El retiro del INAH de mi bisabuelo fue abrupto. No intentó negociación alguna con la dirección ni asesoría del sindicato. En 1979 encontró, en el marco de las excvacaciones por el hallazgo de la Coyolchauhqui y el Templo Mayor, un códice finamente decorado por algún tlacuilo (pintor/escritor) donde narraba, sobre esos ocho metros de piel de venado, la clave de la elección del Tlatoani Motecuzoma Xocoyotzin por parte del consejo supremo (tlatocan) de nobles (pipiltin) encargado de la elección del nuevo Huey Tlatoani ante la muerte de su Rey Ahuizotl.
Ramón, mi bisabuelo, nunca confió en el gobierno. Ni siquiera porque, como arqueólogo, fue un burócrata buena parte de su vida, así que guardó en su armario el códice sustraído en su mochila y un objeto por completo extraño en ese entonces, y que, ahora, en la segunda década del Siglo XXI, y debido a su fallecimiento, tuve a bien abrir la caja, la que además del códice de cuero de venado contenía el objeto y también una traducción minuciosa de parte de mi buen viejito Ramón.
La traducción narraba que el sumo Cihuacoatl (consejero real) había recibido de un macehualli (hombre del pueblo) el referido artefacto, que, dícese, contenía la conversación en voces verdaderas de Tlacahuepan, quien era candidato a nuevo Tlatoani junto con Moctezuma, y en el que ordenaba a un sirviente dar pozole con veneno de serpiente al hijo de Moctezuma, Ilhuicamina, el viejo y también Rey en su tiempo, Xocoyotzin. Tlapahuecan, consejero mayor, lo tuvo muy en cuenta, al cambiar el sentido de su voto de calidad ante el empate en los votos del consejo entre Moctezuma y Tlipotonqui.
Continuaba el manuscrito de mi bisabuelo Ramón, con el relato de la elevación a rango de oráculo y semidiós al tan singular objeto que captaba las voces, dando pues su voto decisivo al flamante Moctezuma Xocoyotzin, nuevo Rey de Meshico Tenochtitlan; además de la concesión de todo tipo de privilegios y mercedes para el macehualli que se lo entregó. Mas el poder suele cambiar a la mayoría de las personas, y una de las primeras decisiones de Motecuzoma (ó Moctezuma segundo) fue la de prescindir de los servicios del Cihuacoatl Tlacahuepan, hijo del anterior e influyentisimo Tlacaeltzin, enviándolo a una guerra contra los huejotzingas, en la primera línea de batalla, con pocas tropas y menos aún, armamento, y a pesar además, de su avanzada edad.
Lo traumático para mí fue el poder reconocer dicho objeto del que desde muy niño me platicaba mi bisabuelo con tan grande sigilo: un smartphone pantalla a colores, con sistema operativo ANDROID, cubierto de una especie de película de polvo convertido en piedra. Ahora, sabiendo todo esto e investigando al respecto, sé que a dichos objetos, fuera de época, se les conoce como ‘Oopart’, por sus siglas en inglés, y no pienso dar parte a las autoridades por dos motivos: tampoco confío en ellas y una que pesa todavía más, que es el obvio y natural escepticismo con el que nos recibirían, tanto a mí, como a la historia del viejo arqueólogo retirado de su profesión antes de tiempo.
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