Una vez más —y ya van incontables ocasiones— se dice, se rumora y se comenta que, en cuanto el Congreso de la Unión vuelva a sesionar el próximo 1 de septiembre, el Ejecutivo federal enviará la iniciativa para aprobar una nueva Ley de Juegos y Sorteos. La actual, no está de más recordarlo, data de 1947: una norma de tiempos de Matusalén, completamente rebasada por la realidad actual.
De acuerdo con un especialista en la materia, la nueva iniciativa estará más enfocada en la industria digital, con especial atención a la regulación vía internet. Esto implicaría autorizaciones y supervisión de plataformas de apuestas en línea, un sector que ha crecido de manera exponencial a partir de la decisión de no otorgar más permisos para establecimientos físicos. En palabras del propio experto:
“La nueva iniciativa en materia de juegos y sorteos estará más enfocada a la industria digital, a la regulación vía internet, autorizaciones que han proliferado a partir de que no se otorgarían más permisos para establecimientos físicos. La industria hípica queda por el costado”.
El comentario no es precisamente alentador para quienes defendemos la Hípica. Como he informado a lo largo de muchos de mis artículos, la asociación civil que represento —ya disminuida en número de socios, ya sea por la partida física de varios de ellos o por el desencanto generalizado— se enfrenta al pésimo desempeño de la empresa permisionaria. Esta, con el aval tácito de la autoridad reguladora, incumple las condiciones de su permiso y ha provocado un desinterés creciente entre los participantes, tanto propietarios como criadores de caballos Pura Sangre y Cuarto de Milla.
Basta un ejemplo: en el XXI AQHA Racing Champion Challenge, celebrado el pasado 10 de agosto, apenas se presentaron tres participantes. Una cifra impensable en otros tiempos y que ilustra con crudeza el punto máximo de la crisis. La carrera, me comenta un conocedor del ramo, ni siquiera debió haberse ofrecido conforme a reglas Challenge.
Como se sabe, las asociaciones reconocidas por la permisionaria —tanto la de caballos Cuarto de Milla, que comanda el Dr. Alcelmo Aguilar Payán, así como la agrupación que preside el Lic. Francisco Musi Letayf— no mueven un dedo y al parecer están al servicio de la empresa. Este último obedece ciegamente al muchacho Claudio Álvarez Roiz, de la Cuadra San Isidro. Ambos organismos incumplieron olímpicamente su compromiso de no inscribir caballos en carreras por los escasos premios que ofrecía y sigue ofreciendo la empresa, la cual se comprometió a otorgar un millón de pesos a las respectivas asociaciones de jinetes y entrenadores. A la fecha, esas promesas siguen sin cumplirse. De la asociación que preside la representante del Lic. Germán Larrea ni hablar…
En todos estos años hemos presentado quejas, propuestas y demandas a distintos funcionarios. Por nuestras manos han pasado —y nos han escuchado, aunque sin resultados tangibles— entre once y doce directores de Juegos y Sorteos de la Secretaría de Gobernación desde nuestra fundación en 2011. Nuestro objetivo siempre ha sido claro: hacer crecer la industria hípica de carreras de caballos con apuestas en México. La última petición que presentamos hace unos meses al diputado Ricardo Monreal tampoco tuvo respuesta.
Pero hay que decirlo sin rodeos: no hemos logrado avances significativos. Las causas son diversas, pero la más evidente es el desinterés de las autoridades reguladoras, particularmente en los dos últimos sexenios. El anterior, bajo Andrés Manuel López Obrador, con Adán Augusto al frente de la Secretaría de Gobernación; y el actual, encabezado por Claudia Sheinbaum, quien —es cierto— enfrenta una agenda cargada de problemas urgentes que resolver, aunque este sector ni siquiera figure en su lista de prioridades.
Habrá que esperar para ver si la nueva Ley de Juegos y Sorteos cumple con las expectativas y si, entre las múltiples aristas que aborde, otorga un lugar justo y competitivo a la industria hípica. Una actividad con historia, tradición y potencial económico, pero que, de continuar la tendencia actual, corre el riesgo de desaparecer como espectáculo deportivo y cultural de relevancia nacional.
Para comprobar la decadencia veremos cuántos caballistas van a comprar caballos a Kentucky a las subastas de septiembre… ni el 10% del año pasado ¡Se reciben apuestas!
Todos mis artículos publicados desde 2014 pueden consultarse en el generoso portal www.ruizhealytimes.com.
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