incredibles 2, 2018), dirigida por el creador de la original.

Inmediatamente de haber terminado el capítulo anterior, la familia Park se enfrenta al Subterráneo, el villano que hacía su aparición al final de la precuela. Es entonces que son contactados por un par de hermanos que buscan ayudarlos a cambiar la percepción del público y las autoridades, para que nuevamente los superhéroes puedan actuar con plena libertad. La diferencia principal es que quien deberá asumir el rol de defensora será Elastic Girl, mientras que Bob deberá quedarse en casa para ocuparse del cuidado de la familia.

Si bien la premisa es prácticamente la misma que en la anterior, sólo que con los roles cambiados, Bird demuestra que tiene la suficiente habilidad para salir airoso de una secuela que podría parecer un remake en manos de otro realizador. La acción es igual o más trepidante que la de la anterior y el aspecto visual y musical, conservan ese toque de nostalgia que reinaba en la otra. La animación trata de ser respetuosa con lo logrado en la previa, pero de repente llega a parecerse más a Megamind (2010, Tom McGrath) o Monsters vs Aliens (2009, Rob Letterman y Conrad Vernon), cintas que no hubieran llegado a ser sin la creación de Bird. Lo que le resta quizá un poco de fuerza es que los superhéroes secundarios no llegan a ser para nada atractivos y algunas de las bromas se sienten algo derivativas (la secuencia de la comida con los niños peleando, la manifestación de los poderes del bebé, etc.).

Siendo realistas, Los increíbles 2 es parte de la misma ola de explotación de películas exitosas del pasado que es tan común en el cine de hoy. Hace poco se estrenaron Solo: A Star Wars Story (2018, Ron Howard) y Jurassic World: Fallen Kingdom (2018, J. A. Bayona); pronto aparecerán en la cartelera las nuevas cintas de Mission: Imposible, Predator, etc. Algunas, como Solo, resultan ser grandes fracasos, mas no porque no recuperen su inversión sino porque no llegan a las “proyecciones” económicas que sus productores hacen. En otros, son simples productos de relleno que no aportan nada ni al cine ni a las franquicias a las que pertenecen. El caso de Los increíbles 2 resulta mucho más que agradable y hasta el momento en que esto se escribe, ya había superado las expectativas de sus creadores, tal vez por el simple hecho que su realizador sabe muy bien cómo darle la vuelta a lo que podría, de alguna manera, aparentar que es una cinta que busca complacer al espectador contemporáneo, pero que de forma no muy fácilmente perceptible, decide no traicionar la esencia de la original.

A pesar de que en general la crítica la ha tratado bien, también es cierto que la gran mayoría se han sorprendido por dos factores: El primero, que para acercarse a la ideología contemporánea de empoderamiento femenino se decidió dejar al hombre en la casa y a la mujer como heroína, que lleva el sustento al hogar; y el segundo, que la historia del villano es muy predecible, al grado que desde su primera aparición en pantalla, uno sabe quién es y cuáles son sus motivaciones Esto es debido a que el director y guionista está mucho menos interesado en contar la historia de Elastic Girl y el “secuestrador de pantallas”, que en analizar los lazos familiares. Si en el filme anterior era más puntual en la anécdota de Mr. Incredible luchando contra el crimen, al tiempo que intenta mantener unida a su familia, aquí aparenta estar relegado al papel que su mujer tenía en la previa, pero para sorpresa, casi sin que nadie se percate, en el centro del relato está el Sr. Park, el protagonista principal. Él debe ayudar a su hiperactivo hijo a hacer la tarea, apoyar a su hija en su crisis emocional y a la vez, hacer las labores de la casa y lidiar con la aparición de los poderes del bebé Jack-Jack. Para el también creador de The Iron Giant, es más importante contar la historia de una familia que enfrenta una crisis, que la de la legalización de los superhéroes. Para Bird, una constante de su cine es la importancia de la parentela, la solidaridad y el aprendizaje, y en ese sentido, el crecimiento como padre de Bob Park es más trascendente que su reinstalación como ídolo de las multitudes; esto lo puede ser sin mucho esfuerzo, lo difícil es aprender a lidiar con la paternidad. De este modo, en una muy inteligente vuelta de tuerca, lo que parecía una cinta más que aprovecha la fiebre actual del girl power, se vuelca en una oda a la familia y a la necesidad de mantenerla unida a pesar de todos los contratiempos y los cambios de roles.

En estos tiempos en que las salas están saturadas de franquicias mediocrizadas, resulta por lo menos atractivo que una cinta de animación esté mucho mejor resuelta que cualquiera de las obras hechas a partir de las fuentes que le sirvieron de inspiración. El doloroso fracaso de Los 4 fantásticos, en todas sus versiones cinematográficas, por ejemplo, sirve para ver lo que es en realidad no sólo el género de superhéroes, sino el cine en general en estos días: Trabajos hechos con fórmula, sin alma y buscando sobre todo la remuneración económica. Y esto no quiere decir que la última producción de Disney-Pixar no pretenda ser un éxito, sino que es una muestra de que cuando se quiere se puede vivir en ambos extremos. Un espectáculo inteligente, bien elaborado y sobre todo, con la suficiente alma como para hacernos olvidar que, efectivamente, es un producto que persigue la ganancia económica.

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