Sangre de camarón

Desde donde habitaba el miedo…   Desde donde habitaba el miedo Hasta el oasis que protege y cubre Por el desierto de nuestro Norte, Vencedor de sequias con voz de trueno/ Viene el rarámuri francés que alguna vez, Entre los sueños de todos sus mayores...

3 de agosto, 2018 sangre-camaron

Desde donde habitaba el miedo…

 

Desde donde habitaba el miedo

Hasta el oasis que protege y cubre

Por el desierto de nuestro Norte,

Vencedor de sequias con voz de trueno/

Viene el rarámuri francés que alguna vez,




Entre los sueños de todos sus mayores

Llegó a las tierras que cultiva y ama.

     _____

Estallido de luz

Por el dolor intenso de una pierna rota/

Los dos que fueron

Y que siguen niños,

Se funden con las emociones que transitan

Entre los pasajeros que se despiden

En la terminal de camiones de Chihuahua.

     __________

Iba a encontrar al hijo que se hacía hombre

muy más allá del rio de los regresos

donde comienza el frio de los olvidos.

     ___________

Por el largo camino

Que empezó “ayer”,

El improbable encuentro entre raíces

que cruzaron el mar hace largo tiempo.

     ___________

El remoto testigo en blanco y negro

De sus afectos que han durado tanto

Acompaña los días de la esperanza

Colgado en la pared de la cocina.

     _________

En la misma trinchera

De la misma batalla

Con la fe puesta siempre en el regreso

Celebrando con sueños el futuro.

     ____________

Afición de pendencia que no ceja/

Ternura inocultable

Que pretende evadirse con las bromas

Entre el “canta y no llores”,

Por las canciones de la nogalera.

     _____________

El tarahumara que llego de Francia

Beligerante y bueno

Tiene en el alma, sangre de Camarón.

     _______________

Sangre de Camarón que lo arraigó

Por siempre y para siempre

En el suelo sagrado/

Abonado por hombres y mujeres

Inmunes al cansancio y a la sed.

     ___________________

Hombres que prestos a pesar del miedo/

Entre Puebla y Veracruz

Una mañana de hace mucho tiempo

Se jugaron la vida amaneciendo

por los destellos del Segundo Imperio.

     ____________

En camarón;

Donde Mexico y Francia se fundieron

En el abrazo sagrado de la muerte

De sus hijos valientes,

Seguros que servían a sus dos patrias

Que ahí se hicieron una

Y una suerte.

     _____________

Ya sea entre los camiones en Chihuahua

Todas las despedidas se reflejan

Detenidas por siempre en las pinceladas

De aquel mural que observa a los pasajeros

Que observa a los viajantes

En los lejanos andenes de París.

    _____________

Ya se acerca septiembre nuevamente

Y viene por el mar el cargamento

Que nos trae los sabores de mi patria,

Con chiles de árbol y con salsa verde,

Con tequila y sotol para las penas;

Para la pena de las lejanías.

     ____________

Y en el veliz

Con las telas hiladas por las manos de México,

María de Guadalupe

y la bandera.

