The Last of Us, ¿la obra maestra de Naughty Dog?

Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales más importantes de Sony.  En menos de un mes, The Last of US: Part I, un «remake» para...

12 de agosto, 2022 Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales más importantes de Sony. En menos de un mes, The Last of US: Part I, un «remake» para PS5 del título que vio la luz en PS3 en el ya lejano 2013, llegará a las tiendas físicas y digitales. ¡Y vaya relajo que se armó dentro de la comunidad por este hecho! Sin embargo, la discusión acerca de si esta nueva versión está justificada (y que salga a precio completo similar a juegos nuevos, es decir, cerca de 70 USD) es tema para otro día. Además, pronto se estrenará una adaptación televisiva de la mano de HBO. Así que, a colación de esto, me gustaría hablar acerca del título desarrollado por Naughty Dog, el cual se ha convertido en una vaca sagrada del gaming en los últimos años. Advertencia: este juego no me gusta mucho. Al menos, no tanto como a la mayoría de los jugadores. Procedo a explicar mis razones. Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4? Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us. Trama: Un mundo después de la pandemia Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”. Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil? ¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego. “¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”. Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos. En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos. Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3 El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony. Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más. El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted. El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3. Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser: Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror. El control es fluido (aunque algunos jugadores lo encuentran un tanto torpe, para mí está bien) y el modo de juego tiene la variedad justa para no caer en la monotonía, pero no hay algo que The Last of Us haga que no se haya visto en varios títulos más y, en ocasiones, de mejor forma. El avance es lineal, lo cual no es una desventaja en sí misma. Tal vez lo más atractivo sea el aspecto táctico del juego. En ciertas situaciones, debes elegir la forma en la que enfrentarás a los enemigos con los que te encuentras. Aunque, en la mayoría de los casos, el ataque frontal con armas de fuego asegura la muerte de Joel. Las secciones en las que debes ser sigiloso para evitar una muerte instantánea ante cierto tipo de enemigos resultan emocionantes, eso sí. En fin, que el aspecto jugable de The Last of Us, mientras que no es malo o aburrido, tampoco es tremendamente espectacular o innovador y sólo es una excusa para avanzar la historia. Conclusión Para mí, al menos en mi humilde opinión, para que un videojuego entre a ese panteón sagrado de los mejores de todos los tiempos, debe ser uno que empuje al medio un paso más allá, ya sea en aspectos técnicos, narrativos o de innovación. Todos aquellos que jugamos The Legend of Zelda: Ocarina of Time en su época, allá por 1998, tenemos al título de Nintendo en tan alta estima por eso mismo: fue uno de los primeros títulos que aprovechó la tecnología de ese momento (el N64) y, de un solo golpe, mostró el potencial de las aventuras de acción en 3D. En verdad, TLoZ:OoT fue un título cutting edge en su época. Por otro lado, The Last of Us parece más, en el mejor de los casos, la culminación de los videojuegos de disparos en tercera persona con toques cinemáticos. Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola. Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes.

Es un buen tiempo para ser fanático de la saga The Last of Us, una de las propiedades intelectuales más importantes de Sony.  En menos de un mes, The Last of US: Part I, un «remake» para PS5 del título que vio la luz en PS3 en el ya lejano 2013, llegará a las tiendas físicas y digitales. ¡Y vaya relajo que se armó dentro de la comunidad por este hecho! Sin embargo, la discusión acerca de si esta nueva versión está justificada (y que salga a precio completo similar a juegos nuevos, es decir, cerca de 70 USD) es tema para otro día. Además, pronto se estrenará una adaptación televisiva de la mano de HBO. 

Así que, a colación de esto, me gustaría hablar acerca del título desarrollado por Naughty Dog, el cual se ha convertido en una vaca sagrada del gaming en los últimos años.

Advertencia: este juego no me gusta mucho. Al menos, no tanto como a la mayoría de los jugadores. Procedo a explicar mis razones. 

