PELÍCULA: “EN LAS ROCAS”

“Hay algo más importante que la lógica: la imaginación”.  -Alfred Hitchcock FICHA TÉCNICA: Título original: On the rocks Director: Sofia Coppola Actores:  Bill Murray, Rashida Jones, Marlon Wayans, Jessica Henwick, Jenny Slate Género: Drama / Comedia Año:...

5 de marzo, 2021

“Hay algo más importante que la lógica: la imaginación”. 

-Alfred Hitchcock

FICHA TÉCNICA:

Título original: On the rocks

Director: Sofia Coppola

Actores:  Bill Murray, Rashida Jones, Marlon Wayans, Jessica Henwick, Jenny Slate




Género: Drama / Comedia

Año: 2021

País: Estados Unidos

Plataforma: Apple TV+

SINOPSIS:

Laura tiene una crisis matrimonial: Dean, su esposo, se dedica casi completamente al trabajo; ella piensa que la engaña.

El papá de Laura es un Don Juan divertido. Se la pasa ligando en bares, restaurantes de lujo en Nueva York. Él la empieza a aconsejar sobre su matrimonio.

CRÍTICA:

Hace ya 17 años, Sofia Coppola y Bill Murray filmaron la maravillosa película “Perdidos en Tokio” que le valió a Sofía el premio Oscar a Mejor Guion Original. 

Ahora, se vuelven a reunir la mancuerna para esta muy agradable película “En las rocas”. En estos tiempos de pandemia donde uno quiere distraerse de tanto drama, esta película es la mejor opción: divertida, ligera pero profunda, con grandes actuaciones. No te la pierdas.

Tanto “Perdidos en Tokio” como “En las rocas”  comparten algo parecido: una mujer joven, cuyo marido se mantiene distante, se relaciona con un hombre más grande en una gran ciudad (solo que en esta ocasión, el hombre mayor es su papá, nada que ver con algo amoroso).

Lo bueno de Sofía Coppola es que jamás podrá hacer una película superficial aunque el tema lo parezca: las conversaciones entre padre e hija, la angustia de “Laura” al pensar que es engañada, el cariño que se tienen…  Aunque la historia nos haga reír, también nos hace pensar.

Psicología

Los protagonistas poseen un “Complejo de Electra” no resuelto (según Freud). Tienen una especie de relación de “gran cariño” entre padre e hija.

Como “Laura” pasa por una temporada poco productiva en su trabajo, siente inseguridad, por ello y también por compararse con otras personas. Parece que el personaje de Bill Murray necesita compañía de alguien significativo, y quién mejor que su propia hija.

Calificación:

Rangos:  Mala Regular ★★  Buena ★★★  Muy Buena ★★★★

Excelente ★★★★★

MENSAJE:

Esta es una muy interesante película sobre las diferencias entre hombres y mujeres y las relaciones humanas entre padres e hijas.

Estrellas: ★★★★

DIRECCIÓN:

Es la séptima película de la gran directora Sofía Coppola. Ha hecho trabajos excepcionales como la muy deprimente Las vírgenes suicidasPerdidos en TokioMaría Antonieta: La reina adolescenteSomewhere: En un rincón del corazónAdoro la fama y El seductor. Siempre en sus películas se observa su toque femenino.

Estrellas: ★★★★★

ACTUACIONES:

Billy Murray se lleva la película como un gran cínico, mujeriego y despreocupado señor de la tercera edad. Te hace reír todo el tiempo, y no en vano fue nominado al Globo de Oro por su gran actuación. Y no hay que dudar ni por un momento que es muy probable que lo nominen a los Premios Oscar de este año. 

En cuanto a Rashida Jones, que hace el papel de “Laura”, la hija de Billy, está excelente en su papel de una insegura esposa que sigue a su papá en todo lo que le dice por el momento de crisis que está pasando. Ambos tienen una química extraordinaria como padre e hija.

Estrellas:  ★★★★★

GUIÓN:

Muy buen guion.

Estrellas: ★★★★

FOTOGRAFÍA:

Buena fotografía.

Estrellas:  ★★★★

CALIFICACIÓN  TOTAL:               ★★★★      MUY BUENA

LINK:

