En estos días se cumplen seis años de la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y, conforme al artículo 34.7, se activa formalmente la primera revisión conjunta del acuerdo que ordena la relación económica de un bloque que concentra cerca del 30% del producto mundial y un comercio trilateral cercano a los dos billones de dólares anuales.
No es una evaluación administrativa de rutina: es la primera oportunidad institucional para decidir si la integración norteamericana se prolonga otros dieciséis años o entra en una década de revisiones anuales. Este último escenario tiene ingrediente nada deseable: incertidumbre.
Para México, alrededor del 80% de sus exportaciones tienen como destino Estados Unidos; la manufactura de exportación es el motor del empleo formal mejor pagado, y la promesa del nearshoring, la relocalización de cadenas productivas hacia Norteamérica, depende, antes que nada, de que las reglas del juego sigan siendo predecibles bajo los criterios que establece un tratado. La continuidad del tratado se traduce, o no, en plantas, contratos, nóminas y recaudación.
México desplazó a China como principal socio comercial de Estados Unidos desde 2023, pero hay un riesgo comercial concreto: aranceles paralelos vigentes fuera del paraguas del tratado. La revisión de 2026 será, por ello, uno de los procesos económicos y políticos más determinantes para el país en lo que resta de la década.
El T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020 con una vigencia inicial de dieciséis años, hasta 2036, y un mecanismo de revisión automática a los seis años. Esa es la llamada cláusula de extinción o sunset clause del artículo 34.7. El 1 de julio de 2026 está prevista la primera reunión formal de la Comisión de Libre Comercio para esa revisión conjunta, en la que los tres gobiernos deben pronunciarse sobre la continuidad del acuerdo.
Cinco caminos distintos
Conviene separar conceptos que el debate público suele confundir, porque cada uno tiene consecuencias jurídicas diferentes:
• Revisión: la evaluación obligatoria a los seis años. Es el acto que se activa el 1 de julio. No implica, por sí misma, abrir el texto del tratado.
• Prórroga (extensión): si los tres países confirman su voluntad de continuar, la vigencia se extiende automáticamente dieciséis años más, hasta 2042, y la siguiente revisión sería en 2032.
• Revisiones anuales: si no hay consenso para la prórroga, el tratado no termina; sigue vigente, pero queda sujeto a una revisión cada año hasta 2036. Es el escenario que analistas y la banca consideran hoy el más probable.
• Renegociación / modernización: si la revisión deriva en la apertura de capítulos para modificar reglas de fondo, de origen, inversión, energía, se entra en un proceso más largo que en Estados Unidos exige autoridad de promoción comercial (TPA) y consultas públicas formales.
• Terminación: cualquiera de las partes puede retirarse unilateralmente con un aviso de seis meses. Es el escenario extremo; abriría la puerta a tratados bilaterales en los que México y Canadá negociarían en clara desventaja.
El 1 de julio no es un precipicio. El propio representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, ha advertido que no debe crearse un abismo donde no lo hay, y ha sido explícito en que su país no aprobará una simple prórroga, sino que prefiere negociar por separado. Esa ambigüedad es deliberada: convierte una fecha técnica en un punto de presión. En un año de elecciones intermedias en Estados Unidos, noviembre de 2026, la administración tiene incentivos para exhibir firmeza frente a sus socios, y la revisión ofrece un escenario inmejorable para hacerlo.
México, por su parte, ha optado por bajar la temperatura. La presidenta Claudia Sheinbaum ha descartado que la vigencia del tratado esté en riesgo y ha recordado que cualquier cambio profundo tendría que pasar por los tres congresos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lo ha planteado sin eufemismos: el viejo esquema de libre comercio sin aranceles quedó atrás, y Washington construye un sistema en el que el acceso a su mercado dependerá cada vez más de dónde se fabrican los bienes y de consideraciones de empleo y seguridad económica. El objetivo mexicano ya no es restaurar el modelo anterior, sino lograr que exportar desde México siga siendo más barato que hacerlo desde Vietnam, Indonesia, China, Corea del Sur o Japón.