Si he de trazar un paralelo con otra forma de entretenimiento, para mí la devoción que genera The Last of Us me parece tan incomprensible como la que generó el álbum OK Computer de Radiohead a finales del siglo pasado. Es decir, ambas son obras de enorme calidad, con momentos de puro gozo. Sin embargo, si uno ve el panorama de sus respectivos campos, hay obras que resultan tanto o más valiosas y que rara vez reciben el mismo reconocimiento. ¿OK Computer en verdad es el mejor álbum de la misma década de Massive Attack, Aimee Mann, Morphine, Ween, Nirvana y Björk? De la misma forma, ¿The Last of Us es en verdad el mejor videojuego en la misma generación en la que gozamos la trilogía de Bioshock (1,2 e Infinite), Mass Effect, Grand Theft Auto (IV y V), Portal y Metal Gear Solid 4

Así que veamos cada uno de los apartados de The Last of Us.

Trama: Un mundo después de la pandemia

Comencemos por hablar un poco acerca de la historia, la cual es, para muchos, uno de los atractivos principales del título. La trama nos sitúa en un mundo azotado por un hongo llamado Cordyceps, el cual convierte a los humanos en seres violentos conocidos como los “Infectados” (very creative indeed!). La población está aislada en zonas de cuarentena debido a esto. Joel (el protagonista y a quien controlamos durante el juego) es un contrabandista, quien recibe el encargo de llevar a Ellie, una joven que aparentemente es inmune al hongo, hasta un asentamiento de un grupo rebelde conocido como “Las Luciérnagas”.

Hasta ahí nos quedamos con la historia, para no entrar en los famosísimos spoilers para quienes aún no lo hayan jugado y tengan intenciones de hacerlo. Sin embargo, para mí, la historia del videojuego es uno de sus puntos más débiles: pretty standard stuff para un videojuego. Zombies, un entorno postapocalíptico y armas a montones. ¿Acaso no es básicamente la misma premisa que la saga Resident Evil?

¡Oh, perdonen! The Last of Us pretende contar una historia seria, carente, al parecer, de los elementos Over the Top de la saga insignia de Capcom. Esto es otro elemento que me ha dejado un sabor de boca un tanto amargo: la seriedad de la narración que a veces ronda con lo pretencioso. En varios momentos, parece que Naughty Dog nos quiere convencer de que esto no es solamente un juego.

“¡Vean! estamos contando una historia harto seria! Sí, hay zombies, pero estamos siendo serios, ¡de veras!”.

Calma, Neil Druckmann (el director del juego), ya entendimos.

En el aspecto positivo, debo reconocer que la dinámica entre Joel y Ellie (casi como de padre e hija) resulta muy natural y humana, y entiendo que muchos jugadores empaticen con ambos. De hecho, si bien la historia no es nada novedosa, la dirección y el guion brindan algunos momentos enternecedores e intensos. 

Aspecto técnico: la joya de la corona de PS3

El aspecto técnico de The Last of Us es una de sus mayores ventajas y, siendo uno de los títulos importantes de la generación de PS3, su desarrollo contó con un equipo que ya conocía bien cómo crear videojuegos para la consola de Sony.

Las vistas de este Estados Unidos devastado son en verdad gloriosas, con escenarios amplios, definidos y coloridos. La dirección de arte en verdad te hace sentir dentro de este mundo derruido que Naughty Dog creó. La variedad de escenarios no falta: viajaremos por edificios, bosques, alcantarillas y más.

El modelado de los personajes también es excelente, con movimientos y expresiones faciales muy naturales. Las escenas también están muy bien dirigidas, lo cual no debería ser sorpresa viniendo de la misma desarrolladora de la serie Uncharted.

El aspecto técnico es impecable y derrocha calidad por todos lados. Por ello, aunque el título fue remasterizado para PS4 un año después, el original sigue siendo uno de los que mejor se ven en PS3.

Jugabilidad: third person shooter con tintes de horror

Ya que dejamos los halagos atrás, entremos en el aspecto de jugabilidad. A ver, creo que una buena definición podría ser:

Shooter en tercera persona + ligeros toques de sigilo al estilo de Metal Gear Solid / Assasin’s Creed + leves toques de terror.

El control es fluido (aunque algunos jugadores lo encuentran un tanto torpe, para mí está bien) y el modo de juego tiene la variedad justa para no caer en la monotonía, pero no hay algo que The Last of Us haga que no se haya visto en varios títulos más y, en ocasiones, de mejor forma.

