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Al inicio del orden democrático y en 1990, los gobiernos de la Concertación (básicamente entre la democracia cristiana y el Partido Socialista), adoptaron el modelo liberal heredado de Pinochet auto reforzado por la dependencia de la trayectoria 1974 a 1989 la cual, a pesar o sobre todo por su autoritarismo, logró que los dominados internalizaran la pauta de dominación necesaria para lograr estabilidad macroeconómica gracias a sofocar la capacidad de reivindicación de los trabajadores.
Definiendo una dependencia de la trayectoria que encuadró y encuadra a la toma de decisiones económicas, las reformas de la Concertación no modificaron el régimen de incentivos del modelo primario exportador dependiente de los términos del intercambio, ni sentaron las bases de una transformación institucional encaminada a desarrollar la ventaja competitiva nacional.
Durante el orden democrático 1990 a 2025, el modelo primario exportador siguió siendo incólume. Corroborando lo anterior, la mejoría de los términos del intercambio entre 1980 y 2018, apuntaló una economía extractiva y compradora especializada en el buy, pero no en el make, debido a su fallo en la diversificación y profundización endógena del mercado nacional; es decir que el modelo chileno trastabilló en el primer paso del desarrollo competitivo, sin poder, ni siquiera, poner la punta del pie en el segundo; o sea, la competitividad externa.
La gobernanza chilena desde 1974 en adelante instrumentó una estructura artefactual rentista que dualiza a la economía y la sociedad en dos subconjuntos: uno, presidido por la oligarquía rentista y continente de los grupos sociales de la alta clase media y de la clase superior; y el otro compuesto por las clases medias y los pobres.
Esta dualización no es contradictoria con una mejoría en el nivel de ingresos de todas las clases sociales porque, obviamente, la dualización se acomoda a los niveles de ingresos sucesivos. ¿Durante cuánto tiempo puede reciclarse esta estructura artefactual dualizada por la captura de rentas?: durante siglos. ¿Las desigualdades que le son inherentes, son causa suficiente de revoluciones políticas o sociales?: no lo son, porque numerosas investigaciones históricas dedicadas a descubrir regularidades vinculantes de la injusticia social con las revoluciones exitosas no pudieron formular ninguna ley consecuente basada en extensos períodos de tiempo. El neocomunismo de Jara concuerda con estas realidades acercándose al centro político y alejándose del izquierdismo.
El desafío del futuro chileno en la mundialización pegó en el rostro de Gabriel Boric con el guante de la disyuntiva electoral brindándole la opción de ganar el reto a condición de desarrollar la ventaja competitiva nacional, pero no de hacer lo propio con la captura de rentas. La administración Boric y su apoyadora Jeanette Jara no recogieron el guante, sino que reciclaron a la economía rentista basada en el modelo primario exportador.
Demostrando su educación comunista, Jara dijo que: “En cuba no hay dictadura sino una democracia distinta de la chilena”; y, refiriéndose a Venezuela: “cada país tiene que definir su destino. Creo que es importante reconocer que hay un régimen autoritario en Venezuela y espero que su solución a su propio proceso la encuentre dentro del marco institucional y lo resuelva sin intervención extranjera”. Estos dos comentarios significan que Jara no se distanció suficientemente del comunismo ortodoxo porque 1 socialista llevó 3 votantes a la primaria, mientras que 1 comunista llevó 16.
Jara se monta en los pocos éxitos del oficialismo Boric, tales como son: (a) la semana laboral de 40 horas, (b) aumento del sueldo mínimo, y (c) la reforma previsional trabajada intensamente por Jara.
El triunfo primario de Jara con una abstención del 90%, plantea 2 escenarios alternativos o complementarios desde ahora hasta la elección presidencial: (1) como el voto obligatorio bajará este 90%, la votación de los ciudadanos independientes de los partidos políticos será decisiva en el triunfo o la derrota de Jara; (2) la posibilidad que emerja un candidato impactante en el centro frentista francamente desgastado por la pasividad de la administración Boric.
Con gran idoneidad para el mercadeo político, Jara se preocupó y se preocupa en representar a una persona, pero no a un personaje; al mismo tiempo que etiqueta sus ideas programáticas y que buscará un ministro de Hacienda que tranquilice a los empresarios.La política chilena deviene más divertida. Más porque la batalla cultural con el neocomunismo en el gobierno o en la oposición, sustituye a la aburrida contienda por cambiar las bases materiales de las relaciones sociales.
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