Lluvia de abundancia

¿Qué pasaría si un meteorito lleno de diamantes cayera en uno de los países más pobres a nivel mundial?

27 de julio, 2022 gines sanchez

En Suriname cayó un meteorito de unas 35 toneladas de peso provocando un fuerte temblor en esa región del planeta. La enorme piedra provenía, según los científicos, de un protoplaneta de muchos millones de años de antigüedad. Lo que dejó al gobierno de Suriname absorto fue que traía consigo material para extraer de ahí, ya con los procesos debidos, más del 2000% de todos los diamantes de calidad existentes en el mundo. 

Se decretó día feriado nacional al confirmarse este hecho. El país era rico y pronto sería una potencia. Su presidente y ministros idearon proyectos faraónicos dignos de lo que, por lógica, vendría. Las maquetas de lo que sería la pequeña nueva potencia se multiplicaron por el país. Se contrató a ingenieros nucleares para ir de una vez diseñando sus propios misiles atómicos de largo alcance. La mesa estaba servida, Suriname era parte ya, del siempre llamado “nuevo orden mundial”. 

Más después de este hecho, y cuando ya se producían diamantes en masa, el Ministro de economía fue hecho pasar por las armas ya que fungió como agorero de frustración ante el presidente: el precio internacional del diamante caería por los suelos debido la ley de la oferta y la demanda. La febril producción de la preciada joya no hizo más que acelerarse, por disposición gubernamental, pero los pronósticos del Ministro y prestigiado economista caído en desgracia eran reales: no habría Suriname potencia mundial. A los dos años, en ese pequeño país en un sitio recóndito de Sudamérica, sus habitantes, por más humildes que fuesen, poseían dos cosas: un teléfono móvil y collares, esclavas, anillos y todo tipo de bisuteria barata de… diamantes de la mejor calidad.

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Es decir, la salvación está al alcance de su voluntad: es responsabilidad de cada persona. A esa conclusión llega a partir de las escrituras que señalan que Dios creó al hombre a su imagen (Génesis 1:27). Luego, el hombre igual que su dios, es capaz de elegir. Pelagio argumenta contra el determinismo de Agustín: “No podemos hacer ni el bien ni el mal sin el ejercicio de nuestra voluntad, y siempre tenemos la libertad de hacer uno de los dos” (A Demetria, 8.I). Un ser totalmente determinado por su naturaleza no puede ser objeto de juicio moral [es decir, si el hombre está determinado por el pecado original no puede actuar de otra manera y, por lo tanto, no es responsable de sus actos, como es el caso de cualquier criatura irracional]. La dignidad del hombre procede de su capacidad de elegir, y precisamente por esta facultad de deliberación se diferencia de los animales”. El pilar de este edificio conceptual es lo que establece el libro del Eclesiastés en la Biblia, que dice: Dios “creó al hombre y lo dejó librado a su propio albedrío”. Por tanto, la principal virtud humana no es la sumisión ni la humildad sino su capacidad para tomar el destino en sus manos, su autonomía. La creencia en el libre albedrío forja al hombre occidental. Es la base de una cultura enriquecida durante siglos. Una experiencia diferente y, en consecuencia, unas ideas y creencias igualmente distintas, forjaron a la milenaria cultura china. También la geografía determinó las vivencias y carácter de sus pobladores. A diferencia de Grecia, las grandes llanuras de China favorecieron la colaboración de grandes grupos sociales. El trabajo conjunto determinó la supervivencia en esta parte del mundo. Luego, el papel del individuo se subordinó a la comunidad. Confucio, en Analectas describe al hombre superior como el que no se vanagloria de sí y elige ocultar sus virtudes, cultiva la armonía y el equilibrio. Quienes han estudiado la literatura de los países de Asia dan cuenta de que las narraciones no ponían el acento en el individuo, sino en los colectivos. Hasta recientemente, alrededor de hace dos mil años empezaron a escribirse autobiografías, pero aun así el sujeto no es centro del relato, según Qi Wang en The Autobiographical Self in Time and Culture. Creencias y valores distintos pueden auspiciar choques culturales." 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Cómo las creencias determinan la conducta

Para Patricio, en su décimo aniversario

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