Los tres jugadores y sus posiciones
Estados Unidos: Jamieson Greer ha sido directo: no quiere que México opere como plataforma de reexportación de bienes chinos o vietnamitas. Washington ya presentó planteamientos formales sobre acero-aluminio, industria automotriz y seguridad económica, además de propuestas sobre reglas de origen y disposiciones frente a terceros países.
México: busca evitar nuevas barreras y revertir las existentes. Su consulta pública, la más amplia que ha hecho el país (30 sectores en los 32 estados), arrojó que 78.5% favorece renovar el acuerdo, aunque no necesariamente en los términos actuales.
Canadá: ha mostrado cautela e incluso ha sugerido en distintos momentos priorizar acuerdos bilaterales con Washington, lo que tensiona el carácter trilateral del bloque y obliga a México a cuidar que la negociación no se fragmente en dos pistas separadas.
Temas que cargan el proceso
Sobre la mesa convergen expedientes técnicos y políticos que se contaminan entre sí:
- Reglas de origen y el contenido regional (sobre todo en el sector automotriz);
- Contenido de terceros países, es decir, los insumos asiáticos;
- Aranceles de la Sección 232 sobre acero, aluminio y autos. (Una disposición de la Trade Expansion Act of 1962 de Estados Unidos que permite al presidente imponer restricciones a importaciones cuando el Departamento de Comercio determina que ciertos bienes entran a EE.UU. “en cantidades o circunstancias” que amenazan o pueden afectar la seguridad nacional);
- Agricultura y medidas sanitarias, el conflicto del maíz transgénico mostró su potencial de litigio;
- Energía y protección de inversiones;
- Minerales estratégicos; y,
- Disputas laborales bajo el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida.
A ese núcleo comercial, Washington ha sumado temas de seguridad: migración, tráfico de fentanilo, tráfico de armas y cooperación fronteriza. De hecho, los aranceles que Trump impuso en 2025 con el pretexto del fentanilo, y que la Corte Suprema invalidó en febrero de 2026, mostraron cómo lo comercial y lo securitario se han fundido en un mismo expediente de presión.
Hasta hoy no existe un pliego oficial de reformas constitucionales que Estados Unidos haya exigido a México. Lo que hay son controversias de comercio e inversión abiertas y la advertencia de que ciertas políticas, en energía, empresas del Estado o regulación, pero no se puede descartar que solicite a México su adecuación, vía política pública, ley secundaria o, en el extremo, reforma, como consecuencia de la negociación.
Escenario 1: revisión exitosa y continuidad ordenada
En el escenario más favorable, los tres países confirman su voluntad de continuar, acotan los temas espinosos a ajustes técnicos, reglas de origen sectoriales, cooperación regulatoria, seguridad de cadenas, y extienden la vigencia hacia 2042.
• El Banco de México ha señalado que una revisión exitosa promovería la inversión y mejoraría las perspectivas de una economía que hoy proyecta crecer apenas 1.1% en 2026.
• Empuje a a la inversión extranjera directa, que a pesar de que marcó un récord de 23,591 millones de dólares, el 94% fue reinversión de utilidades y apenas 7% nueva inversión.
• Certidumbre sobre el nearshoring, capitalizándolo no en anuncios esperanzadores sino en plantas efectivamente construidas.
• Continuidad en el dinamismo manufacturero y el empleo formal y, con ello, el ingreso laboral real.
• Masa salarial y disminución de la pobreza laboral, reforzando la posición de Norteamérica como bloque resiliente frente a Asia.
Escenario 2: revisión conflictiva, pero con continuidad
Es el escenario intermedio y, hoy, uno de los más plausibles: la revisión se vuelve áspera, amenazas arancelarias, medidas unilaterales, presiones sectoriales, disputas laborales y renegociaciones parciales, pero el tratado sobrevive bajo el formato de revisiones anuales que prolongan la incertidumbre sin romper el marco.
