The Leftovers: seguir adelante a pesar de las tragedias

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1 de julio, 2021 The Leftovers: seguir adelante a pesar de las tragedias

Los años 2020 y 2021 han sido extraños, por decir lo menos. La situación de la pandemia parece haber salido directamente de una película de ciencia ficción dirigida por el cineasta con la imaginación más febril. Aunque la situación ahora sea mejor que cuando comenzó todo, aún estamos lejos de volver a la normalidad como la conocíamos antes. Como ocurre con las guerras y los desastres naturales, muchos de nosotros hemos perdido a familiares o seres queridos (o conocemos a alguien que ha pasado por esta experiencia) debido a la Covid-19. 

Cada uno de nosotros ha encontrado la forma más adecuada de lidiar con estos tiempos extraordinarios y las situaciones extremas a las que nos ha llevado. La pandemia se abre como una oportunidad de aprender de las crisis. De hecho, las crisis son uno de los catalizadores del progreso humano. ¿O qué mejor ejemplo de la inteligencia humana que la capacidad de desarrollar una vacuna para un virus totalmente desconocido en menos de un año? ¡Si eso no es progreso, no sé qué es!

En la literatura, cine y televisión no faltan obras que traten situaciones similares. Sin embargo, hay una que creo que vale la pena retomar en estos tiempos inciertos. 

 

Los que se fueron

The Leftovers es una novela escrita por Tom Perrotta que fue publicada en 2011 y adaptada a la televisión en 2014. El punto de partida de la historia es el tercer aniversario de un evento inexplicable, conocido como “La Ascensión”, en el que 140 millones de personas, el equivalente al 2% de la población mundial, desaparecen repentinamente. Nadie sabe la razón de lo ocurrido y, ante la falta de una explicación lógica, cada habitante de la ciudad ficticia de Mapleton (lugar en el que transcurre la historia) encuentra una forma de sobrellevar la pérdida, la ansiedad y la tristeza. 

Los personajes centrales son los miembros de la familia Garvey. Kevin Garvey, el padre de familia, es un empresario que se postula a la alcaldía de la ciudad y cuya forma de llevar la tragedia es volver a la normalidad, dejando el evento atrás. Laurie Garvey, su esposa, motivada por la culpa de haberse sido una de las personas «que se quedaron», se une a un grupo pseudo religioso conocido como “Remanente culpable”. Jill, la hija, sufre con el mundo nuevo y con el hecho de que su mamá los ha abandonado para unirse a ese grupo. Tom, el hijo, deja la escuela a partir del hecho. 




Por supuesto, los habitantes de Mapleton no estaban preparados para tal evento, pero ¿quién lo estaría realmente ante una situación así?  Uno de los personajes menciona lo siguiente: Things change all the time – abruptly, unpredictably, and often for no good reason. But knowing that didn’t do you that much good, apparently.

Saber que las cosas pueden cambiar, sin razón aparente, no hace que estemos más preparados para ello. Por ejemplo, la normalidad de dicha ciudad se trastocó por un evento que nadie pudo prever y que nadie creía posible. Por ello, mientras que algunos intentan recuperar sus vidas de la mejor manera posible, muchos quedan, en su afán de conseguir respuestas, a merced de las garras de grupos oportunistas y charlatanes que tienen sus propios intereses. 

La mayoría de los personajes de la novela son consumidos por preguntas cuyas respuestas nunca llegan: ¿por qué desaparecieron específicamente esas personas? ¿Fue un castigo divino? ¿Alguien escogió a los desaparecidos? ¿”La Ascensión” es parte de un plan mayor? ¿Es un complot internacional orquestado por los gobiernos? ¿O acaso fue una especie de limpieza?

Así transcurre la historia: el autor nos lanza preguntas que nunca se atreve a responder, lo cual nos hace partícipes de la misma ansiedad y tristeza de la que son presas los personajes de la historia. Sin embargo, eso nunca es el objetivo del autor. Porque en esta historia, a diferencia de otras que lidian con temas similares, la cuestión no es encontrar la razón de lo que ocurrió, mucho menos en hallar una solución para que no vuelva a repetirse. La historia, en cambio, se centra en cómo la humanidad se las ingenia para seguir adelante después de una tragedia.

Por ello vale la pena adentrarse en esta obra. Si tiene oportunidad de ver la serie televisiva, hágalo. Es una de las pocas ocasiones en las que la obra original, en mi humilde opinión, es superada por la adaptación a la pantalla chica. Mientras que la novela es un tanto breve y escueta en las descripciones de los personajes y de los eventos, la serie expande la historia más allá de lo que ocurre en el libro (la primera temporada cubre únicamente lo que ocurre en la novela y la historia fue expandida dos temporadas más, escritas por el autor mismo), con varios arcos argumentales que dotan a la historia de cierta profundidad que está ausente en el libro. 

 

Los que se quedaron

Ahora, en pleno 2020 y 2021, muchos nos encontramos de frente con una realidad similar, aunque aquí sí que conocemos la razón de que muchas personas ya no estén entre nosotros. Pero no por ello han faltado las explicaciones conspirativas, ni los charlatanes, ni personas o grupos que han intentado tomar ventaja de maneras inimaginables y ruines. 

