0.00012 milímetros (0.12 micras) han hecho que el mundo aprenda a valorar la forma como interactuamos los humanos. Recordemos que todo cuerpo ocupa un espacio, aunque sus dimensiones no sean apreciadas a simple vista, ocupan un sitio en el entorno, dentro o fuera de organismos.
Esta pequeña dimensión contrajo a todas las economías del mundo y vulneró al hombre ante el corte de la cadena de comunicación, logística, y suministros para realizar las actividades cotidianas.
Estos últimos nueve meses, todos indicaron que estamos en guerra ante un ente invisible para el ojo humano, pero no para la naturaleza. La realidad es que él no está en guerra con nosotros, solo fue fecundado por la naturaleza ante un cambio ocasionado por algún fenómeno natural o sintético, y se adaptó para poder ocupar un lugar en el planeta. La afectación directa hasta el momento solo ha sido hacia el homo sapiens.
El virus no razona, se adapta; no planea, solo sobrevive, y estará por muchos años como parte de nuestra cotidianidad. Nosotros debemos investigar cómo nuestro organismo deberá adaptarse a convivir con cambios en la forma de la convivencia y la forma de reforzar nuestro organismo para ser más resistente a éste y a los que están por ocupar un espacio en el futuro.
La humanidad puede crear infraestructura para mover grandes industrias, comercios, transportes y comunidades, para lo cual requieren de energías primarias, tecnología, investigación y utilización con un fundamento principal en la interrelación económica continua con base en las transacciones financieras creadas para obtener un beneficio tangible y tener dinero suficiente para hacer frente a cualquier variación.
Muchos de los planes de gobiernos, empresas, industria, comercio, transporte y hogares, hasta antes de la pandemia tenían planes de crecimiento y una visión determinada en un plazo. Pero 12 Micras rompieron los esquemas de cada misión para llegar al objetivo programado en el futuro. Este ente, molécula o ser vivo inerte ha definido la vulnerabilidad de cada uno de nosotros en nuestros planes.
De mayo a la fecha se está viviendo un dogma financiero basado principalmente en buscar una vacuna y esto ha sido ligado a una incertidumbre: ¿cuándo se tendrá una vacuna y cuánto tiempo tomará administrar la vacuna a la población? Esto ha mermado en algunos países en el raciocinio de llevar una estadística acrónica diaria del número de contagios, personas que fallecieron y el número de camas disponibles; pero realmente no sabemos qué hacer hasta el momento. Como consecuencia no se puede fundamentar un plan alguno real de mediano plazo.
Muchos de los presupuestos realizados por los países, no contemplaban esta variación en la ecuación financiera, dando a lugar a tener que recurrir a colocar una mayor cantidad de recursos a donde no se había contemplado, no me refiero a la parte de salud, sino a mantener las económicas vivas y minimizar los riesgos financieros en el mediano plazo (el que no lo realizó podrá tener una cuesta muy empina de recuperación).
Algunas naciones han decidido continuar apoyando a sectores con empresas que son vitales para el crecimiento económico, no por gusto, sino con base en las experiencias de cada uno al evaluar cuál sería su deficiencia de negociación, interrelación y posicionamiento ante otras naciones que hacen intercambios comerciales con ellos.
La decisión tomada a nivel mundial fue minimizar el número de gente económicamente activa que contraiga las 12 Micras. La estrategia fue mantener en sus hogares a la población y crear de forma rápida una vacuna. Este raciocinio fue bajo un sentido común de supervivencia, pero al habernos convertido en un planeta de intercambios financieros tangibles basados en energías primarias, trajo como consecuencia inmediata lo que en un mundo ideal escrito trae la debacle de una economía: la contracción en el consumo.
Sin consumo no hay mercado, es decir, servicios, productos o dinero para su movilidad.
En el grosor de un cabello de 70 micras caben mil virus de COVID-19 en fila. Es decir, con una milésima parte de la delgadez de un cabello, se pueden cerrar miles de industrias, comercios, servicios, y hogares, colapsando a todo un sistema.
12 micras no conocen ideologías, pero sí afectan a economías sin una adaptación continua de interacción. El mundo actual no fue creado por una ideología definida, fue una mutación camaleónica evolutiva para cubrir las necesidades de la humanidad ante las respuestas a las dudas continuas de supervivencia y comodidad para sobrevivir.
Es hipócrita e inmaduro que no pensemos que definimos la supervivencia en el planeta basándonos en una interacción financiera con llena de incertidumbre; entre mayor inseguridad más necesidades creamos para el hombre. Eso continuará hasta no encontrar un equilibrio entre la necesidad del poder y el poder convivir.
Las administraciones de los gobiernos no fueron concebidas para tiempos definidos de cada persona en turno, sino para crear planes de largo plazo que puedan adaptarse a cualquier cambio en el entorno. Creer y pensar en pleno siglo XXI somos independientes es como pensar que 12 micras no nos pueden hacer nada.
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