Este es, en buena medida, el mundo en el que ya vivimos. Tras el fallo de la Corte Suprema, Trump impuso un arancel global de 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, con tope de 150 días, del que quedan exentos los bienes que cumplen las reglas del T-MEC. La Secretaría de Economía calcula que alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas viaja libre de ese gravamen por cumplir reglas de origen. Pero ese alivio no es completo: persisten los aranceles de la Sección 232, que en el caso del acero y el aluminio Ebrard ha calificado de absurdos y violatorios del tratado,y una nueva investigación bajo la Sección 301 mantiene la amenaza sobre el 15% restante.
El balance para México es ambivalente. Del lado positivo, el tratado preserva la ventaja competitiva frente a competidores asiáticos y conserva el 85% del comercio sin arancel adicional. Del lado negativo, la incertidumbre permanente encarece la planeación y deprime la inversión nueva. Los sectores más expuestos son los intensivos en metales y los de vehículos pesados: la producción de camiones cerró 2025 con una caída de 34.8% y las exportaciones del rubro retrocedieron 28.6%.
Escenario 3: El presidente Trump se pone difícil
Supóngase que la Casa Blanca decide exprimir la revisión como herramienta de presión máxima. El repertorio de tácticas es conocido: amenazas de retiro con aviso de seis meses; nuevos aranceles bajo las secciones 232, 301 o 122; condicionamientos en materia migratoria y de seguridad; exigencias de contenido estadounidense en automóviles, se ha mencionado, sin confirmación oficial, una pretensión de 50% de proveeduría estadounidense; presiones en energía, agricultura, propiedad intelectual y minerales estratégicos.
Escenario 4: la revisión fracasa o se introduce incertidumbre
En el peor escenario, la revisión se estanca, se politiza al extremo o deriva en una crisis de continuidad: revisiones anuales sin horizonte, amenazas creíbles de retiro o un intento de sustituir el tratado por acuerdos bilaterales. El tratado no necesariamente desaparece de inmediato, pero el mercado descontaría una probabilidad real de ruptura. Conviene distinguir efectos por horizonte temporal:
• Inmediatos. Depreciación y volatilidad del peso, los analistas ven hoy un tipo de cambio cercano a 17.90 por dólar a fin de 2026, supuesto que se invertiría, salida de capitales de portafolio, ampliación del riesgo país y freno abrupto a decisiones de inversión.
• De mediano plazo. Caída de la inversión nueva, desaceleración exportadora, menor creación de empleo formal y presión sobre las finanzas públicas por mayor costo de la deuda y menor recaudación.
• Estructurales. Reordenamiento de cadenas de suministro hacia otros destinos, pérdida del bono de localización del nearshoring y un deterioro de la confianza empresarial difícil de revertir, con efecto directo sobre el ingreso laboral y la pobreza laboral.
La asimetría de poder agrava el riesgo: en un mundo de tratados bilaterales, México y Canadá negociarían en desventaja frente a un mercado del que dependen mucho más de lo que ese mercado depende de ellos.
Pobreza laboral: vínculo entre comercio, empleo y bienestar
Aquí conviene la mayor cautela analítica. México vive un momento notable: en el primer trimestre de 2026 la pobreza laboral, el porcentaje de población cuyo ingreso del trabajo no alcanza para la canasta alimentaria, cayó a 30.7% a nivel nacional, su nivel más bajo desde que existe la serie en 2005, tras 33.9% un año antes; el ingreso laboral real per cápita creció 7.4% anual.
La tentación es atribuir esa mejora al comercio o al nearshoring. Sería un error de causalidad. El motor principal ha sido interno: la recuperación acelerada del salario mínimo, que en abril ya cubría 1.79 canastas básicas, rumbo a la meta de 2.5 en 2030, y la formalización del empleo, no un aumento mecánico de las exportaciones.