¡La ficción se hizo realidad enfrente de nuestros ojos! De una manera brutal e inesperada, justo como en The Leftovers. Muchos de nosotros experimentamos una situación similar a la mostrada en la novela de Perrotta. Amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo, que siempre dimos por sentado, especialmente si éstos eran jóvenes, rápidamente comenzaron a irse por culpa de la Covid-19. Sin duda, muchos de nosotros comenzamos a preguntarnos lo mismo que los personajes de la novela. Muchos, seguramente, quisimos encontrar explicaciones para el caos que comenzó a rodearnos desde el inicio de la pandemia. Así que The Leftovers funciona como un recordatorio muy oportuno de que la vida puede cambiar en un pestañeo. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Nada. 

A veces, las cosas salen de nuestro control por completo.  Pero lo que sí podemos hacer es estar lo mejor preparados mental y físicamente para enfrentar cualquier cambio que la vida pueda dar. Y, sobre todo, aprovechar a nuestros familiares, amigos y demás seres queridos, porque pueden ya no estar el día de mañana. Así que, por favor, si le es posible, hágalo lo más frecuentemente posible.

Comentarios
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Un referente en el tipo de narrativa oscura escrita en español.  El libro de Padilla es una obra altamente didáctica que da cuenta de por qué la novela negra se denomina de ese modo, cuál es la diferencia que hay entre ésta y la novela policial, y por qué razón en los últimos decenios ha tenido un repunte en nuestro país, iniciando desde la zona norte con Elmer Mendoza, para ampliar su abanico a toda la república. Lo singular de este subgénero es que migró de ser una literatura popular hecha en papel revolución, que se ha denominado “novela vaquera”, con tintes amarillistas, a convertirse en un foro a través del cual se presentan al lector las condiciones socioeconómicas y políticas que subyacen en los problemas de seguridad pública. Tomando como pretexto un crimen –o la presencia de un cuerpo, como menciona el propio Padilla— la novela negra se vuelca para presentar el escenario de fondo que lleva a situaciones como las que ocupan la nota roja. La comunicación de hechos violentos en estos tiempos se presta para imprimir un sesgo, ya sea por descuido al escribir, o con cierta intención oculta. Un título de una nota periodística puede afirmar algo que de entrada es solo una presunción, digamos: “La mató por celos”.  Algo que, por más que haya elementos que apunten en ese sentido, no puede afirmarse antes de un juicio por parte de la autoridad institucional. Muchas de las veces el comunicador, desde los titulares de su publicación, está condenando a un presunto asesino, cuando hacerlo es tarea del sistema judicial de un país. Hace unos días terminé de ver la serie “Somos” que se ofrece en una plataforma digital.  Está basada en la masacre contra población civil ocurrida en la población de Allende (Coahuila) hace diez años.  Me quedo con la sensación de que los productores se ocuparon más de los elementos utilizados para contar la historia que de la historia misma. Recrean de manera muy “light” lo que, en su momento, fue una mezcla de terror, incertidumbre y confusión para toda la región fronteriza coahuilense. En aquel entonces surgió una disociación en todos nosotros: Frente a la evidencia de lo ocurrido, callamos, no solamente en la tribuna pública, sino entre nosotros mismos, con la familia o los vecinos. Actuamos como si nada hubiera ocurrido, a tal grado paralizados por el panorama de destrucción. El tiempo ha venido a aclarar los hechos y a evidenciar la profunda  corrupción que permitió que sucedieran cosas que no tienen nombre y que, a la fecha, siguen siendo así de poderosas, que en una serie que dice narrar los hechos, a lo largo de seis capítulos se concreta a insinuar de manera muy sutil la forma real de actuar de  los presuntos criminales. Un espectador con cierto conocimiento de lo que en realidad sucedió, sí  es capaz de interpretar la trama como una radiografía de la corrupción que permitió tan terrible violencia. Para el resto del público es una más de las producciones que colocan el foco de atención  en cierto tipo de hechos violentos. Se repite lo que ya hemos señalado con relación a otros casos. Frente a la cruda realidad que nos grita, desviamos la mirada como para no comprometernos, para no hacer olas, y la realidad se queda intacta, sin visos de solución. Ante hechos  evidentemente  ilegales, nos desentendemos, pasando la pelota, dejando a otros la obligación de contarlos. Aquí es el punto donde la novela negra se vuelve clave. Es capaz de jugar con los mismos elementos de la realidad que conoce y desea narrar, pero acomodándolos de una forma que, efectivamente, dé cuenta del escenario de fondo y que además señale, a partir de la ficción, la tesis postulada por el propio autor para explicar por qué ocurrieron los eventos que relata. Algo nos dice que en la atmósfera de pandemia que vivimos, se desenvuelven hechos violentos que no se conocen bien o que se callan.  Hay violencia doméstica, de género, por causa de la forma de pensar o el estilo de vida de una persona. Atisbamos, adivinamos, pero hasta ahí llega la mira de nuestro telescopio.  Los valientes periodistas que salen tras la verdad lo hacen corriendo grandes riesgos y, de todos modos, tal vez no lleguen a conocerla, pues hay instancias gubernamentales paradas a causa de la emergencia sanitaria. Corresponde, pues, a nosotros observar, relacionar y tratar de entender lo que sucede. Un buen recurso para guiarnos en esta labor de exploración es justo el género negro que presenta personajes completos con sus defectos, sí, pero también con sus virtudes, como cualquiera de nosotros. Se aleja de la visión maniquea de muchas telenovelas que narran una historia de lo más inverosímil. Felicito a Carlos René Padilla por su obra premiada. 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1Contexto: Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ve en ese lugar. Su correspondencia tiene algo de crítica social y toques de humor.
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CARTAS A TORA 232

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