El avance es lineal, lo cual no es una desventaja en sí misma. Tal vez lo más atractivo sea el aspecto táctico del juego. En ciertas situaciones, debes elegir la forma en la que enfrentarás a los enemigos con los que te encuentras. Aunque, en la mayoría de los casos, el ataque frontal con armas de fuego asegura la muerte de Joel.

Las secciones en las que debes ser sigiloso para evitar una muerte instantánea ante cierto tipo de enemigos resultan emocionantes, eso sí.

En fin, que el aspecto jugable de The Last of Us, mientras que no es malo o aburrido, tampoco es tremendamente espectacular o innovador y sólo es una excusa para avanzar la historia. 

Conclusión

Para mí, al menos en mi humilde opinión, para que un videojuego entre a ese panteón sagrado de los mejores de todos los tiempos, debe ser uno que empuje al medio un paso más allá, ya sea en aspectos técnicos, narrativos o de innovación. Todos aquellos que jugamos The Legend of Zelda: Ocarina of Time en su época, allá por 1998, tenemos al título de Nintendo en tan alta estima por eso mismo: fue uno de los primeros títulos que aprovechó la tecnología de ese momento (el N64) y, de un solo golpe, mostró el potencial de las aventuras de acción en 3D. En verdad, TLoZ:OoT fue un título cutting edge en su época.

Por otro lado, The Last of Us parece más, en el mejor de los casos, la culminación de los videojuegos de disparos en tercera persona con toques cinemáticos. Esta visión la puedo entender, aunque no compartir: como dije, la historia y sus personajes no me parecen nada especiales, además de que hay pocas innovaciones en el aspecto jugable. Lo mejor que puedo decir es que es en verdad un prodigio técnico, que aprovechó al máximo la potencia del PS3. Sin embargo, este resultado es de esperarse al ser uno de los títulos lanzados en el ocaso de la consola.

Para mí, a The Last of Us le falta ese algo, esa chispa que me haga ponerlo al mismo nivel de otras obras del videojuego. Fuera de su historia, que resonó con muchas personas, no veo que esta obra de Naughty Dog haya hecho algo que no se haya visto antes.