Existe gran heterogeneidad regional, que ningún tratado resuelve por sí solo:
Fuente: INEGI
Para que el nearshoring se traduzca en mejores ingresos hacen falta condiciones que no fija ningún tratado: que la inversión llegue a las regiones rezagadas y no solo al norte y el Bajío; que el aumento salarial se sostenga con productividad y no con inflación; y que la formalidad avance. La inclusión regional, la productividad y la protección social son los tres desafíos que la propia coyuntura señala para no perder el mínimo histórico alcanzado.
Nearshoring: una oportunidad condicionada
El nearshoring es real, pero está sobreofertado en el discurso y subejecutado en los hechos. Las señales de demanda son contundentes: McKinsey reporta que 82% de las empresas vive disrupción por aranceles y un tercio acelera planes de relocalización; KPMG estima que 59% de las cadenas que sirven a Estados Unidos ya están en las Américas, con proyección de llegar a 69%, y ubica a México como uno de los principales beneficiarios.
Para nuestro país, el problema del nearshoring no está en la demanda, sino en la capacidad interna de absorberla. Los tres cuellos de botella ya no son comerciales, sino estructurales: energía, agua y capital humano. A ello se suman infraestructura logística, seguridad, Estado de derecho y permisos.
Por eso conviene distinguir tres planos que el debate suele mezclar: el nearshoring anunciado (cartas de intención y memorandos), el nearshoring potencial (proyectos viables a la espera de condiciones) y el nearshoring efectivamente materializado (plantas operando). La composición de la IED, 94% reinversión de utilidades en el primer trimestre de 2026, sugiere que hoy predomina la profundización de operaciones existentes sobre la apertura de plantas nuevas.
La política industrial mexicana intenta cerrar la brecha entre profundización de operaciones existentes sobre la apertura de plantas nuevas. El Plan México, presentado en enero de 2025, fija la meta de elevar la inversión por encima del 25% del PIB, hoy en torno a 22.9%, y movilizó decretos en mayo de 2026 para acelerar trámites y dar certidumbre a la inversión por relocalización.
La revisión del T-MEC puede acelerar, frenar o reordenar estas decisiones: un resultado de continuidad libera inversión; uno conflictivo la pospone; uno adverso la desvía.
Para 2026, el Banco de México recortó su pronóstico de crecimiento a 1.1%, desde 1.6% en febrero, el consenso privado lo ubica en 1.09% y el FMI, algo más optimista, en 1.6%.
El T-MEC opera, así, como variable de inflexión: una revisión que despeje la incertidumbre podría sumar inversión, productividad y exportaciones; una que la prolongue mantendrá a la economía cerca del estancamiento. Pero el tratado no es una varita mágica. México arrastra restricciones estructurales que limitan su capacidad de aprovecharlo plenamente: inversión fija insuficiente, informalidad elevada, productividad estancada, debilidad de la inversión pública y rezagos en energía e infraestructura. La certidumbre externa es necesaria, pero no suficiente.
Riesgos y oportunidades para México
La revisión puede leerse como una matriz de fuerzas contrapuestas. El resultado dependerá menos de la suerte que de la calidad de la estrategia.
¿Cómo debería prepararse México?
Para nuestro país, la preparación importa más que la reacción, basada en los siguientes puntos:
∙ El primero y más importante: Aliados dentro de Estados Unidos. Aquí me refiero a empresas estadounidenses con operaciones en México, empresas mexicanas con presencia allá, gobernadores fronterizos, cámaras y legisladores cuyos distritos dependen del comercio bilateral.
