Las pequeñas cosas: vita brevis

Largo ha sido el camino para la recuperación de la cotidianidad y si en México los artistas no viven de la cultura, en tiempos pandémicos la situación es todavía más difícil.

15 de agosto, 2022 Las pequeñas cosas: vita brevis

“Vita brevis, ars longa, occasio praeceps, experimentum periculosum, iudicium difficile”. Hipócrates (460 a.C. – 370 a.C.), médico de la antigua Grecia. 

La doctrina es larga; la vida, breve; la ocasión, fugaz; la experiencia, insegura; el juicio, difícil… Y el confinamiento que vivimos hace más de dos años nos enfrentó a una realidad de muchas aristas que nos mostró lo que ocurre detrás de los procesos creativos en el arte. De esta forma, músicos, actores, bailarines, escritores y otros artistas se subieron al tren tecnológico para seguir creando y compartiendo con ese público que tanto cuesta atraer, educar y mantener presente en cada expresión y manifestación artística, pero lo lograron a pesar de la distancia y aprovechando al máximo los recursos de la tecnología.

Largo ha sido el camino para la recuperación de la cotidianidad y si en México los artistas no viven de la cultura, en tiempos pandémicos la situación es todavía más difícil; sin embargo, el arte no sólo nos salvó de la reclusión, el miedo y la incertidumbre, sino que ahora se ofrece como el medio para dar salida a todas las emociones y experiencias guardadas en esta guerra contra el mortal virus porque el arte no surge por generación espontánea sino que es un proceso meditativo, contemplativo, se requiere de estudio, observación, de adentrarse en el mundo de lo subjetivo y sentir, sentirlo todo profundamente para dar lugar a la creación.

El primer acto público al que asistí este año fue una obra de teatro en el Centro Cultural del Bosque “Pedro Melenas y otras historias para niños desobedientes” (Abril, 2022) y la decisión fue inspirada por el anhelo de que mi hijo (de ochos años) fuera retomando el contacto y la interacción social perdidos. La experiencia fue maravillosa porque el espectáculo fue una especie de cabaret para niños con música, danza y teatro juntos En julio, me reencontré con el teatro para ver “Van Gogh. Un girasol contra el mundo” (Mario Iván Martínez) y fue entonces que la reflexión y la obsesión por ese “algo más” que es parte inherente de la vida me abordó, porque el teatro es un arte vivo, existe una conexión especial que se da entre actor-público en tanto que su materia prima son las emociones y todos entendemos ese lenguaje aunque lo tengamos limitado. 

El artista, escribió Ernesto Sábato, “es el loco que gracias a su demencia, a su incapacidad de adaptación, a su rebeldía, ha conservado los atributos más preciosos del ser humano”, así como lo hizo Van Gogh en su vida y obra y quizá por eso es que resulta fascinante adentrarse en ese mundo de amor genuino y obsesión creativa. Eugene Ionesco (dramaturgo francés) escribió: “Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya”. Quizá por eso se dice que nadie vive del arte, al considerarse algo inútil e improductivo; sin embargo, es lo único capaz de despertar en los espectadores la esencia humana que poco a poco se diluye entre los ríos de la sociedad líquida en la que vivimos actualmente.

Finalmente, el día de ayer volvimos a encontrarnos con Mario Iván en su ya clásica puesta en escena de Cri-Cri, en un renovado espectáculo infantil a manera de homenaje por quince años de trayectoria como embajador de la obra de Francisco Gabilondo Soler. De forma magistral, la obra logra una conexión entre generaciones al ser tan válida para niños como para adultos y abuelitos, además de haber logrado resaltar la genialidad de Gabilondo en cada composición musical y de sentir muy cercana la presencia y la generosidad de un artista tan completo como lo es Mario Iván.

Esto es lo que hace falta en una realidad violenta, sumida en el miedo y la incertidumbre porque es primordial preservar la inocencia infantil y mostrarles que el arte tiene todo que ver con #laspequeñascosas de la vida que le dan sentido y la hacen bella. Hace falta más, mucho más y todos los esfuerzos deben estar en las infancias porque de ellos es el futuro y el arte es el mejor camino, recordemos que, la vida es breve.

