Los Olvidos Parte 18

Los paquetitos de cartas y postales no estaban ordenados  por fecha  o remitente, sino nada más  para que se conservaran mejor y no estuvieran desbalagadas en la caja de cartón. La esposa de don Marcelino había tenido...

16 de diciembre, 2020 los olvidos

Los paquetitos de cartas y postales no estaban ordenados  por fecha  o remitente, sino nada más  para que se conservaran mejor y no estuvieran desbalagadas en la caja de cartón. La esposa de don Marcelino había tenido el buen sentido de colocar cartas y postales con suficiente espacio entre los paquetitos para evitar el moho inevitable en un encierro oscuro. Seguramente habían conservado las cajas en un sitio ventilado y fresco,  porque de otra forma no se habrían salvado  de los efectos destructivos de la humedad combinada con la sal y el calor.

Las postales no estaban mezcladas con las cartas contenidas en  sobres con bordes azul, blanco y rojo clásicos del incipiente correo aéreo de entonces. Me sorprendió percatarme  de que no solamente no despedían un olor de deterioro y encierro sino un aroma de perfume apenas perceptible pero evidente. No había yo tenido oportunidad de probar el perfume rescatado por la esposa de don Marcelino, pero imaginaba yo que sería el mismo que despedían esas cartas y postales.

Los sobres se veían en muy buen estado.  No estaban amarillentos a pesar de que las fechas de esa correspondencia oscilaban entre finales de los  años 30  y principios de los 50, es decir que tenía ante mí, cartas y tarjetas de casi cuarenta años de haber sido escritas. Todas estaban en inglés.

Pensé que Emmanuell Claymon tendría que haber entendido suficiente español por el tiempo que había pasado en Zacatecas tratando con autoridades y mineros de los que si acaso serían muy pocos los que entendieran inglés, pero difícilmente podría haber entre aquellas cartas y  postales correspondencia de negocios o trabajo.

Escogí un sobre de papel aéreo que  tenía dos sellos  que conmemoraban el 300 aniversario de la imprenta en Estados Unidos: U.S. postal stamps of 1939. Había yo estado revisando los timbres postales,  las fechas en las tarjetas, la caligrafía y las firmas; las estampillas  de ese sobre llamaron mi atención y por eso decidí abrirlo y leer su contenido.

 

                                                                            Acapulco, Saturday April 1st, 1939




Darling Jeri, 

We just arrived in Acapulco after an unbelievable but tiring flight.

After three stopovers in the Gulf of Cortes, Manzanillo and Vallarta we finally landed in Acapulco on this beautiful Friday, shortly before dusk.

Juan Trippe the owner and president of Pan American Airways offered us one of his flying boats to fly along Mexico’s Pacific coast all the way to Acapulco.

We were quite a small party of only eight passengers, so there was one crew member for each of us (including the captain, the flight engineer and the navigator).

It took us three days to arrive in Acapulco because we stayed overnight in all three ports where we made stopovers to refuel and check that everything functioned well.

If I tell you that Acapulco is a place of unlimited alluring beauty, I would not do justice to this enigmatic hidden corner of the world.

Acapulco is still a small fishermen’s village, yet it harbors mysteries combined with history and legends.

During Spanish domination Acapulco was the gateway for silks, spices and many more merchandises and commodities carried by the Manila galleon also known as the China vessel.

The Philippines were also colonies through which Spain traded with India, China, Japan, Indonesia, Siam and many of the South Pacific islands.

As we approached the dock after landing, we could see flocks of seagulls, pelicans, herons and parrots splashing the landscape with multiple and vivid colors all around us.

We could not go nearer the pier so the harbor master sent two rowing boats to take us ashore.

Edward Atherton’s wife, Jennifer, became airsick when we crossed a brief turbulence after leaving Vallarta. 

The rest of us fared quite well all along.

I am eager to meet Henry Ralph who will show me the plot of land that meets the qualities I am looking for to build our home; he has told me it is a spot with incredible vistas to the Pacific where you command an uninterrupted view to the north beyond the Quebrada cliffs all the way to Pie de la Cuesta, and southwards endlessly over and beyond the island known as La Roqueta.