∙ Una cuantificación sectorial del daño de cada amenaza,
∙ Palancas de respuesta proporcionadas. y,
Una estrategia reactiva, improvisada o puramente defensiva es muy riesgosa. Se trata más de seguir la recomendación de Ildefonso Guajardo en el sentido de reactivar el “cuarto de junto” que coordina al sector privado con el equipo oficial. Una carta fuerte con la que México llega es que ya ha aplicado aranceles a más de 1,400 productos chinos y ha planteado reglas de origen sectoriales para frenar la triangulación asiática y trabajar en una política industrial propia.
Una estrategia prudente y realista se construye sobre la preparación. Para el gobierno federal, el sector privado y los gobiernos estatales, las prioridades son claras:
• Unidad negociadora. Un solo mensaje y un solo equipo, con líneas rojas definidas y respaldo político transversal, para no negociar en público lo que debe resolverse en la mesa.
• Coordinación público-privada. Reactivar y profesionalizar el “cuarto de junto”, con información técnica sectorial en tiempo real.
• Diplomacia económica. Movilizar a los aliados naturales de México dentro de Estados Unidos, empresas, gobernadores, legisladores, durante las consultas y audiencias.
• Defensa jurídica. Usar con rigor los paneles de solución de controversias y los argumentos de violación al tratado, como en el caso de los aranceles a metales.
• Comunicación estratégica. Transmitir certidumbre a los mercados sin minimizar los riesgos ni sobreprometer resultados.
• Política industrial, infraestructura y energía. Ejecutar el Plan México con metas verificables y resolver los cuellos de botella de energía, agua y talento que hoy limitan el nearshoring.
• Cumplimiento laboral y Estado de derecho. Honrar el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida y reforzar la seguridad jurídica de las inversiones, que es el reclamo de fondo de la contraparte.
Los errores a evitar son tan importantes como los aciertos a buscar: improvisar bajo presión, conceder de manera precipitada para ganar un titular, fragmentar la posición entre dependencias, descuidar a Canadá y, sobre todo, confiar en que la certidumbre externa baste para resolver carencias internas.
Últimos comentarios
La revisión del T-MEC será una prueba de madurez económica, institucional y política para México. La pregunta que queda en el aire es: ¿Tenemos esta madurez?
El tratado puede seguir siendo la plataforma más sólida de crecimiento, empleo formal y reducción de la pobreza laboral con que cuenta el país. La caída de la pobreza laboral a su mínimo histórico demuestra que el avance social es posible, pero la IED basada en reinversiones y el estancamiento del crecimiento recuerdan que la oportunidad aún no se materializa del todo.
El 1 de julio marca el inicio de un examen al que México llega con cartas razonables, integración profunda, ventaja de localización, una agenda que en parte coincide con la de Washington, y con tareas pendientes que solo dependen de sí mismo. La certidumbre que ofrezca el tratado valdrá lo que México sea capaz de convertir en capacidades internas.

Escala de probabilidad: ■ ■ ■ Muy alta ■ ■ □ Alta ■ □ □ Media
Fuente: Con datos y escala de probabilidad de FRPH.
Referencias
AM / Gustavo de Hoyos Walther, “T-MEC 2026: aranceles a China y el plan de Ebrard”, 3 de abril de 2026.
AmCham México, “Proceso de revisión del TMEC”, consultado en junio de 2026, https://amcham.org.mx/proceso-de-revision-del-tmec/.
AMEXFAL, “Revisión del T-MEC 2026: implicaciones y retos para México”, 18 de febrero de 2026.
Banco Base, “Perspectiva económica de México”, 2026.
Banco de México, comunicado de política monetaria y pronósticos; vía Expansión, “Banxico recorta su pronóstico y baja el PIB a 1.1% en 2026”, 27 de mayo de 2026.
Camtom, “Nearshoring México 2026: oportunidades reales”, marzo de 2026.
CIAL Dun & Bradstreet, “Nearshoring en México 2026: qué cambió y el Plan México”, corte al 28 de mayo de 2026.
CONASAMI, “Pobreza laboral en México alcanza el nivel más bajo del que se tiene registro”, Boletín 07/2025.
