En tiempos donde la exposición en el mundo digital se mercantiliza, pero a la vez se convierte en una obsesión, el problema se potencia cuando es a los niños a quienes se les explota y utiliza como producto público y como instrumento de enriquecimiento. En la novela de la que habré de hablarte hoy se desarrolla este conflicto con claridad y belleza.
Desde que descubrí la novela basada en hechos reales, Delphine de Vigan se ha convertido en una de las autoras que sigo con mayor interés. No fue la excepción cuando me sumergí en Los reyes de la casa, publicada en 2022.
Esta novela cuenta la historia de Mélanie Claux, quien es una madre obsesionada con la visibilidad digital. Decide crear un canal familiar, que ella administra, donde el protagonista es su hijo Samuel, que se convierte en una estrella infantil.
El problema viene cuando el niño desaparece de manera repentina y detona con ello una trama policial centrada en su búsqueda. Sin embargo, la importancia del texto no reside en resolver el misterio de la ausencia de Samuel, sino en la forma en que la autora explora y denuncia la explotación infantil digital así como la oferta de la propia intimidad a cambio de audiencia. A partir de stories de Instagram, las que define como “momentos de la vida cotidiana que compartes con tu comunidad” (1), entras en la vida de las personas y compartes con ellas tu propia existencia.
La novela elabora profundizando sin moralizar, en línea que separa el amor materno y la necesidad de reconocimiento, explora los contrastes entre las necesidades de la infancia y el apetito insaciable de un público siempre ávido de saber más.
En la novela aparece también el personaje de Clara, la investigadora que permite al lector contrastar con eficacia los delirios de Mélanie en tanto madre e influencer obsesiva con una racionalidad muestra las consecuencias de la exposición mediática desmesurada, en el entendido de que cada segundo de lo que aparece en pantalla es tan sólo una versión edulcorada de la realidad, y cómo esta sobreexposición altera, no sólo la vida y personalidad de los niños de cara al futuro, sino también la vida familiar en su conjunto.
Como producto de la investigación, Clara explora distintas ideas acerca del caso: “Melanie Claux no era ni víctima ni verdugo, simplemente pertenecía a su época. Una época en que era normal que te grabaran incluso antes de nacer. ¿Cuántas ecografías se publicaban cada semana en Instagram o en Facebook? ¿Cuántas fotos de niños, de familias, cuántos selfies? ¿Y si la vida privada no fuese más que un concepto anticuado, obsoleto o, peor incluso, una ilusión?” (2). Y esta reflexión deriva en lo que considero una de las premisas de la novela: “¿De qué sirve esconderse si somos tan visibles? […] Melany era una mujer de su tiempo. Así de sencillo. Para existir, había que acumular visitas, likes y stories”.
Más allá de la exposición digital en lo general, la novela se centra en la explotación infantil con fines de lucro y fama en la era digital: esta modalidad de exposición en redes sociales crea, en el caso de la infancia, una nueva forma de trabajo no regulado, donde, además, la intimidad se convierte en producto y los niños termina por ser el contenido en sí.
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(1) De Vigan, Delphine, Los reyes de la casa, Primera Edición, España, Anagrama – Panorama de Narrativas, 2022, Pág. 72
(2) Íbidem P. 220
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