Como consecuencia de la pandemia, diversos gobiernos alrededor del mundo están buscando opciones en materia fiscal con el fin de aumentar la recaudación. A raíz de esto, ha revivido la propuesta de implementar un impuesto a la riqueza. Hasta 1990, 12 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) contaban con un impuesto a la riqueza personal. Actualmente solo España, Suiza y Noruega cuentan con este impuesto. En América Latina y el Caribe (ALC), Argentina, Colombia y Uruguay lo implementan.
Dicho impuesto, grava el patrimonio neto total de una persona, es decir, la base del impuesto debe incluir el total de activos (patrimonio bruto) y deducir las deudas de dicho individuo. Los activos financieros a considerar incluyen a los depósitos bancarios, bonos, acciones, etc.; y los activos físicos, a las propiedades, obras de arte, joyas, yates, jets privados, vehículos, etc. Es importante mencionar que se contemplan los activos que están dentro y fuera del país de residencia del individuo.
En algunos países de ALC se ha propuesto la implementación de dicho impuesto, buscando una redistribución de los ingresos, bajo la premisa que es la región más desigual del mundo. Para ejemplificar lo anterior, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), estima que “el 10% más rico de la población de la región gana 22 veces más que el 10% más pobre, y que el 1% más rico de la población obtiene el 21% de los ingresos de toda la economía.1
En ese tenor, un estudio de Credit Suisse, detalla que el 1% más rico de la región posee el 41% de la riqueza total, y que el 10% más rico de la región concentra el 72% de la misma. Actualmente, la carga tributaria en la región se basa fuertemente en los impuestos al consumo. Sin embargo, los tratamientos preferenciales favorecen a los más ricos, existen altos niveles de evasión y baja recaudación del ISR personal.
El BID menciona que para implementar el impuesto a la riqueza deben considerarse dos puntos: 1) conocer el total de activos que poseen las personas. El cual representa un reto para las administraciones tributarias, ya que es complicado conocer todos los activos con los que cuenta un individuo, por ejemplo, las obras de arte y joyas, así como los fideicomisos y los activos que tienen en el exterior; 2) conocer el valor real y presente de los activos, en especial de las piezas de arte y de las empresas.
Desafortunadamente, la aplicación de este impuesto podría generar incentivos para invertir en activos exentos de este impuesto, o que son difíciles de detectar por las administraciones tributarias. Por ejemplo, en Cataluña, al reintroducir este impuesto, se incrementó la inversión en activos empresariales y residencias principales exentos del impuesto.
Sin embargo, su aplicación no traerá buenos resultados si no se combate a la evasión o se diseña una planificación tributaria que evite su elusión. Muestra de ello es que en los países de la OECD con este impuesto, la recaudación promedio en 2018 representó solo un 1.8% de los ingresos totales de los gobiernos y en ALC fue de 0.25%.
Por lo tanto, el BID propone que, adicional a un probable impuesto a la riqueza3, las administraciones tributarias deben mejorar su recaudación con los impuestos ya existentes. Por ejemplo el predial. Éste es un impuesto simple de administrar, lo que se requiere es modernizar los catastros y por consiguiente el valor de los inmuebles.
Finalmente, en lo que se refiere al impuesto sobre la renta, el BID detalla que para los individuos más ricos, el retorno sobre la riqueza suele ser la mayor parte de sus ingresos totales, dado que los ingresos por su trabajo representan una proporción baja de sus ingresos. Adicionalmente mencionan que en ALC el ISR pagado por parte de los más ricos suele ser relativamente bajo. Lo anterior derivado de los tratamientos preferenciales y las altas tasas de evasión.
Por lo tanto, antes de introducir un nuevo impuesto, es importante verificar que gravará, así como sus exenciones. Para los países que están considerando aplicar un impuesto a la riqueza, es necesario generar estrategias que eviten la fuga de capitales. Asimismo se requiere que las administraciones encargadas de la tributación trabajen para disminuir las tasas de evasión.
1 BID (2020): La crisis de la desigualdad: América Latina y el Caribe en la encrucijada.
2 Credit Suisse (2019): Global Wealth Report 2019.
3 Bolivia, Chile y Perú. https://www.eleconomista.com.mx/economia/Impuesto-a-la-riqueza-opcion-para-recuperacion-economica-Latindadd-20210224-0109.html
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