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A partir de ese éxito inicial, Mann, ya como solista, le entró de lleno al pop rock alternativo (con guitarras eléctricas reminiscentes del, en ese entonces, popular grunge) en sus primeros dos álbumes Whatever (1993) y I’m with Stupid (1995). Ya en los años 2000, Aimee Mann fue evolucionando como compositora, llegando a crear una especie de álbum conceptual en The Forgotten Arm (2005) en el que empezó a flirtear con el folk rock. Sin embargo, en cualquiera que sea la variante del rock y pop en el que trabaje, Mann siempre muestra ese talento en la creación de melodías pegajosas, inteligentes y refrescantes. Lo cual nos lleva al siguiente punto.  La banda sonora de Magnolia (y el álbum que vino después) Otro de los momentos cumbre en la carrera de Aimee Mann fue la aparición del álbum Magnolia (1999), que fungió como banda sonora para el filme del mismo nombre dirigido por Paul Thomas Anderson. 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Fue precisamente en Acapulco donde Benito Juárez entra a territorio mexicano, después de su exilio en Nueva Orleans, y externa al Coronel Diego Álvarez (hijo de Don Juan): "Sabiendo que aquí se pelea por la libertad, he venido a ver en que puedo ser útil". Es ahí donde comienza la conformación del grupo de personajes liberales que la Historia los consigna cómo "Hombres que parecían gigantes", y que no dejarían de luchar hasta derrotar enemigos como la unión de Iglesia y Estado, y la intervención francesa, Juan Álvarez aún  vivía para constatarlo.  Álvarez fue presidente emanado del triunfo de la Revolución de Ayutla. Resultó electo Presidente, pero el cargo lo ejerció por pocos meses, renunciando a él aduciendo problemas de adaptación al clima de la capital del país. Aun así, tuvo quizás el más ilustre gabinete presidencial de la Historia con Melchor Ocampo en la cartera de relaciones exteriores, Benito Juárez en Justicia, Miguel Lerdo de Tejada en Fomento y Guillermo Prieto en Hacienda. De hecho, fue durante su fugaz presidencia que le toca proclamar la Ley Juárez así cómo expedir la convocatoria al Congreso constituyente de para la redacción de la Carta Magna de 1857. Su famosa declaración de "pobre entré a la presidencia, pobre salí de ella" se refiere más que nada a que no utilizó tan alto cargo para el lucro personal, puesto que entre otras cosas, era ya un muy rico hacendado.  Aún después de su breve paso por la Presidencia tuvo energías para participar activamente en las luchas de Reforma y el Imperio de Maximiliano. Desde su Hacienda en Acapulco, "La Providencia" (en total abandono, por cierto, pudiendo representar un importante activo cultural y turístico), apoyó de forma incondicional al ya Presidente Benito Juárez, "la pantera del sur", como era conocido en sus dominios. Álvarez dejaría de existir el 21 de agosto de 1867. Fue el último de los combatientes insurgentes en morir, así como el último Presidente de la República en haber participado activamente en esas luchas.  Su legado continuó mucho más allá de su desaparición física. Se puede decir, que hasta su legado ayudó a cristalizar las luchas agrarias acaudilladas por Emiliano Zapata durante la Revolución mexicana. Cuando el general Álvarez pasó por el territorio que hoy es Morelos, fue testigo de las inhumanas injusticias y vejaciones que sufría el campesinado, constatando que desde tiempos del Imperio Mexica, pasando por los tiempos de la Colonia y las "encomiendas", sus condiciones de vida eran peores a las de presos por crímenes horrendos.  Álvarez trató de poner remedio a esta situación mediante una carta, en 1857, a "los pueblos cultos de la Europa y de la América", consiguiendo ser difamado, sí, pero también haciendo eco sus sentidas palabras, dejando una especie de semilla que contribuiría, a posteriori, a la redención de las causas indígenas y campesinas, ocurrido esto ya durante pleno Siglo XX.  Por todo lo que Álvarez representa en la Historia de México, en la configuración clara de una Nación y la formación sólida de un Estado mexicano, y el paralelo combate a las injusticias, es que la Historia oficial no le ha hecho la justicia debida. No escuchamos nunca su nombre en las ceremonias presidenciales por el Grito de Independencia, ni hemos visto nunca su efigie en billete y/o moneda alguna de curso legal. En Acapulco el aeropuerto internacional lleva su nombre, así como la plaza de su Zócalo, y la Ciudad donde nació, lleva su apellido como segundo nombre (Atoyac de Álvarez). Ahora que se ha anunciado, que los billetes con denominación de veinte pesos saldrán de la circulación, gradualmente, para en 2025 sustituirlo, de forma permanente, por una moneda, con un grabado del rostro del General Juan Álvarez. Éste sería apenas un merecido homenaje a quien tanto aportó a la Patria, y que entre otras muchas líneas escribió, en el ya citado "manifiesto ciudadano... a los pueblos cultos: " lo siguiente, que lo pinta de cuerpo entero:  …he sido el enemigo perpetuo de los tiranos; el defensor constante e incansable de las libertades públicas; el soldado del pueblo, cuya causa santa defiendo con entusiasmo...”. Ojalá entonces, la Historia oficial se acuerde, mucho más que hasta hoy en día, de su indeleble y ejemplar legado.    " ["post_title"]=> string(45) "Juan Álvarez, el prócer patrio sin justicia" ["post_excerpt"]=> string(160) "Este mes de la patria también sirve para recordar a aquellos héroes que la historia oficial ha pasado por alto, entre ellos, el General Juan Álvarez Hurtado." 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Esta es una oportunidad perfecta para adentrarse en la obra de una de las mejores cantautoras de los últimos cuarenta años. Y no, no dudo ni un segundo de la afirmación que acabo de hacer. Así que tomemos estos días para darle play a la discografía de Mann en nuestro servicio de streaming predilecto y hablemos sobre algunas razones por las cuales añadir un poco de su música a nuestra vida diaria.   La variedad de estilos Puede ser que, en años recientes, Aimee Mann se haya decantado más por el lado del folk rock más suave. Sin embargo, su carrera musical inició desde los años ochenta, con el grupo ‘Til Tuesday, una banda enraizada en el new wave. El éxito que quedó grabado en la memoria del gran público, asiduo por ese entonces al naciente MTV, fue Voices Carry (con todo y video incluido). A partir de ese éxito inicial, Mann, ya como solista, le entró de lleno al pop rock alternativo (con guitarras eléctricas reminiscentes del, en ese entonces, popular grunge) en sus primeros dos álbumes Whatever (1993) y I’m with Stupid (1995). Ya en los años 2000, Aimee Mann fue evolucionando como compositora, llegando a crear una especie de álbum conceptual en The Forgotten Arm (2005) en el que empezó a flirtear con el folk rock. Sin embargo, en cualquiera que sea la variante del rock y pop en el que trabaje, Mann siempre muestra ese talento en la creación de melodías pegajosas, inteligentes y refrescantes. Lo cual nos lleva al siguiente punto.  La banda sonora de Magnolia (y el álbum que vino después) Otro de los momentos cumbre en la carrera de Aimee Mann fue la aparición del álbum Magnolia (1999), que fungió como banda sonora para el filme del mismo nombre dirigido por Paul Thomas Anderson. Porque aquí es en donde aparecieron por primera vez los temas Save Me (nominada al Oscar en la categoría de Mejor Canción Original) y Wise Up, dos canciones que se convirtieron en clásicos instantáneos del final de la década.  Sin embargo, las canciones que Mann «donó» al proyecto de P.T. Anderson sólo eran una prueba de lo que sería su siguiente álbum, titulado Bachelor No. 2 or, the Last Remains of the Dodo (2000). En él, encontramos las canciones que aparecen en la banda sonora de Magnolia, además de varios temas más. Este disco, estrenado en pleno cambio de milenio, es una de las obras maestras de la década y ayudó a cimentar a Aimee Mann como una de las grandes compositoras del siglo XX. Aunque sólo contiene 13 pistas, Bachelor No. 2 es una especie de White Album para Mann, en cuanto a que es su proyecto más ambicioso y en el que más estilos abarca: desde el ritmo de vals de Nothing is Good Enough hasta esa obra maestra que es Red Vines, cuyas melodías vocales toman giros inesperados.  La explosiva combinación de talento melódico con inteligencia Si algo demostró Bachelor No. 2 fue que Aimee Mann es una de las (raras) compositoras que posee un fuerte talento melódico (sólo escuchen alguna canción de ese álbum e intenten sacársela de la cabeza), lo cual hace que sus canciones sean accesibles y pegajosas, con inteligencia en sus letras y temas. Por ejemplo, en su álbum más reciente, Queens of the Summer Hotel (2021), Mann se basó en el libro Girl, Interrupted de Susanna Kaysen, en el cual se tratan temas como el suicidio y las enfermedades mentales.  Por ello, me parece una de las cosas más extrañas que Mann no sea más popular: sus canciones son accesibles y melódicas y sus letras rara vez son banales o superficiales. Por ello, el hecho de que tenga alrededor de 400 mil oyentes mensuales en Spotify es una de las injusticias más grandes en el mundo de la música pop y rock, el cual está lleno de exponentes mucho más populares pero que, por decirlo amablemente, son de dudosa calidad.  Su voz Aimee Mann tiene una voz única. Sí, podrá sonar a cliché, pero hay que tomar en cuenta lo siguiente: aunque no es una de las vocalistas más capaces o con mayor rango (como, digamos, Annie Haslam o Aretha Franklin), tiene el talento único de darle la entonación perfecta a cada una de sus composiciones. Algo similar, por ejemplo, a Paul McCartney, quien, a pesar de no ser un Freddie Mercury, logra imprimir su voz de la mejor forma en sus canciones.  Esas son algunas razones para entrarle a la obra de Aimee Mann; podría quedarme aquí todo el día escribiendo más razones, pero el espacio, desafortunadamente, es limitado. Así que aquí le paro y es momento de que la misma Mann los convenza por medio de sus composiciones. Espero que los haya convencido de abrir la discografía de esta cantautora, al menos por mera curiosidad. Estimado lector, si nunca la ha escuchado, no se va a arrepentir: le puedo asegurar que le espera un verdadero agasajo. " ["post_title"]=> string(63) "Razones para escuchar a Aimee Mann y celebrar su cumpleaños 62" ["post_excerpt"]=> string(110) "Octavio García nos dice por qué deberíamos de acercarnos a la obra de la célebre cantautora Aimee Mann. 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Aimee Mann

Razones para escuchar a Aimee Mann y celebrar su cumpleaños 62

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