_____________________________

  1. Camarón. Pueblo ubicado entre Veracruz y Puebla, donde el 30 de abril de 1863 tuvo lugar un enfrentamiento entre la guerrilla mexicana al mando de Francisco de Paula Millán, y un destacamento de la Legión Extranjera Francesa  comandado por el Capitán Jean Danjou.
Comentarios
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El señor, sobre todo, es muy serio: vive para su trabajo y para sus hijos. Sin olvidar a la esposa, claro, porque la atiende como no te imaginas. Todo iba muy bien con ellos, hasta que una de las chamacas del 37 cumplió 16 años. Dirás que eso no tiene nada nada que ver, pero es que en cuanto se sintió “grande” inició una ofensiva contra el señor del 51. Le puso cerco; se le tropezaba en todos lados los rincones, le sonreía con todos los dientes y lo miraba con ojos insinuantes. Como el asedio tranquilo no le daba resultado, dio un paso adelante. Se dio cuenta de que iba al trabajo en  Metro, y ella dejó de tomar el camión para ir a la escuela y desde ese día viajó en Metro, aunque tenía que transbordar. “Casualmente” se encontraba al del 51 en la calle o en la estación, y viajaban juntos, y, entre las apreturas de la hora pico, se le sobaba de arriba abajo, por delante y por detrás, y varias veces le metió mano. El del 51 hacía como que no se daba cuenta, pero bien supo lo que estaba pasando. Entonces, optó por salir mucho más temprano; pero la chava lo imitó, y una vez que iba sentado, en el Metro, lo vio y corrió a sentarse en sus piernas (y no sabes cómo se movía la condenada). Como tampoco eso le dio resultado, resolvió contarle a la del 38 (que es su incondicional) lo que sufría con la indiferencia del señor. Y al día siguiente, ya todos los vecinos murmuraban que el del 51 no funcionaba bien, que era poco hombre y que resultaba un peligro para todos los niños de la vecindad. Naturalmente, todos le dejaron de hablar, a él y a su esposa; y a los niños les prohibieron que jugaran con los del 51. Los pobres no sabían lo que pasaba, pero se enteraron en cuanto los del 41 fueron a invitar al señor a ir al gimnasio con ellos. Eso puso al hombre sobre aviso, y resolvió poner fin al chisme. Y, efectivamente, el domingo que estaba la gente en el patio, se subió a un banquito y les dijo a los vecinos que él era tan hombre como el que más, y que si no le hacía caso a la chava del 37 era porque respetaba a las mujeres y quería a su esposa, a la cual no estaba dispuesto a faltar. ¿Y sabes qué? Lo abuchearon. Así como te lo cuento. El pobre hombre tuvo que ir a refugiarse en su vivienda para escapar de la pamba con picahielos a la que lo querían someter. El del 37 (¡Imagínate! el papá de la chava) se reía de él en sus narices, y una vez juntó a un grupo de compañeros de borrachera para no dejarlo entrar a la vecindad “por ser la vergüenza de los vecinos honrados”. Las viejas le decían cosas muy feas cuando pasaban a su lado. La señora del 37 le sacaba la lengua en cuanto lo veía; y la chava se levantaba las faldas más arriba de la cintura cuando lo veía venir, con lo que lo único que consiguió fue que uno de los ninis de la azotea la violara una tarde que no tenía nada que hacer. Lo peor fue cuando su esposa lo enfrentó y le dijo que a ver qué hacía, porque ella no iba a permitir que sus hijos crecieran con el estigma (esa fue la palabra que usó, no estoy exagerando) de tener un padre maricón. El pobre hombre corrió a la tienda, compró una botella de mezcal y otra de tequila, se las bebió de un jalón y fue a tocar la puerta del 37, a exigir que saliera la chava que tenía 16 años (y ninguna de las otras, añadió). Pero la que salió fue la madre, que es muy bronca; lo llamó acosador, sádico, maníaco sexual, violador y otras lindezas por el estilo, le atizó un golpe con el mango de la escoba y lo dejó tirado en el pasillo “para que lo recogiera la mártir de su mujer”. El hombre estuvo tres días en cama. No tanto por el golpe, sino por el disgusto que se había llevado, porque se puso amarillo, amarillo y lo vomitaba todo. Pero los chismes se calmaron. Aunque no tanto. Porque unos días después me di cuenta de que las viejas se reunían en los tendederos, y entre lo que platicaban hacían alarde de las “faenas” de sus esposos, y competían a ver cuál de ellos tenía más hijos en las calles aledañas. Si los ven con alguna otra mujer, hacen unos escándalos espantosos; pero si alguno tiene un hijo con otra, lo felicitan y le llevan una veladora a algún santo de su devoción. ¿Quién entiende esas cosas? Debe ser cosa de consultarlo con algún psiquiatra, pero yo no tengo tiempo para eso, y te lo dejo a ti de tarea, que al fin y al cabo eres mujer (o un equivalente), y debe serte más fácil entenderlo… Y cuando regrese, me lo explicas, por favor. 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