A manera de colofón: esta semana no pude evitar recordar aquélla canción popular de “La Bartola” (Chava Flores): “Mira Bartola, ahí te dejo esos tres pesos. Pagas la renta, el teléfono y la luz…”. No es mi estilo instalarme en la queja pero el poder adquisitivo no sólo ha disminuido sino que hay un descontrol inaudito en los precios y desabasto de productos. Lo digo como emprendedora que se ha mantenido a flote a pesar de la crisis y la pandemia y de quien depende el sustento de ocho familias además de la propia; situación que agota sobremanera. Es verdad que el dinero no alcanza aunque sea suficiente para vivir sólo por hoy sin saber qué pasará mañana. No tengo otros datos ni estadísticas por eso mi comentario es a título personal y a nivel experiencia, lo cual no lo convierte en verdad absoluta pero sí, cada día me identifico más con la Bartola.

Comentarios


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C.  Las tropas europeas respiran con tensa calma y desconfían unas de las otras. Lo que viene será el principio del fin.  “Dos días” musitaba para sí Raimundo III, Conde de Trípoli, príncipe de Galilea y mano derecha del rey. Ése pues era el tiempo necesario para lograr que los miembros de las distintas órdenes que componían el consejo convocaran a la Haute Cour para dictaminar el escabroso tema de la sucesión. Todos, tanto los miembros de la orden del Santo Sepulcro, los Templarios, los Hospitalarios y los Monreales como las tropas ayubíes, parecen saber que el final es inminente. La condición del monarca se desgasta rápidamente; las repentinas fiebres, las lesiones cutáneas y la progresiva ceguera se recrudecen con cada segundo transcurrido. 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El Sultán de Egipto y Siria, que le respetaría enormemente de ahí en adelante, debió abandonar el campo de batalla para continuar con su d'jehad semanas más tarde.  Veinticuatro años tiene el joven gobernante en ese momento; durante más de diez ha confrontado por partida doble a los musulmanes que buscan recuperar Tierra Santa y también, su debilitante padecimiento. Ha impartido justicia en aquella ciudad, más poblada que cualquiera en Europa, durante los pocos, aunque convulsos años de su reinado. Así debería ser recordado, pero lo más probable es que no sea así.  En aquel momento, lo apremiante es conseguir que el sobrino de Balduino sea nombrado regente tras su partida y no Guy de Louisignan, su cuñado, quien, junto con los caballeros de la orden del Temple, ansía hacerse del poder para sumir al reino en una confrontación abierta con el ejército sarraceno. Guy cuenta con el apoyo de la hermana del rey, Sibila. También con el del Heraclio, el patriarca de Jerusalén y el de muchos otros cruzados que observan con recelo la frágil tregua que el monarca ha conseguido entre musulmanes y cristianos. Raimundo necesita aliados en la corte y dos días deberán bastar para convencer a otros de sumarse a su bando, a pesar de que las reuniones furtivas, de que los numerosos intentos han resultado hasta ahora, infructuosos. El conde de Trípoli nota entonces que el rey se encuentra sumergido en un sueño profundo y pausado. Cerca de la medianoche, cuando la penumbra había cubierto en su totalidad la ciudad el noble, inquieto, se retira del palacio y se dirige a descansar un poco. Cuán lejanas le parecen ahora aquellas épocas de éxito y gloria. Mentalmente repasa los eventos que había compartido con el rey, desde la euforia de su nacimiento, el descubrimiento de aquella terrible enfermedad que le aquejaba, la batalla del Vado de Jacobo, la construcción del castillo de Chastellet, las desavenencias con Reinaldo de Châtillon, aliado de Guy y tantos, tantos otros, hasta que, finalmente el cansancio termina por vencerlo, soñando con otras épocas.   La mañana siguiente augura numerosos pendientes de los cuales encargarse, por lo que Raimundo se levanta temprano y quizás debido a ello, se convierte en el primero en saberlo. Se dirige al palacio y, desde el momento en que se acerca al rey, nota que algo anda mal. Siente cómo un violento escalofrío recorre su cuerpo. La pesada respiración habitual bajo la máscara metálica no se escucha en absoluto. Con suma rapidez se acerca y palpa la mano real para revisar el pulso, sin tener la más mínima posibilidad de controlar el temblor en la suya. Nada. 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