La destrucción del valor

Es importante diferenciar pérdidas de operación en las que todo agente económico incurre, ocasionadas por pérdidas de mercado, expansiones con retraso, tendencias de consumo y gustos y preferencias del consumidor, entre múltiples causas, con pérdida de valor....

2 de noviembre, 2020

Es importante diferenciar pérdidas de operación en las que todo agente económico incurre, ocasionadas por pérdidas de mercado, expansiones con retraso, tendencias de consumo y gustos y preferencias del consumidor, entre múltiples causas, con pérdida de valor. La operación de las empresas y de cualquier agente económico se resarce con estrategia de mercados principalmente. El mercado siempre es la respuesta final. De las oportunidades de creación de canales nuevos de penetración o de conservación e innovación de mercados cautivos depende la salud financiera del ente económico. 

Los ciclos de creación de efectivo pueden ser cambiantes en la medida que una relación de precio puede alterar la cantidad demandada de un bien o de un servicio. En estricta competencia, los agentes económicos responden a la incertidumbre y al riesgo, con oferta perfectamente estudiada en la recepción de consumo. Se llama estrategia y obedece a un plan estructurado de negocios y de presencia en canales de distribución que los agentes desarrollan y conquistan. 

Con el tiempo, las empresas desarrollan ventajas comparativas que se traducen en dominio local, regional y con afanes de expansión, internacional también. Se perfeccionan modelos con el tiempo, se introducen innovaciones derivadas de la investigación y se adentra en la especialización. La especialización es la clave del éxito en las economías abiertas. La especialización no necesariamente se traduce en producción terminada, la especialidad de componentes ha mostrado al mundo ventajas insospechadas.

El aspecto relevante de esta exposición es que el ciclo operativo se recompone con estrategia y con planes de plazo. En ocasiones, el corto plazo puede ser decisivo por circunstancias de inventarios o de cobranza. Para ello, el capital de trabajo viene a reforzar el equilibrio de los circulantes de la empresa. Pero el punto a resaltar es el largo plazo siempre. 

El proceso que inicia con la presencia de una idea que transforma activos en un precio de venta de un producto o servicio, adquiere valor. El concepto de valor trasciende la frontera de la acumulación de activos, de planta y equipo y de bienes tangibles. La trayectoria de un agente económico, la ética, la responsabilidad con su entorno, con su planta laboral, con su comunidad, con la cadena productiva que le corresponde, con su clientela, con la seriedad y compromiso en sus relaciones contractuales, acumula valor. 

Los agentes económicos no pueden predecir el futuro pero pueden anticiparlo. Las medidas de riesgo pueden ser evaluadas en tiempo actual y la anticipación de producción de efectivo se ajusta a realidades del presente. Los supuestos que utiliza un ente productivo son reales en la medida que toda situación actual prevalezca en tanto la producción de efectivo cobra vida. A este proceso se le conoce como Valor Presente y es una técnica ampliamente utilizada para justificar el desembolso inicial que da vida a un proyecto, la inversión.




Para el Valor Presente es preciso contar con predicciones que reúnan exactitud y conocimiento del mercado y variantes. Su cálculo estima una justificación de capital y la arroja el Costo del Capital, un costo promedio de todas las fuentes de financiamiento disponibles, de plazo, más el costo de emisión de acciones. El descuento de los flujos de la inversión a esta tasa o costo, mostrará un Valor Presente Neto, una vez descontada la inversión inicial. El Valor Presente Neto debe ser positivo para ser aceptado en la gama de inversiones del ente productivo. 

Estas reglas no las observa el gobierno de México en turno; de hecho no observa ningún precepto económico. Esta transición parte de una base totalmente falsa en materia económica: devolver facultades monopólicas a los agentes económicos de mayor trascendencia en nuestra historia económica. A la ingerencia en los números de la petrolera de la nación, se le ha llamado rescate. Por principio, PEMEX no precisaba ser rescatada; era indispensable afianzar su línea de extracción, único renglón en donde no pierde y alejarla de refinación, almacenaje, comercialización, rubros que han acumulado pérdidas, sin ningún viso de recomposición. 

PEMEX no tiene pérdidas de operación, esa etapa ya quedó muy atrás. PEMEX pierde valor y lo pierde por día. Es al día de hoy, la petrolera más endeudada del planeta y conservará esa penosa distinción en la medida que se le acerquen metas de refinación, metas contrarias a las que persigue el mundo de la energía. PEMEX ha perdido valor en tan solo 21 meses de esta transición, en un monto definido en 1.3 billones de pesos. Esta cifra se acumula a un patrimonio negativo a finales de 2018 de 1.2 billones en toda su historia. Esto significa que el acumulado de 2.5 billones en sentido negativo al mes de septiembre, representa el 11% del PIB.

El gobierno en turno ha destruido valor. No olvidemos que antes de la pandemia ya teníamos una recesión económica en puerta. Técnica o no, una recesión es un estanco en la producción y eso teníamos. La economía la detuvo esta transición, la interrumpió con un modelo de austeridad que nunca se tornó en austeridad. Simplemente se trastocaron todas las prerrogativas del gasto público existentes, se diluyeron para concentrarlas en una centralización y dispersarlas a conveniencia y a modo. La deuda, que supuestamente no era meta de política pública, alcanza un billón acumulado en 23 meses de gestión y sin infraestructura. 

El gasto público margina estados de la nación y surge una Alianza Federalista con 14 aliados y una representatividad  del 40% del Producto Interno Bruto. No es asunto menor cuando la transición en turno destina una parte importante del renglón de inversión de la nación a tres proyectos que no reúnen destino cierto. Las fórmulas erráticas en la concepción de gasto centralizado y una dispersión sin padrón ni control, han hecho del ejercicio de compra de voluntades un ejercicio adverso a la aceptación de un régimen popular. Las innumerables deficiencias asoman un rostro de repudio y el sabor amargo de esta trayectoria multiplicada por millones en un país tan diverso, ya cobra en el ánimo y la paz social. 

CFE merece mención en texto aparte. Lo habrá. Despojar de activos a la nación y restarle valor es y debería considerarse un atentado de gravedad. Las consecuencias internacionales no se hacen esperar y se traducen en costos irrecuperables y deuda adicional para el país.

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