Mucho se habla en estos días sobre los próceres mexicanos que gestaron la Independencia, la mayoría de ellos criollos, interesados en hacer de México un país independiente de la Nueva España. Sabemos que se reunían en Querétaro en casa de los Corregidores en reuniones donde la esposa del Corregidor disfrazaba de tertulias literarias y en las que aquellos independentistas planearon con exactitud cada uno de los pasos que seguirían para iniciar la contienda. Sabemos también que por razones ajenas a sus intenciones tuvieron que adelantarse y decidir dar el grito de Independencia en Dolores (Hidalgo). Lo que sigue es historia que todos conocemos.
Lo que tal vez muchos no sabemos es quiénes fueron esas personas, qué los movía y cómo llegaron a ese grupo. Sin duda, una de las personas claves del movimiento fue la famosa Corregidora de Querétaro. ¿Tú sabes que n realidad quién fue ella?
María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón de Domínguez, conocida como Josefa Ortiz de Domínguez, nació en 1788, de quien sabemos mucho y poco a la vez, todos jugamos a su sombra en la plaza con su escultura, el estadio mundialista y el auditorio llevan su nombre también. ¿Quién fue esta mujer que en un mundo de hombres escribió su nombre entre los personajes más ilustres de la historia de México?
Hija de un General Vasco y una mujer mestiza, fue siempre una niña de fuerte temperamento y carácter curioso y rebelde. Al quedar huérfana solicitó por sí misma su ingreso en el Colegio de las Vizcaínas en donde encontraría el conocimiento que anhelaba. Fue en la visita de uno de los benefactores del colegio, Don Miguel Dominguez, que esta niña tan especial se enamoraría perdidamente de este hombre viudo, padre de dos hijas, serio, culto, mucho mayor que ella y que a su vez quedaría prendado de su mirada altiva, su seguridad y su férreo carácter. Sin dudarlo pidió permiso para visitarla.
Ya casados se mudaron a vivir a Queretaro cuando él fue Corregidor y el pueblo por cariño la llamó “La Corregidora de Querétaro”. Conocida por su personalidad alegre, su patio lleno de pájaros, organizaba tertulias en su casa donde acudía la crema y nata de la intelectualidad de la época. Fue en esas reuniones donde se gestó la famosa conspiración independentista de Querétaro, conociendo que carácter explosivo al ser descubierto el movimiento el corregidor la encerró en cuarto del palacio de gobierno, lo que no le impidió a ella dar aviso al General Allende de la situación, dando taconazos en el piso mando el mensaje que iniciaría el movimiento independentista.
Después de esto Josefa fue recluido primero en el convento de Santa Clara y después en el de Santa Teresa, aislada e incomunicada permaneció 5 años que solo le sirvieron para reforzar sus ideales. Siempre apoyó el movimiento y jamás se rindió frente a ningún tipo de presión ni compromiso. Es por eso que hoy se le recuerda y honra de tantas maneras, por su importante desempeño, por su valor, por su espíritu libertador y feminista que fue sin duda determinante en la historia de México.
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