De regreso de un viaje de Venecia, su Ciudad natal hasta Anzio, en la misma península itálica, arrojó las dos pacas de manuscritos de los que fue autorizado sustraer de una pequeña biblioteca de una iglesia del lugar. El padre Antonio, pelirrojo y aficionado a la música, se puso a estudiarlos. Corría el año de 1690.
En sus funerales, 29 años después, no se despedía a un cura cualquiera, sino a un personaje que había revolucionado el arte mismo. Había dejado una profunda huella en vida. Su influencia marcaría no solo al barroco, sino a la música en general. Con él, el género del Concierto, se hacía en un sitio privilegiado que no perdería jamás. “¡Realmente, qué artista murió con él!”, fueron sus últimas palabras, según lo afirmó su más fiel ayudante desde sus tiempos de monaguillo.
Las pacas de manuscritos antiguos habían sido incendiadas por completo meses antes, aseguró años después. Ya con más de 80 años encima, nadie escuchaba las historias y vivencias de Luciano, pupilo del padre Antonio, quizá por sus desplantes mitómanos, acentuados por la edad. Pero se fueron transmitiendo de generación en generación en vía de sus sobrinos. Estos aseguraban que en el ya citado año de 1690, se había hecho, en su viaje a Anzio, de las partituras y poemas de ni más ni menos que del pérfido Emperador Nerón de Roma. Todos creados entre los lejanos años del Señor de entre finales de los 50 y todos los 60. En la pira se fue toda su poesía, por considerarla el sacerdote como vulgar y hereje.
Profesor y empresario también, además de músico, el cura rojo, como se le conoció en vida, había alcanzado la fama y la fortuna. Casi 800 obras, varios cientos de conciertos y cerca de 50 óperas después, Antonio Vivaldi dejaba de existir en este plano terrenal. Sus “Cuatro estaciones” serían un clásico perenne en el espacio-tiempo musical, los violines cobraban, a partir de esa obra maestra, un nuevo significado.
Que era demasiado para un cura que, en relación a la música, había sido no más que un apasionado aficionado, sí, pero con él, según le repitió en varias ocasiones a Luciano, Nerón había sido redimido en su vida pecadora, y su alma salvada de la lumbre de los infiernos, todo con el costo de que su fama como un enorme artista, jamás sería reconocida por prácticamente, nadie.
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