CONEVAL/INEGI, “ITLP-IS, pobreza laboral”, nota metodológica y serie histórica 2006–2026.
Documento de trabajo “T-MEC 2026: hacia la primera revisión” (fechas clave, temas y ámbitos legales), junio de 2026.
El Cronista, “Ebrard entierra el viejo libre comercio: México negociará su lugar en el nuevo sistema comercial de Trump”, junio de 2026.
El Financiero, “Arranca revisión del T-MEC 2026: México y EU anuncian próximos pasos”, 18 de marzo de 2026.
El Financiero, “México libraría nuevos aranceles de Trump en 85% de sus exportaciones a EU”, 4 de junio de 2026.
El Financiero, “Revisión del T-MEC: México ajusta su estrategia tras fin del ‘libre comercio’”, 2 de junio de 2026.
El Financiero, “Trump oficializa arancel global del 10% tras revés de la Corte; productos del T-MEC están exentos”, 20 de febrero de 2026.
El Informador, “T-MEC entra en fase decisiva rumbo a su revisión formal”, 22 de junio de 2026.
Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas (Banxico), mayo de 2026; vía UDG TV y Diario de México, 1 de junio de 2026.
Expansión, “Ebrard confirma que México y EU están listos para la revisión del T-MEC”, 18 de marzo de 2026.
Fondo Monetario Internacional, Perspectivas de la Economía Mundial, abril de 2026; vía El Financiero, 14 de abril de 2026.
Gobierno de México, “Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y acuerdos internacionales”, Informe de Gobierno, 2025.
INEGI, “Pobreza Laboral (PL), primer trimestre de 2026”, Boletín de Indicador 334/26, 27 de mayo de 2026.
Infobae, “Ebrard y Greer arrancan la revisión del T-MEC: aranceles, reglas de origen y China en el centro del debate”, 18 de marzo de 2026.
Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), “Rumbo a la revisión del T-MEC: proceso de consultas”, 18 de septiembre de 2025, https://imco.org.mx/rumbo-a-la-revision-del-t-mec-proceso-de-consultas/.
La Jornada, “Entran en vigor nuevos aranceles de Trump de 10%, menor al anunciado”, 24 de febrero de 2026.
Líder Empresarial, “T-MEC 2026: renovar, revisar o cancelar, la decisión se acerca”, junio de 2026.
México ¿Cómo Vamos?, “La IED alcanza máximo histórico en el 1T2026”, 25 de mayo de 2026.
Texto oficial del T-MEC, Capítulo 34, Artículo 34.7 (Revisión y extensión del Tratado), Diario Oficial de la Federación.
Thomson Reuters México, “T-MEC: análisis y actualizaciones rumbo a la renegociación 2026”, septiembre de 2025.
Tribuna de México, “México mantendrá el T-MEC por una década más: Ebrard”, 23 de junio de 2026.
Yo Influyo, “México logra su menor índice de pobreza laboral en dos décadas”, 17 de marzo de 2026.
MÉXICO FRENTE AL FRACASO ENERGÉTICO
México aparece en la fotografía energética de 2026 como un país que intenta sostenerse sobre una estructura que ya...
junio 30, 2026
¿Cómo pinta el marcador en el medio tiempo de 2026 para la economía mexicana?
La economía mexicana llega a la mitad de 2026 enfrentando un panorama de crecimiento moderado y una demanda interna...
junio 24, 2026
Generación sin Red: El Riesgo Energético Mexicano
México no enfrenta una falta de proyectos eléctricos, sino una falta de sincronía entre generación, transmisión, gas natural y...
junio 24, 2026
Cómo ha cambiado el mercado del petróleo y el gas tras 100 días de cierre del estrecho de Ormuz
Anna Marta Czarczynska Profesora de Economía y Empresa, Universidade da Coruña Tras poco más de 100 días de bloqueo...
junio 12, 2026