He told me that at the top of that salient known as Explanada, there is a constant breeze that would spare the need of fans if the right architectural orientation takes proper advantage.

Imagine a house whose cooling system is no other than the crosswinds that prevail at the top of those cliffs.

I haven’t seen you for less than a week and I miss you dearly!

You and Matilda must come with me the next time; we can stay a few weeks either at El Mirador or at Flamingos which happen to be quite near the place Henry Ralph is going to show me.

I have sort of a premonition about that spot; I am strongly attracted by the idea to build our house in such a special location. 

I am sure it will be possible to place a long distance call to hear your voice once I unpack and settle down in either hotel.

Give my love to Matilda for me.

I love you so very much.

Ever yours,

 E 

Estaba yo absorto en la revisión de estos tesoros cuando escuché pasos que se acercaban;  dejé por un momento las postales que estaba revisando para saludar a don Marcelino que estrechó mi mano.

¿Cómo va con esto joven?

Caray, don Marcelino, es toda una aventura. Siento que viajo a  través del tiempo a épocas de las que me ha hablado mi abuelito, mi mamá, mi tío Carlos que vive aquí en Acapulco, doña Rosita, y muchos amigos que vivieron en ese entonces y me comparten sus recuerdos. Pero esto no son anécdotas ni referencias de terceras personas sino la expresión de sentimientos,  vivencias,  descripción de emociones, recuerdos y confidencias de protagonistas directos. Son ellos mismos los que hablan repitiendo las palabras que ustedes recataron y que están atesoradas en esas dos cajas.

Lo bueno es que usted entiende inglés joven,  porque nosotros no. Lo que sí leímos desde que los encontramos, son los periódicos y las revistas que están en la otra caja. 

Por cierto, don Marcelino, quería decirle que el otro día que me prestó usted la fotografía de la pareja que estaba en el Mirador, se la enseñé a Doña Rosita.

¿Y ella supo quiénes eran las personas del retrato?

¡Cállese!  ¡No me lo va ni a creer! Ya sé  quién es la  joven de la fotografía…

¿Quién es?

La hija del dueño original de aquí.

¿Se lo dijo Doña Rosita?

¡Claro, don Marcelino! Pero no solo eso. Me dijo que ella la cuidaba cuando era todavía niña y además todavía la quiere mucho, pero mucho de verdad.

¿De veras?

¡Se lo juro! Doña Rosita me dijo que no la había vuelto a ver desde el día en que le tomaron ese retrato en el Mirador.

¿Y el joven que se ve con ella, quien era?

No hubo ni chance de preguntar, y la verdad, no me importaba mucho.

¿Y eso?

No sé, pero cuando vuelva al Faro seguramente me lo dirá doña Rosita. Pero quiero decirle algo y espero que no se vaya  usted a enojar conmigo.

¿A quién mató? 

A nadie, don Marcelino,  pero lo que pasa es que no me atreví a pedirle la foto a doña Rosita. La tenia sostenida con las dos manos como si estuviera abrazando a su hija.Ni siquiera se percataba  de que yo seguía  ahí con ella. Verla sosteniendo esa foto era como ver a alguien que se abrazara muy fuerte con una persona verdaderamente querida  con la que se hubiera reencontrado después de haber perdido la esperanza.

¿Entonces Doña Rosita se quedó  con la foto?

Sí don Marcelino, es lo que le quería decir y para colmo de males, no la pude duplicar porque se me olvidó pasar a la foto Germana que está en la esquina del Oviedo en el centro.

Ni se apure joven.  Nosotros ni sabíamos que existiera ese retrato y además,  si para doña Rosita significa tanto, no tiene caso pedírsela para regresarla al cajón donde nadie la ve.

Eso mismo pensé que diría usted.

Pues le atinó joven, ¿ya ve?

¡Qué bueno, don Marcelino! No quería que pensaran ustedes que abuso de su confianza.

Eso no es abusar. Si para doña Rosita significa tanto, ahí es donde debe de estar esa foto. ¿No me dijo usted que fue como un reencuentro?

Así es.

Pues entonces ni se preocupe; esa foto está con quien tenía que estar.

 

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