El hasta hoy primer ministro de Italia, Mateo Renzi, es la víctima más reciente del populismo político que avanza alrededor del mundo. Ayer ganó el NO en el referendo que él mismo convocó para que los italianos votaran su propuesta de reformas constitucionales. En un proceso al que un inusitado 68% de los ciudadanos acudió a votar, casi el 60% de estos rechazó dichas reformas que sus opositores dijeron solo ayudarían a hacer más prósperos a los grandes empresarios y banqueros. Renzi amenazó con renunciar si los votantes no se manifestaban mayoritariamente por el SI, igual que en su momento lo hizo el ex primer ministro británico, David Cameron, cuando dijo que renunciaría en caso de que los británicos votaran a favor de la salida de su país de la Unión Europa.
Tanto Renzi como Cameron son víctimas del populismo que en diversos países ha surgido como un rechazo a las clases gobernantes que cada vez están más alejadas de sus gobernados y, también, como una protesta contra la globalización, al capitalismo salvaje y a la percepción generalizada de que una pequeñísima minoría se ha ido enriqueciendo cada vez más mientras que las grandes mayorías cada día son más pobres o incapaces de salir de la clase media a la que pertenecen.
Curiosamente, los principales opositores de Renzi, al igual a los que provocaron la caída de Cameron, son grandes admiradores de Donald Trump, el populista demagogo que a partir del 20 de enero entrante será el presidente de la principal potencia económica y militar del mundo y, de paso, vecino de México.
Uno de ellos, Matteo Salvini, secretario general de la Liga Norte, un partido de extrema derecha, celebró la derrota de Renzi profiriendo vivas a Trump, al presidente ruso Vladimir Putin, y a Marine Le Pen, la presidenta del ultraderechista Frente Nacional, partido que cada día tiene más posibilidades de ganar la próxima elección presidencial de Francia que se realizará el 23 de abril del año entrante.
Los populistas lograron separar al reino Unido de la Unión Europea y podrían provocar que Italia también la abandone pronto. Una populista gobierna hoy a Filipinas y para cumplir su promesa de acabar con el tráfico de drogas ha permitido la ejecución extrajudicial de miles de traficantes y adictos. Las ideas populistas de Donald Trump le permitieron ganar la presidencia estadounidense y humillar a la clase política, tanto republicana como demócrata.
Ante este avance del populismo, más vale que se preocupen los políticos mexicanos que no comulgan con esta filosofía. Si no lo hacen y no actúan para prevenirlo, un populista demagogo podría ser el próximo presidente de México.
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