A una semana del inicio del conflicto en la región de Medio Oriente se ha registrado una variación considerable en los precios internacionales del petróleo crudo. El incremento del 20% está relacionado con riesgos reales de índole física y logística en el estrecho de Ormuz y no responde únicamente a factores especulativos.
Con el objetivo de reducir posibles riesgos, se prevé que en esta semana se presenten indicadores de una recuperación gradual del tránsito. Sin embargo, es probable que este permanezca por encima de los niveles actuales, los cuales se mantienen prácticamente paralizados.
Durante la semana marcada por el conflicto, el precio promedio del WTI se estableció en 74 dólares por barril, mientras que el Brent alcanzó aproximadamente los 84 dólares. Se estima que el valor del barril no debería superar los 100 dólares en promedio, ya que exceder este umbral podría ejercer presión negativa sobre la inflación en Estados Unidos. No obstante, debido a la participación directa de dicho país, existe cierto grado de control en el mercado. Cabe resaltar que el incremento observado responde a factores operativos y no a movimientos especulativos. En las últimas horas se ha observado que el precio alcanzó los 117 dólares por barril, para posteriormente descender por debajo de los 105 dólares. Actualmente, Brent y WTI presentan valores prácticamente equivalentes, ya que el mercado responde a un mismo shock global de riesgo, lo cual reduce el diferencial entre ambos. En situaciones de elevada tensión geopolítica, los operadores del mercado tienden a adquirir cualquier tipo de crudo dulce ligero disponible. Como resultado, tanto el Brent como el WTI experimentan incrementos de precio prácticamente equivalentes, y las diferencias logísticas dejan de ser relevantes en la formación de los precios.
En la actualidad, el principal desafío no radica en la escasez de petróleo crudo o gas natural, sino en la logística de distribución hacia los destinos requeridos para su refinación, almacenamiento y utilización. Existen dos variantes principales: por un lado, los países productores del Medio Oriente han optado por reducir la producción a niveles que permitan almacenar el petróleo crudo en reservas estratégicas o en buques destinados a la exportación, esperando poder movilizarlos una vez que la crisis se resuelva. Por otro lado, los países importadores, muchos de los cuales cuentan con reservas estratégicas, y físicas que cubren entre 80 y 200 días, dependen en gran medida del Estrecho; China, Corea del Sur, India y Japón reciben entre el 80 % y el 84 % de sus importaciones totales de petróleo a través de este paso marítimo.
En algún momento habrá un final en la situación actual. Para ese momento ¿cuál sería el posible escenario que podría haber en el futuro en los países que dependen del mercado de los hidrocarburos, y la energía llegará a su culminación bajo la doctrina de Energy Dominance del presidente Trump?
Según informes de la fuerza militar israelí, aproximadamente el 80 por ciento de las defensas aéreas iraníes han sido destruidas, mientras que la marina de Irán presenta un deterioro significativo. Estados Unidos mantiene una superioridad aérea casi total en la región. Esto representa un cambio sustancial en Oriente Medio. Ante la situación de Irán debilitado, los demás países de la región seguirán impulsando la diversificación de sus economías, reduciendo su dependencia del petróleo. En caso de que Irán experimente daños militares, económicos y deterioro en sus relaciones regionales, es posible observar un resurgimiento y escenarios que deberían ser considerados por su relevancia estratégica en diferentes países y en mundo.
Analizamos ciertos escenarios a continuación:
Irán: Pierde.
Petróleo crudo: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak se verían favorecidos por una mayor cuota de mercado y una mayor capacidad de la OPEP+ para gestionar los precios. Por otro lado, Irán, Siria y China podrían verse afectados negativamente en estos escenarios; Irán perdería ingresos, mientras que Siria y China dejarían de recibir crudo a precios preferenciales y tendrían que negociar con Rusia o Estados Unidos para obtener petróleo o gas natural. Asimismo, será necesario analizar el grado de afectación que ha sufrido la infraestructura iraní como consecuencia de los ataques ocurridos.