Twitter: @CINEMABLIX13

Comentarios
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Cada año tenemos un mayor número de homicidios dolosos y en algunos lugares, la cuarta parte corresponden a feminicidios, esto es, homicidio por razón de género. Dichos titulares de nota roja resultan como la punta del iceberg; solo estamos viendo lo más amarillista, pero no nos aventuramos a mirar debajo del nivel del agua, a esa base que sustenta los crímenes que se dan en México, desde Tijuana hasta Tuxtla Gutiérrez.  Tal vez haya cambios en edad de las víctimas, en ocupación de ellas al momento de ser asesinadas.  El móvil que lleva a privarlas  de la vida varía, pero en el fondo hay un mismo sustrato que se repite, como una amalgama de elementos culturales que, acomodados de una u otra manera, finalmente dan un resultado similar. En los últimos diez años, y más acentuado con razón de la pandemia, surgen importantes escritoras  de novela negra en Latinoamérica: México; Argentina; Colombia; Chile.  Más allá de Verónica Llaca, ganadora del concurso “Una vuelta de tuerca” en el 2014 con su novela La simetría de los árboles, no ha sido hasta estos últimos años cuando aparecen voces poderosas, tanto en México como en Latinoamérica, contando desde su percepción de género la historia de la violencia contra la mujer.  Dentro de las jóvenes creadoras tenemos una gama variada de voces que nos llaman a zambullirnos en las gélidas aguas en torno al iceberg del feminicidio para conocer, centímetro a centímetro la base que lo sostiene. Un término que me resultó esclarecedor, y al cual quiero dedicar esta colaboración, lo llama Selva Almada, escritora argentina “micro violencias domésticas”.  De este modo se refiere a esos detalles suspendidos en la mayoría de los hogares latinoamericanos.  Desde los menos favorecidos en la esfera económica hasta los que consideramos “bien avenidos”, conformados por familias de clase media o media alta, integradas, con ingresos económicos estables; hijos con excelentes oportunidades de estudio; ocasión de frecuentes  viajes por placer.  En un extremo y el otro de la escala socioeconómica que estamos imaginando ahora, se presentan esos mínimos actos de violencia contra la mujer que, a la vuelta de los años, hacen un acumulado considerable, que bien puede culminar en un feminicidio. En mi práctica institucional  hospitalaria era muy común atestiguar las diferentes reacciones de la familia ante el nacimiento de un varón o de una mujer.  Hablo de los tiempos en que el ultrasonido apenas comenzaba a utilizarse, por lo que la mayoría de quienes acudían al Sector Público, no se enteraban del género biológico sino hasta el parto. Alguna vez, cuestioné a una madre por qué se alegraba más por un niño que por una niña, me dijo: “Porque el niño va a ayudar a llevar más dinero a la casa”.  No me convenció del todo su respuesta. Husmeaba  factores antropológicos y psicológicos detrás de ese pensamiento que logré entender leyendo a Margaret Mead, antropóloga social dedicada a estudiar la impronta que deja la madre en los hijos con relación a las funciones de género.  Ella analizó poblaciones en Nueva Guinea para establecer principios que son válidos de forma universal. En nuestro amado México, esas costumbres de privilegiar al varón por encima de la mujer dentro de casa vienen de centurias atrás.  A pesar de que las deidades de la Cultura Mexica fueron tanto masculinas como femeninas, sí comenzó a determinarse un patrón de conducta de género: los varones iban al Calmécac para ser  sacerdotes, o se preparaban como guerreros.  Detrás de unos y otros estaba la mujer, como sombra, pero a la vez apuntalando esos patrones de comportamiento: una sociedad matriarcal revestida de un halo de glorificación para el varón.  La única ocasión en que la mujer llegaba a esos niveles tan elevados, era cuando moría durante la labor de parto. Así avanzamos como civilización, recibiendo influjos judeocristianos provenientes de Europa, en ocasiones otros distintos de África y en menor proporción de Asia. Incorporamos los elementos que resultaban útiles para conformar una sociedad que determina que en igualdad de circunstancias, el varón estudie y la mujercita se quede en casa aprendiendo labores del hogar;   dentro de casa, que la madre y las hijas atiendan al padre y a los hijos varones; que las prerrogativas sean en automático para el varón y altamente condicionadas para la mujer. Según el nivel sociocultural, tenemos desde padres violentos al extremo, hasta los que dejan caer con sutileza frases o actitudes que indican que para él las acciones del hijo son mejores  que las que hace la hija. Se descalifica, desacredita y resta valor a la mujer de un modo tan cotidiano y casual que se vuelve parte de la cultura intrafamiliar, y caldo de cultivo para violencias mayores. Ahora bien, que sea la mujer la que narre acerca de la violencia de género, otorga a su obra un doble valor: No es el varón narrando desde fuera como un testigo casual; es ella, la mujer, narrando desde el dolor y la impotencia; desde el sistema familiar que la asfixia, o en el mejor de los casos entorpece su crecimiento personal.  Esta voz narradora nos llama a salir del letargo para entender que la normalización de la violencia no es sana. Lejos de que sea el contacto con los videojuegos violentos o con las series sobre narcos, la causa última, la violencia se respira en el ambiente hogareño, en micro dosis, en forma habitual.  Ahora es tiempo de ventilar las habitaciones, de abrir puertas y ventanas del conocimiento, para detectar cuáles son esas expresiones de micro violencia con las que hemos convivido desde la infancia. 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Así que, aventurándome a una suerte peor que la muerte (no la concibes, ¿verdad?), mientras los vecinos discutían en pie, cogí la bolita con los dientes y la fui a dejar en el asiento del portero. La “máxima autoridad” de la vecindad se dejó caer en la silla con toda su humanidad, y el efecto no se hizo esperar. Los guaruras, obedeciendo las órdenes que ya tenían, lo subieron a la enfermería sin hacer caso de sus gritos y protestas. Y la enfermera, que en esos casos no se fija en las caras, sino en los traseros, le empujó las tres lavativas de rigor (fueron cuatro, pero nadie las contó. Yo creo que la enfermera sí lo reconoció y aprovechó para vengarse de algo). El portero estuvo fuera de circulación como una semana y, por sí o por no, mandó deshacerse de todas las bolitas que habían comprado en una tienda de esas en las que venden bromas. La aventura de las lavativas lo hizo enflaquecer y hasta perder el color por unos días. 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