Gas natural: Los principales beneficiados son Qatar y Rusia. Qatar aumenta su influencia en el mercado de GNL, mientras que Rusia consolida su posición en Asia. Por otro lado, Irán ve reducido su potencial exportador y Turquía pierde oportunidades de diversificación debido a los ductos que atraviesan su territorio.
Petroquímica: Los países que incrementan su presencia mayor serían Arabia Saudita, EAU, Qatar; los cuales sustituirían a los productos iraníes en Asia, Middle East and North Africa. Irán pierde a sus clientes, repercutiendo en la pérdida de divisas; y sus clientes pierden descuentos, a lo cual buscarían otros mercados que los puedan apoyar ante las posibles sanciones.
Rutas marítimas (Ormuz): Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur e India serían los principales beneficiados ante una disminución del riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz. Esto permitiría reducir las primas de seguros para las embarcaciones que transitan por dicho paso, impactando favorablemente en los costos de transporte globales y contribuyendo a la reducción de la inflación mundial. Por otro lado, Irán perdería su capacidad de coerción y el uso del “riesgo geopolítico” como mecanismo de amenaza en la región, lo que favorecería el libre tránsito bajo resguardo de los países de Medio Oriente y otras naciones como Estados Unidos.
Refinados y logística: Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita se verían beneficiados, ya que centros logísticos como el de Fujairah registrarían un mayor volumen de tránsito, almacenamiento y reexportación de productos hacia distintos países de la región y Asia. Por el contrario, Irán experimentaría una menor utilización de su infraestructura y puertos, lo cual afectaría negativamente el PIB del país.
En conclusión, se identifican los siguientes actores principales:
Beneficiarios destacados.
Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos: consolidan su influencia regional y aumentan su participación en el mercado petrolero.
Estados Unidos y Europa: experimentan una mejora en la seguridad energética y marítima.
Israel: se beneficia de una disminución de presiones militares indirectas en Líbano y Siria.
Qatar: incrementa su posición en el sector del gas natural en caso de que Irán resulte debilitado.
Actores afectados negativamente:
Irán: ve reducida su influencia, sus ingresos energéticos y su capacidad negociadora.
Hezbolá, Hutíes y milicias iraquíes: sufren una disminución de apoyo financiero y logístico.
China: pierde acceso a un proveedor de crudo económico y a un socio geopolítico estratégico.
Siria: se ve privado de su principal aliado estratégico, y quedaría aislado, si no se adapta en forma rápida.
Actualmente, en Irán, el 57% de los ingresos nacionales provienen de la exportación de petróleo, lo que equivale al 16% del PIB. El sector del gas natural representa el 12% del PIB, mientras que la industria petroquímica aporta un 6%. En conjunto, el sector de hidrocarburos constituye el 32% del producto interno bruto nacional.
Entonces podemos hablar que podría haber un renacimiento del sistema energético global caracterizado por una redistribución del poder, nuevas rutas de suministro, cambios en la estructura de precios y una estabilización en el uso de combustibles fósiles.
Se prevé un nuevo equilibrio fósil liderado por Estados Unidos, estableciendo alianzas económicas y financieras estratégicas con los países del Medio Oriente. Israel se posicionaría como un punto seguro para el tránsito de hidrocarburos hacia el mar Mediterráneo. Por otro lado, Rusia se convierte en un actor dependiente de Asia para la comercialización de su producción, limitando considerablemente su acceso a China y, en menor medida, a India. La situación dependerá de los descuentos que se ofrezcan, dado que el mercado está limitado desde una perspectiva geográfica y energética.
Estados Unidos podría consolidar su control sobre la energía global en 2026, posicionándose como un posible “banco central” de la energía internacional, al definir quién produce, cuánto produce y a qué precio. Este papel fortalecería la posición del dólar y el control sobre los flujos financieros internacionales. Entre 2027 y 2040, Estados Unidos establecería una hegemonía energética global fundamentada en cuatro pilares: petróleo, gas natural, tecnología y control de rutas marítimas.
Esta hegemonía modificaría el orden económico y geopolítico a nivel mundial.
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